Adriana Aizenberg: "la emoción no se provoca, sucede"
La reconocida actriz le dijo a LA GACETA que el escenario es como la vida. "Uno no sabe lo que le va a pasar, y por eso hay que dejar que suceda y sorprenderse por cada situación nueva", destacó. Está en Tucumán presentando la obra "El misterio de dar", que se verá hoy a las 21 en la sala Caviglia.
06 Junio 2010 Seguir en 
Dueña de una larga y exitosa trayectoria en el teatro, el cine y la televisión, Adriana Aizenberg regresó a los escenarios con la pieza "El misterio de dar" (hoy a las 21 en la sala Caviglia, San Martín 251), de Griselda Gambaro. La actriz trabajó en recordadas películas como "La Raulito", "Plata dulce" y, más recientemente, en "El abrazo partido" y "Mundo grúa". En la TV hizo numerosos unitarios con Antonio Gasalla, y en su historia teatral intervino en "Las pequeñas patriotas", "Familia de artistas", "La señorita de Tacna" y "Venecia".
La actriz conversó extensamente con LA GACETA y en todo momento destacó el placer que le provoca todo lo que hace. Y afirmó: "el escenario es como la vida, uno no sabe lo que le va a pasar, y por eso hay que dejar que suceda y sorprenderse por cada situación nueva".
- ¿Cómo se aplica eso a esta obra? ¿Cuáles son las características de la pieza?
- Es un misterio para esta señora por qué tiene que dar. Pero un día entrega un dinero exiguo, que es la pensión que recibe, en un acto que le provoca un conflicto. Entonces, el dar lo vive como una aventura, porque hace 30 años no tiene la aventura de vivir cosas diferentes. Ella vivirá el placer de dar y quedarse con monedas, sin considerar que le quedaba muy poco para llegar a fin de mes, y eso le provoca una gran alegría y satisfacción. Es misterioso el dar y el no dar, de eso trata la obra.
-¿Cómo fue su trabajo en este unipersonal?
- Te aclaro que es un monólogo, que no es lo mismo que un unipersonal. En este último, uno puede interactuar con el público, pero en el monólogo no; aquí no hay diálogo con el público, sino que converso con objetos, con un piano, los zapatos y con un marido muerto. Hacer este personaje es bravo, pero placentero; creo que logro transmitir al público lo que siento. Durante la obra recorro muchos estados diferentes: desde el humor, la gracia y la risa, el dolor, la pérdida, el desasosiego; el personaje hace un recorrido interno que es muy interesante.
- ¿Qué técnica utilizó para componer el personaje?
- Fui transitando el texto sin modificarlo, puesto que Griselda Gambaro es muy rigurosa al respecto, y fui viendo los distintos estados. Tuve mucha libertad de parte de la directora (Laura Yusem) y trabajé con la memoria sensorial, que te trae recuerdos más concretos e inmediatos, porque la memoria emotiva no te particulariza el momento. Lo sensorial es fundamental en mi trabajo, y para ello hace falta un muy buen estado de salud, tener la voz en excelente estado, porque cada palabra tiene su significado en el texto.
-Ensaya diariamente; ¿cómo se prepara?
- Mirá, para subir al escenario no te tiene que doler nada. Me cuido mucho, hago ejercicios de concentración, repaso el texto todos los días; hago estiramiento de músculos, porque si no tu cuerpo está trabado y eso se transmite al espectador. Si una está tensa, hasta no te sale la voz clara sino apretada, por ejemplo. Soy muy trabajadora y llego al escenario dos horas antes para todo eso. Termino bárbara después de cada función, un poco cansada, pero con mucho placer.
- ¿Busca emocionar al público?
- La emoción no se provoca, la emoción sucede; si uno la logra, es que logré "pasar las candilejas", que es como decir que se llegó al espectador. Cuando un actor está tenso y problematizado su trabajo carece de fluidez, y al espectador le sucede lo mismo. Cuando tiene fluidez, el espectador se sienta a disfrutar con lo que sucede, y eso es lo que me pone muy contenta.
La actriz conversó extensamente con LA GACETA y en todo momento destacó el placer que le provoca todo lo que hace. Y afirmó: "el escenario es como la vida, uno no sabe lo que le va a pasar, y por eso hay que dejar que suceda y sorprenderse por cada situación nueva".
- ¿Cómo se aplica eso a esta obra? ¿Cuáles son las características de la pieza?
- Es un misterio para esta señora por qué tiene que dar. Pero un día entrega un dinero exiguo, que es la pensión que recibe, en un acto que le provoca un conflicto. Entonces, el dar lo vive como una aventura, porque hace 30 años no tiene la aventura de vivir cosas diferentes. Ella vivirá el placer de dar y quedarse con monedas, sin considerar que le quedaba muy poco para llegar a fin de mes, y eso le provoca una gran alegría y satisfacción. Es misterioso el dar y el no dar, de eso trata la obra.
-¿Cómo fue su trabajo en este unipersonal?
- Te aclaro que es un monólogo, que no es lo mismo que un unipersonal. En este último, uno puede interactuar con el público, pero en el monólogo no; aquí no hay diálogo con el público, sino que converso con objetos, con un piano, los zapatos y con un marido muerto. Hacer este personaje es bravo, pero placentero; creo que logro transmitir al público lo que siento. Durante la obra recorro muchos estados diferentes: desde el humor, la gracia y la risa, el dolor, la pérdida, el desasosiego; el personaje hace un recorrido interno que es muy interesante.
- ¿Qué técnica utilizó para componer el personaje?
- Fui transitando el texto sin modificarlo, puesto que Griselda Gambaro es muy rigurosa al respecto, y fui viendo los distintos estados. Tuve mucha libertad de parte de la directora (Laura Yusem) y trabajé con la memoria sensorial, que te trae recuerdos más concretos e inmediatos, porque la memoria emotiva no te particulariza el momento. Lo sensorial es fundamental en mi trabajo, y para ello hace falta un muy buen estado de salud, tener la voz en excelente estado, porque cada palabra tiene su significado en el texto.
-Ensaya diariamente; ¿cómo se prepara?
- Mirá, para subir al escenario no te tiene que doler nada. Me cuido mucho, hago ejercicios de concentración, repaso el texto todos los días; hago estiramiento de músculos, porque si no tu cuerpo está trabado y eso se transmite al espectador. Si una está tensa, hasta no te sale la voz clara sino apretada, por ejemplo. Soy muy trabajadora y llego al escenario dos horas antes para todo eso. Termino bárbara después de cada función, un poco cansada, pero con mucho placer.
- ¿Busca emocionar al público?
- La emoción no se provoca, la emoción sucede; si uno la logra, es que logré "pasar las candilejas", que es como decir que se llegó al espectador. Cuando un actor está tenso y problematizado su trabajo carece de fluidez, y al espectador le sucede lo mismo. Cuando tiene fluidez, el espectador se sienta a disfrutar con lo que sucede, y eso es lo que me pone muy contenta.
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