La madre vendía empanadas en Jujuy

Nunca olvida la humildad de sus orígenes.

Cuando terminaba la entrevista, LA GACETA consultó a Marcelo Brito -en broma- cuál empanada prefería: ¿la tucumana o la salteña? La pregunta sirvió para una anécdota. "Mi madre (Sara), que tiene 90 años y es tucumana, vendía comida en El Piquete (Jujuy), donde vivíamos, porque mi papá trabajaba en el ingenio La Merced, que cerró en 1953. Ella preparaba tamales, empanadas y humitas. Aún suele decirme: ?¡con las empanadas te pagamos los estudios, no lo olvides!?", recuerda.

Todo el tiempo Brito se refiere a sus orígenes humildes. "Cuando vi que 200.000 personas marchaban detrás de (Juan Carlos) Blumberg para pedir la reforma penal, me dije: ?en un país de 40 millones de habitantes, ¿qué pensarán los otros 39,8 millones?? Muchos de la clase social a la que con orgullo pertenecí no están preocupados por ir a la plaza a pedir que aumenten las penas. Tienen otras inquietudes", argumenta.

Brito también se sabe personaje. Su forma de hablar, entre campechana e irónica, delata su sentido de la escenificación, clave para las audiencias penales orales. De hecho, su gran hobby es recitar y luce con orgullo dos programas de actos patrios (de cuando iba a tercer y cuarto grado en Jujuy), donde figuran sus monólogos.

Todavía conserva cartas que le enviaba Ricardo Núñez, el maestro cordobés del Derecho Penal, a quien Brito considera un sabio. "El viejo me reprochaba porque yo andaba con los tomos de Sebastián Soler" (el otro gran penalista de la época), se ríe.

Brito siempre vuelve a su punto de partida en la vida. "Cuando estuve al lado de mi primer gran maestro, Severo Caballero, se hizo realidad lo que mi padre, prácticamente un analfabeto, me enseñó: ?la genialidad es un mínimo de inspiración y, fundamentalmente, transpiración?... Si él no me hubiera puesto en un colegio interno (en San Salvador de Jujuy), a partir del sabio consejo de una maestra tucumana (Ernestina Estábile), yo aún viviría en mi pueblo, El Piquete, tal vez con ese vivir grisáceo de quien no conoce los fines de la vida o, peor, en un club, tomando o jugando a las cartas".

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