Nadie cumple y todos pierden en la noche

12 Marzo 2010
Uno, dos, tres... comienza el show. Pero no en Tucumán. En esta provincia, el conteo puede llegar a las cuatro cifras y la espera es interminable. Los horarios anunciados no se cumplen, salvo escasas y honrosas excepciones.
La noche tucumana es corta por ley, y mucho más por la mala costumbre de confiar en el incumplimiento ajeno. "Dicen a las 22... vamos a las 2", podría ser el análisis del público. O, "digamos que es las 22, para empezar a la 1", el de los músicos u organizadores.
Este hábito no conoce de géneros ni generaciones. Sólo los conciertos sinfónicos, unos pocos de otros estilos que se realizan en teatros, y algunos shows de nivel nacional o internacional de rock o música romántica latina, por ejemplo, suelen ser un poco más puntuales. Pero no siempre.
La falta de respeto es de ida y vuelta. El público no responde a lo establecido, y los artistas, organizadores o productores no se ponen firmes en su intención. Así, hay festivales en los que grupos se quedan sin tocar, o deben hacerlo a las apuradas y a medias. Entonces, quien pagó la entrada se quejará. Aunque haya llegado tarde y demorado así el comienzo del recital.
Esto, además, atenta contra la siempre esperada y muy solicitada cobertura periodística de los espectáculos, ante la imposibilidad de que un periodista y fotógrafo/camarógrafo aguarde durante horas que actúe el grupo central de la noche.  
Así será difícil pensar en que el mercado, la movida, el circuito o como quiera llamársele, crezca y se consolide. En esa ecuación pierden todos, y muchos se cansan de contar y de que no empiece el show. Seguramente lo pensarán mejor antes de decidir volver.

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