12 Abril 2003 Seguir en 
En el siglo XIX los medios más adelantados de transporte colectivo eran la carreta y la diligencia. Tal vez como el tiempo parecía más lento en esa época, los pasajeros soportaban con estoicismo los viajes de una ciudad a otra. En el siglo XX se produjeron enormes avances en los medios de comunicación, la ciencia y la tecnología hicieron la vida más confortable en muchos sentidos y el empleo del tiempo se convirtió en vital para el hombre moderno.
Ya en el siglo XXI, Tucumán, que tuvo su época de esplendor hace ya unas décadas, comenzó a retroceder bruscamente en la civilización. El servicio de transporte público interurbano, por ejemplo, se ha convertido en un martirio cotidiano para los tucumanos. En Tafí Viejo, la "Capital del Limón", la vida se les ha vuelto agria a quienes deben usar el colectivo diariamente: horarios que no se cumplen, unidades viejas que se quedan a mitad de camino, asientos y pisos inmundos. A estas desdichas se suma la creciente ola de asaltos, la insuficiente acción policial y la dejadez municipal en materia de mantenimiento de los servicios públicos, especialmente en los barrios periféricos de esa ciudad.
Esta situación se mantiene desde hace ya tiempo, pero, al parecer, no llama la atención de las autoridades que deberían estar pensando en forma permanente en dar soluciones a los problemas ciudadanos, aunque seguramente ellas no se movilizan en ómnibus. Tal vez esto se deba a que muchos de estos representantes siguen mentalmente en el siglo XIX y consideran que los taficeños deben viajar en diligencias.
Ya en el siglo XXI, Tucumán, que tuvo su época de esplendor hace ya unas décadas, comenzó a retroceder bruscamente en la civilización. El servicio de transporte público interurbano, por ejemplo, se ha convertido en un martirio cotidiano para los tucumanos. En Tafí Viejo, la "Capital del Limón", la vida se les ha vuelto agria a quienes deben usar el colectivo diariamente: horarios que no se cumplen, unidades viejas que se quedan a mitad de camino, asientos y pisos inmundos. A estas desdichas se suma la creciente ola de asaltos, la insuficiente acción policial y la dejadez municipal en materia de mantenimiento de los servicios públicos, especialmente en los barrios periféricos de esa ciudad.
Esta situación se mantiene desde hace ya tiempo, pero, al parecer, no llama la atención de las autoridades que deberían estar pensando en forma permanente en dar soluciones a los problemas ciudadanos, aunque seguramente ellas no se movilizan en ómnibus. Tal vez esto se deba a que muchos de estos representantes siguen mentalmente en el siglo XIX y consideran que los taficeños deben viajar en diligencias.







