"Defiendo la libertad de mi cliente, no la verdad"

El letrado aclara las razones que podrían hacerlo desechar un caso.

Con el tiempo, Marcelo Brito se fue convirtiendo, dentro y fuera de Córdoba, en el abogado de personalidades públicas muy cuestionadas, como ex gobernadores, funcionarios o jueces sometidos a procesos de destitución. Por eso, aclara cuál es su límite: "únicamente no defiendo aquellos asuntos que implican un conflicto de conciencia moral".

-¿Qué ocurre o qué siente cuando un amigo o familiar le reprochan: ?cómo hacés para defender a este o a aquel otro??

-En contra de una cultura fascista, que presenta al abogado -porque así lo dicen las leyes de ejercicio profesional en la mayor parte del país- como auxiliar de la Justicia, sostengo que esa idea es propia de la época de la Inquisición. Los abogados no formamos parte del sistema de administración de Justicia. Para eso está el Estado a través de sus instituciones: el Poder Judicial o la tarea de prevención que efectúa la Policía. Mientras el Estado busca la verdad y la realización de la justicia, el imputado, que debe vérsela con todo el aparato estatal, sólo atiende a su libertad, a eso que es natural: la defensa de lo que caracteriza al ser humano en su libre albedrío: el estado de libertad. Además, está el principio de inocencia, consagrado y reconocido internacionalmente, que es consecuente con que no se atiende a la verdad esencialmente. Una persona se reputa inocente mientras no sea declarada culpable por una sentencia firme. Entonces, más allá de ciertas actitudes, propias de las creencias que circulan cotidianamente, los abogados no somos parte propiamente (de la Justicia) y, si bien no participamos de los hechos delictivos, sólo defendemos a personas que privilegian su estado de libertad por sobre la verdad.

-¿A priori no establece una línea en virtud de la cual determina: ?a los imputados por ciertos delitos no los defenderé??

-Cuando se trata de hechos de abuso infantil, eso me genera una reacción, pero siempre escucho. Hace algunos años atendí a un señor de más de 50 años, de vida intachable en lo personal y en lo familiar que, según tres menores de edad, habían sido abusadas por él. Trabajamos sobre las pericias psiquiátricas y psicológicas, y demostramos que no había nada en la estructura de la personalidad de mi cliente que indicara proclividad respecto de esos delitos. Por el contrario: las pericias demostraron lo que es característico, según los autores que estudian con seriedad la prueba testimonial: hay que ser cautos en la valoración de qué dicen los niños. ¡Cuántas veces nuestros propios hijos nos mienten y cuántas confunden la realidad con la fantasía! Eso sin contar la influencia de factores exógenos, como los conflictos familiares, separaciones y divorcios. Entonces, más allá de lo emocional, escucho, y luego, siempre bajo la reserva que me corresponde como abogado por imperio de la ley, decido.

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