El rescate de los bonos

Las autoridades deben defender los derechos de los ciudadanos por encima de todo.

04 Mayo 2003
La expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree o piensa, define a la mentira. Su compañero preferido es el engaño, es decir, la falta de verdad en lo que se dice, hace, cree, piensa o discurre. A lo largo de la historia de la humanidad, esta pareja ha hecho camino al andar. Los dioses griegos eran expertos en perpetrar embustes entre ellos y con los hombres. Y la misma Biblia registra mentiras como las de Rebeca a su esposo para beneficiar a Jacob o la de Herodes, cuando les dice a los magos que desea adorar a Jesús. Los argentinos, y en particular, los tucumanos, pese a vivir en un país "joven", hemos construido una extensa senda curricular en materia de engaños. En las últimas décadas, nuestra clase gobernante se ha especializado en embaucar a su pueblo a través de frases o de promesas que, rara vez, se hacen realidad. Algunas de las más memorables fueron "el que apueste al dólar pierde"; "con la democracia se come, se educa y se cura"; "vamos a llegar hasta las últimas consecuencias"; "síganme, que no los voy a defraudar"; "habrá un salariazo para todos" y "vamos a acabar con la corrupción".
En todos los casos, la víctima siempre fue la sociedad. Así, por ejemplo, se recreó el corralito -que evocaba más salvajemente la confiscación de depósitos que hubo en la década del 90-, que estafó nuevamente a miles de argentinos. En nombre del poder económico, del mercado y del Fondo Monetario Internacional, se amputó el 13% de los haberes de jubilados y de estatales, y ahora se les reintegra ese dinero con bonos cobrables en 2008, probablemente cuando ya estén muertos o no estén en condiciones de disfrutar de esos pesos.
Tucumán, orgullo -y ahora vergüenza- del país, acosado por la empleomanía y su eterno déficit presupuestario, fue uno de los precursores en lanzar los Bocade. Ello ocurrió en 1985. Estos papeles pintados -llamados más elegantemente cuasimonedas- convivieron pacíficamente con los tucumanos, que sabían que era moneda de mentira, pero con la cual se podía vivir.
El Gobierno de Bussi había dejado una herencia a la sociedad de 50 millones de bonos. Por esas cosas de la necesidad, urgencia e incontinencia que padece la clase dirigente, el actual Gobierno elevó la cifra a los actuales 169 millones de papeles pintados e inundó la plaza financiera, haciendo casi desaparecer el dinero real. Eso provocó serios inconvenientes a los empresarios y a los comerciantes. El año pasado, los bonos comenzaron a devaluarse y brotaron como hongos las "cuevas", donde se oculta la usura. Y la víctima una vez más fue la comunidad.
Por presión del FMI, el Gobierno nacional propuso a las provincias el retiro de las cuasimonedas, pero no a su valor nominal -como indica la ley 5.728, de creación del Bocade-, sino a valor del mercado. El valor del título tucumano descendió aún más llegando a un desagio del 15%.
Ninguno de los que nunca pierden, quiere perder. Muchos comerciantes comenzaron a sobrevaluar la mercadería; las empresas de servicios tomaron sus recaudos recibiendo la mitad en bonos y hasta algunos colegios privados asumieron una actitud parecida. Sin embargo, el que siempre pierde es el ciudadano, que también es responsable porque no participa cívicamente y no obliga a sus representantes a gobernar en beneficio de todos y no a favor de intereses personales o sectoriales.
En la sesión del viernes, la Legislatura sancionó la ley por la cual la Provincia se adhiere al Plan de Unificación Monetaria. El rescate de los bonos se hará como dispone la Nación, es decir a valor de mercado y no en su valor nominal (uno a uno), como debe ser, según la ley provincial 5.728.
El Gobierno provincial rogará a continuación a la Nación que la verdad del engaño no sea tan dolorosa, es decir que la quita al canjear bonos por pesos sea la menor posible, cuando sencillamente debería proteger a todos los tucumanos, defendiendo la ley.
Sería auspicioso que ello sucediese porque, en caso contrario, seguiremos gobernados por "cuasidirigentes".

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