La debacle educativa

La negación de una realidad difícil no sirve para superarla.

13 Abril 2003
Engañar, adulterar, mentir, falsificar, ocultar, justificar, disfrazar, camuflar, "truchar" son verbos que se han hecho moneda corriente -Bocade, en el caso de Tucumán- en nuestra idiosincrasia. Estos verbos reflejan la tendencia a negar o a acomodar la verdad o la realidad para no sentir culpa o para eludir la responsabilidad. En consecuencia, cuando se niega la realidad y no se asumen los problemas, no puede haber cambios positivos, sino un retroceso. Y el asunto es peor aún si lo que se sigue negando es un retroceso más que evidente.
Hace pocos días, el Ministerio de Educación de la Nación respondió que el desempeño de nuestros alumnos no era tan malo, cuando se difundieron los resultados del estudio internacional Pirls que evalúa con un examen la capacidad lectora de los alumnos de 4º grado de 35 países. La Argentina ocupó el trigésimo primer lugar, "venciendo" a Irán, Kuwait, Marruecos y Belice.
Participaron de esta justa 150 escuelas públicas y privadas argentinas (seis alumnos por cada una de ellas). Los dos primeros puestos fueron ocupados por Suecia y Holanda. Fiel a nuestra tradición, el Ministerio trató de amortiguar la vergüenza explicando que era la primera vez que la Argentina participaba en un certamen internacional y se sometía a "reglas de juego transparentes" y que las preguntas contenían textos que reflejaban realidades más cercanas a Europa. Esto, sin embargo, contradiría la digna posición que ocuparon Nueva Zelanda (13º), Singapur (15º) y Hong Kong (17º).
Según el rector de la Universidad de Buenos Aires, estos resultados son también el reflejo del desinterés por la lectura que ha ganado terreno en las escuelas y en las familias. "Hoy, la premisa es pasarla lo mejor posible, amortiguar la exigencia y no traumatizar al alumno. Falta en el aula el ingrediente reflexivo, el pensamiento", sostiene Guillermo Jaim Etcheverry.
Mientras los chicos holandeses tienen 1.000 horas de clase -la jornada escolar tiene 120 minutos más por día que en nuestro país-, los argentinos sólo reciben 765 horas. Eso, sin contar el aluvión de paros que atormenta a niños y a padres tucumanos desde hace más de un lustro.El Ministerio de Educación de Tucumán acaba de revelar que en el año 2002 quedaron de grado casi 8.000 niños de un total cercano a los 200.000, entre el 1º y el 7º grado; 858 abandonaron los estudios primarios y 12.000 repitieron el año. Aparte de la baja calidad educativa, de las sistemáticas huelgas, de la ausencia de una política coherente en el área que apunte también a la dignificación del docente, influyen notablemente en nuestra provincia la desocupación, la pobreza y la miseria de miles de hogares, cuyos hijos van a la escuela principalmente para poder comer.
Esta realidad no es nueva y se ha ido profundizando dramáticamente, sin que la clase gobernante de las últimas décadas haya hecho algo para revertir esta tragedia de la ignorancia que nos carcome diariamente. Por eso no extraña, pero sí alarma, que en la plataforma de la mayoría de los candidatos a conducir los destinos del país y de la provincia la educación sea una palabra olvidada. Esta indolencia, esta irresponsabilidad total quizás se deban a que ya nos hemos acostumbrado a que ciudadanos iletrados -que no han concluido ni siquiera los estudios primarios y que carecen de preparación- o punteros políticos alcancen importantes puestos en los espacios de poder, adonde han llegado por su "cintura política".
Mientras nuestros candidatos sigan prometiendo como prioridad en su gestión de gobierno "salariazos", "bolsonazos", "trabajazos", "limosnazos" y no "educacionazos" o "culturazos", seguiremos eludiendo la realidad, y la ignorancia y el atraso terminarán por conquistarnos.
Creer que los últimos serán los primeros, por lo menos en materia educativa, es intentar tapar el sol con las manos.

Tamaño texto
Comentarios