"El baile es un placer que hay que recuperar, pero el placer de bailar está dirigido al placer de vivir". La expresión pertenece a Oscar Aráiz, en relación con la celebración del Día Internacional de la Danza.
El maestro Aráiz regresó a Tucumán luego de más de 35 años de ausencia. Dirigirá la obra "Noche de ronda", que el Grupo de Danza Contemporánea de la Provincia estrenará a mediados de junio. Ayer tuvo su primer ensayo con los bailarines, a quienes instruyó sobre estiramientos y contracciones, creando figuras e imágenes. "No quiero que hagan ruido cuando salten o cuando caigan", recomendó. Luego de una agotadora jornada pudo conversar con LA GACETA.
Frescura sin modas
"No puedo trazar un panorama de la danza en el país, pero sí sé que me encuentro con más y mejores sorpresas afuera de la Capital; creo que hay que abrir el juego al interior, porque allí observo más frescura, un movimiento menos contaminado por las modas, las tendencias y los vicios", sostuvo el reconocido coreógrafo.
-¿Qué les pide a los bailarines?
-Disponibilidad, entrega, ritmo, cuestionamientos, asociación, disociación, coordinación e imaginación.
- ¿El bailarín contemporáneo tiene mayores exigencias que el clásico?
- Las exigencias son diferentes, no mayores. Creo que la danza es única; siempre fue teatro, y hasta una clase de danza es un hecho teatral. Creo que debe volverse al origen de la expresión teatral, cuando todo era un lenguaje unificado. Sucede que cuando se califica de danza-teatro es una clasificación peligrosa, porque se está etiquetando y, por tanto, limitando.
El maestro Aráiz regresó a Tucumán luego de más de 35 años de ausencia. Dirigirá la obra "Noche de ronda", que el Grupo de Danza Contemporánea de la Provincia estrenará a mediados de junio. Ayer tuvo su primer ensayo con los bailarines, a quienes instruyó sobre estiramientos y contracciones, creando figuras e imágenes. "No quiero que hagan ruido cuando salten o cuando caigan", recomendó. Luego de una agotadora jornada pudo conversar con LA GACETA.
Frescura sin modas
"No puedo trazar un panorama de la danza en el país, pero sí sé que me encuentro con más y mejores sorpresas afuera de la Capital; creo que hay que abrir el juego al interior, porque allí observo más frescura, un movimiento menos contaminado por las modas, las tendencias y los vicios", sostuvo el reconocido coreógrafo.
-¿Qué les pide a los bailarines?
-Disponibilidad, entrega, ritmo, cuestionamientos, asociación, disociación, coordinación e imaginación.
- ¿El bailarín contemporáneo tiene mayores exigencias que el clásico?
- Las exigencias son diferentes, no mayores. Creo que la danza es única; siempre fue teatro, y hasta una clase de danza es un hecho teatral. Creo que debe volverse al origen de la expresión teatral, cuando todo era un lenguaje unificado. Sucede que cuando se califica de danza-teatro es una clasificación peligrosa, porque se está etiquetando y, por tanto, limitando.
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