El arte y el violín como herencia familiar

A los ocho años Macías tomó su primer instrumento y desde entonces no lo abandonó. Un camino que viene desde su abuela y que siguen sus hijos.

14 Marzo 2010
Al entrar en la casa de Marcelo Macías, miembro de la Orquesta sinfónica de la UNT y también de la Orquesta Estable de la Provincia, se siente el arte en el aire. Será por los instrumentos musicales dispersos por todos lados; o por las paredes pintadas en parte por Silvia, su esposa, y por otra, por sus hijos. O quizás simplemente por el brillo en los ojos de cualquier miembro de la familia cuando habla de alguna rama del arte.

"Empecé a tocar el violín a los ocho años. Mi abuela, que fue fundadora de las dos orquestas, fue una de mis profesoras", explica Macías dejando en claro que la pasión le vino como herencia. "A mi mujer la conocí cuando le daba clases de violín, que no duraron mucho porque al poco tiempo empezamos a salir", agrega con una sonrisa. "Y los chicos tocan. Lucas el piano, Anahí la batería y Nachito tiene ahí su guitarra. Ya están listos para la banda de rock", dice entre risas. Como si fuera poco, Macías está terminando su segundo libro, una novela. "Si a uno le gusta lo que hace, lo tiene que mostrar", sintetiza orgulloso.

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