O bobos, o vivos

Los funcionarios actúan siempre igual y no escarmientan.

12 Abril 2003
Por Roberto Delgado

¿Por qué los políticos insisten sobre las mismas prácticas frente a una realidad social que los desborda? ¿No aprendieron nada Julio Miranda y José Alberto Cúneo Vergés (y la mayoría de los que tienen responsabilidades en la Provincia y los municipios) del incendio que padecieron con la desnutrición?
Parece que no. Los padecimientos de la gente de Alderetes para conseguir leche en el dispensario son la última muestra de una serie de realidades que permanecían ocultas y que salieron suavemente a la luz, para mostrar qué está pasando después de toda la hecatombe. Hace dos semanas cundió la amenaza de cierre de comedores escolares del interior, por falta de dinero para comprar comida. Ahora se trata del cierre de los comedores comunitarios de Chicligasta porque no llega la plata de los planes nacionales. Hace 15 días Cúneo Vergés dijo que daba plazo de un día a intendentes y a comisionados comunales para que terminaran de armar los listados de gente que necesita ayuda. Hace tres días volvió a quejarse de que no habían hecho los listados. Y comisionados e intendentes siguen muy campantes.El responsable de los planes nacionales, Miguel Fernández, reconoció que hay atraso en los planes y anunció un acuerdo con el área de Desarrollo Social de la Nación para regularizar los envíos de dinero y "aumentar" lo que corresponde a cada niño, a modo de compensación. Pero no sabe cuándo estará vigente el convenio, supuestamente firmado en marzo. Cree que desde el próximo lunes. Mientras tanto, los chicos no comen porque los comedores están cerrados. Sería interesante saber cuánto tiempo podrían aguantar los responsables de estos planes sin comer, o comiendo salteado, antes de empezar a desnutrirse.
La alarma fue lanzada por el director del hospital de Niños, Lorenzo Marcos, y por los pasantes de Medicina, cuando advirtieron que el Operativo Rescate, con todos los beneficios que trajo, no está llegando a fondo. Se sigue atendiendo a unos 30 chicos desnutridos por semana en el hospital, y el 70 % de las familias de estas criaturas no tiene beneficios, a pesar de que hay 100.000 planes de ayuda en la provincia. Lo advierten los pediatras, quienes se alarman ante la cifra de mortalidad infantil (25,4 %, la más alta del Noroeste).
Ya no se está descubriendo una realidad a partir del espanto producido por las muertes de niños. Se empieza a advertir que las mismas conductas se repiten y que producirán los mismos efectos. Los responsables responden automáticamente; si no pueden esquivar el bulto ponen la cara ante la crítica y siguen adelante como si nada pasara. El intendente de Alderetes, Aldo Salomón, atravesó un gran escándalo en marzo de 2002 por los manejos supuestamente irregulares en la distribución de los planes sociales, y ahora, un año después, no sabe cuánta gente va a los dispensarios a hacer colas durante la noche para pelearse a la mañana por un kilo de leche, y ni siquiera sabe cuántos dispensarios tiene su municipio, precisamente en el lugar que ha sido el corazón del Operativo Rescate.
Hay dos explicaciones para que esto ocurra: o son inoperantes, ignorantes y mal preparados, y sólo pueden hacer las cosas de una sola manera, que es la que conduce al fracaso; o esto es parte de una manera de actuar y de entender la política, una estrategia que les sirve para ir moviendo las cosas sin cambiarlas, sin modificar la realidad de la gente. Para ello se mueven con el aparato político y con sus punteros, tal como lo hacen desde hace cuatro décadas.
Los pobres siguen siendo pobres, necesitados y dependientes, y los funcionarios, más allá de su preparación, se mueven como peces en el agua en ese sistema. Los políticos se parecen a los comejenes que, a pesar de que ven que la luz los quema, insisten en acercarse a ella. Pueden salir chamuscados, pero nunca terminan de quemarse del todo.

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