BUENOS AIRES.- La capital de la República acaba de sumarse a la serie desconcertante de embrollos preelectorales que socavan la confianza de la ciudadanía en la renovación de los medios y sujetos políticos. El distrito federal, donde el fraccionamiento de los grandes partidos ha sido tendencia creciente desde la restauración constitucional, ofrece ahora el confuso conflicto suscitado entre el alcalde porteño, Aníbal Ibarra, y la jueza electoral María Servini de Cubría. La magistrada ha suspendido las elecciones convocadas por aquél -con ocho meses de anticipación a la renovación del cargo-, invocando precipitación y recibiendo en respuesta su descalificación por Ibarra, que, en virtual rebeldía, ha ratificado la fecha del 8 de junio. Si la ciudad de Buenos Aires es la imagen inmediata de la condición del país, puede suponerse rápidamente el significado que esa muestra de frivolidad política representa. El gobierno nacional está procurando mantener distancia de la inesperada crisis porteña, que el alcalde ha llegado a comparar con la de Catamarca para desacreditar a la jueza, pero difícilmente lo consiga, si se observa que días antes del conflicto había tenido una larga reunión con el presidente Duhalde.
A contrapelo
Los economistas que secundan a Carlos Menem en la campaña están dando especial relieve a su gira por Washington, donde han presentado propuestas económicas en el Fondo Monetario, el Banco Mundial y departamentos del gobierno. El viaje informativo fue precedido por una investigación en los medios empresarios porteños, así como por sondeos de opinión sobre cómo sería recibido entre el electorado, mientras se observa un extendido antinorteamericanismo por causa de la guerra en Irak. Menem es el único candidato que practica una política de acercamiento con Estados Unidos y de fluidas relaciones con los organismos bilaterales, pues ni siquiera Ricardo López Murphy, quien postula con franqueza la economía liberal, se anima a sostenerla. Al ex presidense se lo castiga por ello desde el oficialismo, invocando su alianza con EE.UU en la guerra del golfo de 1991, aunque pasando por alto que aquél fue un conflicto cuya responsabilidad política correspondió a las Naciones Unidas.
El sorprendente juicio de La Habana que ha dispuesto elevadas penas para una decena de disidentes con el régimen castrista, precisamente cuando se aguarda una nueva votación internacional sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, habría consolidado la posición del canciller Carlos Ruckauf frente a las dudas de Duhalde ante la presión de su candidato presidencial, partidario de la abstención. Así se considera en la Cancillería después de que el jefe del gobierno manifestara en Madrid que en Cuba se tiene una concepción diferente a la nuestra, y que es muy difícil defender un sistema donde no hay libertades para expresarse, entrar y salir, como en nuestro país. ?Son los derechos políticos y civiles, -remató Duhalde- como dijimos el año pasado, donde debe ponerse énfasis?. (De nuestra Sucursal)







