Advierten sobre juegos que no se deben llevar a la práctica

Una ONG alerta sobre el procedimiento de la asfixia autoinducida.

TENSA CALMA. La población enfrenta con inquietud los días de receso que vivirá el país hasta el próximo martes.
TENSA CALMA. La población enfrenta con inquietud los días de receso que vivirá el país hasta el próximo martes.
17 Junio 2010
Los numerosos casos de menores fallecidos tras episodios de asfixia autoinducidos -registrados como suicidios- movilizaron al grupo de ciudadanos estadounidenses que decidió fundar la ONG Games Adolescents Shouldn?t Play ("Juegos que los adolescentes no deben jugar", en español). La organización, que emplea el acrónimo GASP, surgió con un cometido muy preciso: combatir las prácticas de estrangulamiento que, desde mediados de la década de 1990, hace estragos entre los más chicos.

Una versión vernácula de ese juego es la hipótesis más firme de los agentes de la Policía, y funcionarios del Ministerio Público y la Justicia, que investigan los cuatro suicidios y la media cincuentena de intentos frustrados ocurridos en Rosario de la Frontera.

Los miembros de GASP son familiares de víctimas mortales de este juego, según consta en www.gaspinfo.com, el portal oficial de la institución (sólo disponible en inglés).

Los voluntarios tienen en común el factor de la ignorancia: la mayoría de ellos descubrió las características macabras de estos pasatiempos después de perder a un hijo o hermano. Recién entonces tomaron conciencia de que esta práctica autoinducida era más común de lo que pensaban.

Sin embargo, estaban a tiempo de prevenir futuros fallecimientos por medio de la educación de la población en riesgo y la divulgación de los datos que permiten identificar un fenómeno que, según GASP, acaba con la vida de entre 250 y 1.000 chicos estadounidenses cada año.

La ONG apunta específicamente contra una práctica que consiste en suspender el flujo sanguíneo de la cabeza con el objeto de experimentar una sensación de alucinación. Liberada la presión, la sangre bloqueada oxigena el cerebro con rapidez, produciendo un efecto placentero. La ONG afirma que, aún sin llegar a matar, esta actividad destruye miles de células nerviosas.

El procedimiento es normalmente divulgado de boca en boca o por medio de internet, y se presenta como alternativa lícita al consumo de estupefacientes y alcohol. "Los chicos suelen prenderse por adicción, porque es ?cool? y arriesgado, y porque no tienen conciencia ni sobre los daños que puede provocar ni sobre su propia fragilidad", denuncia GASP. La trampa es presentar la asfixia como una situación que se puede controlar.

El silencio alienta al monstruo. La ONG estadounidense considera que faltan datos para luchar contra este juego: "muchos se oponen a informar sobre él porque creen que, de esa forma, se enseña a jugarlo. Pero la realidad es que muchos chicos ya conocen este peligroso entretenimiento y están totalmente indefensos".

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