Llega a Tucumán el ambicioso fresco histórico del cineasta Martin Scorsese que busca los orígenes de la democracia estadounidense moderna en los sangrientos enfrentamientos entre pandillas étnicas en la Nueva York de mediados del siglo XIX, durante los años previos a la Guerra de Secesión.
Inspirándose libremente en el libro homónimo escrito por Herbert Asbury en 1928, Scorsese reubica sus temas habituales -familia, lealtad, sacrificio, violencia- en la historia de un joven inmigrante irlandés (Leonardo DiCaprio) que quiere vengar la muerte de su padre a manos del sangriento carnicero Bill, líder de los neoyorquinos nativos, interpretado por Daniel Day Lewis. En el medio de ambos se cruzan (como no podía ser de otra forma) una mujer (la bella Cameron Díaz), y una perversa relación paternalista que no puede sino culminar en tragedia. Mientras tanto, como telón de fondo de la historia, se despliega una Nueva York racista, intolerante y discriminatoria, mirada crítica que a la luz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 cobra aún más sentido. El director trató de realizar este proyecto durante 25 años y cuando finalmente logró rodarlo lo hizo de proporciones monumentales, en una Nueva York reconstruida en los estudios romanos de Cinecittá y con la presencia de renombrados actores.
Su estreno mundial estaba previsto para finales de 2001, pero problemas vinculados al corte final y a la duración del filme demoraron su estreno.
La Academia de Hollywood le otorgó diez nominaciones al Oscar -Mejor película, Mejor Director y Mejor actor protagónico (Day-Lewis), entre otras-, pero no ganó ninguna estatuilla.
Inspirándose libremente en el libro homónimo escrito por Herbert Asbury en 1928, Scorsese reubica sus temas habituales -familia, lealtad, sacrificio, violencia- en la historia de un joven inmigrante irlandés (Leonardo DiCaprio) que quiere vengar la muerte de su padre a manos del sangriento carnicero Bill, líder de los neoyorquinos nativos, interpretado por Daniel Day Lewis. En el medio de ambos se cruzan (como no podía ser de otra forma) una mujer (la bella Cameron Díaz), y una perversa relación paternalista que no puede sino culminar en tragedia. Mientras tanto, como telón de fondo de la historia, se despliega una Nueva York racista, intolerante y discriminatoria, mirada crítica que a la luz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 cobra aún más sentido. El director trató de realizar este proyecto durante 25 años y cuando finalmente logró rodarlo lo hizo de proporciones monumentales, en una Nueva York reconstruida en los estudios romanos de Cinecittá y con la presencia de renombrados actores.
Su estreno mundial estaba previsto para finales de 2001, pero problemas vinculados al corte final y a la duración del filme demoraron su estreno.
La Academia de Hollywood le otorgó diez nominaciones al Oscar -Mejor película, Mejor Director y Mejor actor protagónico (Day-Lewis), entre otras-, pero no ganó ninguna estatuilla.
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