El destino del esfuerzo económico

Las opiniones favorables de los organismos internacionales son un incentivo para seguir.

12 Abril 2003
Por vez primera desde que comenzó la crisis con el colapso de la economía argentina, en los organismos internacionales de crédito se han escuchado durante los recientes días declaraciones de reconocimiento del esfuerzo realizado por el país para superar la situación. Por su parte, el director general del Fondo Monetario Internacional, Horst Köhler, ha llegado a manifestar que la crisis ya pasó y que "la Argentina claramente se ha estabilizado, debiendo por ello elogiarse al Gobierno, si bien la situación es todavía frágil". Juicios parecidos se han recogido en el Banco Mundial, a la vez que el informe del FMI sobre la marcha de la economía en el mundo ha dedicado algunos párrafos del mismo carácter a la presente situación de nuestro país.
Por su parte, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, ha presentado en la asamblea de primavera del organismo un resumen puntual sobre los resultados económicos en los sectores fundamentales, donde los datos relacionados con el crecimiento están indicando que se han dejado atrás las instancias más críticas, cuyas secuelas sociales de desocupación y pobreza aún perduran, con una perspectiva de lenta recuperación. En este punto bien vale subrayar la opinión del titular del Fondo Monetario cuando afirma que "una de las inconsistencias de las reformas latinoamericanas fue no prestar demasiada atención a la enorme desigualdad de ingresos, que creó un campo de cultivo para la inestabilidad social y política".
La reseñada posición actual de los organismos multilaterales contradice los sombríos pronósticos -especialmente del FMI- que habían anticipado para la economía argentina, a la que se vaticinó un colapso sin precedentes y con muy difícil superación, superior a lo acontecido en el pasado siglo en cualquier otra parte del mundo, excluyendo las zonas conflictivas. Tan tremendista pronóstico corrió por cuenta, nada menos, del director del Departamento de Investigaciones del Fondo Monetario, Kenneth Rogoff, quien ahora ha debido revisarlo, aunque con reservas sobre la estabilidad del rumbo positivo. La Argentina y México, de acuerdo con las perspectivas analizadas, serán los países al sur del Río Grande con mayor crecimiento durante al año en curso, pero esa apreciación surgida de la realidad de seis meses de índices en tal dirección, deberá analizarse desde la sombra del oscuro pozo donde arrancan. No cabe duda, y así ha sido señalado en esta ocasión, que la clave del estimulante panorama ha sido la firmeza con que el Gobierno provisional ha respaldado la gestión de la economía, donde el severo control del gasto y la resistencia a la recurrente cultura inflacionaria constituyen pautas indeclinables.
Si bien el Gobierno provisional no ha resuelto algunos problemas trascendentes que eran de su incumbencia y deberán pasar por ello a su sucesor, cierto es que entregará el testimonio con una situación económica que, sin ser de las mejores, está muy lejos de configurar el cuadro fatídico que la mayoría de los pronósticos vaticinaban. Si ese panorama es satisfactorio, en la medida que muestra un horizonte sin oscuros presagios, no es menos cierto que implica una provisoriedad de la que deberán hacerse responsables las futuras autoridades de la Nación, administrando su economía a partir de la situación recibida y sin dejar de tener en cuenta las ineludibles lecciones del pasado; es decir que políticamente nada positivo es perdurable si no se asienta sobre bases sólidas y realistas.
Tan obvio principio asume en la economía un rango superior, cuyo repetido desprecio integra las grandes causas de la progresiva decadencia argentina frente a las naciones prósperas, entre las que figuró durante el primer tercio del siglo XX.

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