Pasaron media hora atados a merced de varios delincuentes

Una pareja y sus dos hijos fueron sorprendidos durante la madrugada en su vivienda. Los asaltantes sabían que el dueño de casa tenía dinero destinado a su comercio. No les pegaron, pero los aterrorizaron. Video.

PREOCUPADOS. Estela Asmed (foto) y su esposo, Roberto Pepe, piensan mudarse por lo que les sucedió. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
PREOCUPADOS. Estela Asmed (foto) y su esposo, Roberto Pepe, piensan mudarse por lo que les sucedió. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
18 Mayo 2010
Roberto Pepe escuchó un ruido en su casa, se levantó de la cama y fue a ver qué ocurría. Disgustado, descubrió que sus dos caniches habían tumbado unas maderas, quizás inquietos por la fría madrugada. Acomodó todo y regresó a su cama, junto a su esposa, Estela Asmed. Minutos después, cerca de las 4, otra vez sintió el estruendo. Se estaba preparando para componer una nueva travesura de sus perritos cuando escuchó el grito de pavor de su hija. No bien salió del cuarto, comprendió que ahora la situación era mucho más grave: un desconocido le apuntaba con un revólver. "¡Dame la plata ahora mismo!", le ordenó el delincuente.

Roberto, su esposa y sus dos hijos pasaron una madrugada de terror. Durante casi media hora, estuvieron maniatados en un dormitorio, mientras los asaltantes revolvían su casa, ubicada en el barrio Belgrano de Banda del Río Salí. "Eran cuatro o cinco hombres armados", recordó Estela.

Ella se despertó cuando su hija gritó. Pero no escuchó cuando los ladrones violentaron la puerta de entrada. Aparentemente, utilizaron una barreta para romper la cerradura. Las rejas de las ventanas y del portón, en este caso, no disuadieron a los delincuentes. Los investigadores sospechan que no se trató de un robo al azar: aparentemente, sabían que Roberto debía hacer unos pagos relacionados con un comercio que tiene en la provincia de Santiago del Estero.

A la hora del atraco, una llovizna fría había convertido en barro el ripio de la calle Martín Fierro al 200. Sin embargo, los investigadores no lograron encontrar huellas de vehículos allí. Aún no se sabe en qué se movilizaban.

Poleras y pasamontañas
"Uno estaba con la cara descubierta, y los otros usaban poleras altas o pasamontañas. Se les veían los ojos, únicamente", narró la dueña de casa.

Aunque actuaron de forma violenta, los delincuentes no golpearon a los integrantes de la familia Pepe. "Nos metieron en un dormitorio con mi hijo de 16 años y mi hija de 24. Amenazaban con matarlos si no les dábamos plata y joyas. Mi marido, en el acto, les dijo dónde estaba su maletín, que tenía el único dinero que había acá. Pero ellos no se conformaban con eso. Entonces, yo tuve que decirles que dieran vuelta la casa si querían, pero que no nos hicieran nada", contó afligida Estela.

Las cuatro víctimas fueron atadas con cables, cintas y pañuelos. Estuvieron así casi media hora.

Cuando los caniches se callaron, Roberto advirtió que los delincuentes se habían ido. "Mi hijo fue el primero que se desató y nos ayudó a nosotros", dijo Asmed. Lo primero que hicieron fue llamar a la Policía. Luego, se pusieron a revisar si faltaban otros bienes, y descubrieron que los ladrones solamente se habían llevado el dinero. "Los vecinos no escucharon nada, y eso que los perros ladran muy fuerte", remarcó Estela.

Un antecedente
Roberto había sufrido dos asaltos cuando se dedicaba al rubro agrícola. El comerciante no descarta que este ataque esté vinculado con aquella actividad. "Me retiré de ese negocio por la inseguridad. Pero quizás alguien creyó que todavía seguía trabajando en eso. Hace tiempo que no quiero saber nada con el manejo de dinero", dijo preocupado el dueño de casa.

Personal de la Brigada Este, a cargo de los comisarios Jorge Racedo, Ricardo Ledesma y Sergio Nieto comenzó a trabajar en el caso, que está en manos de la fiscala Adriana Reinoso Cuello. Los investigadores les tomaron declaración a las víctimas y realizaron varias pericias. Aún no hay pistas sobre los autores del atraco.

Mientras tanto, la familia Pepe ya piensa en irse del barrio. Más allá de los casi $ 6.500 que les robaron, aseguran que fue una madrugada para el olvido. "Los tenían encañonados a mis hijos. Ha sido terrible, la verdad", sentenció Estela.

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