El tablero político provincial experimentó modificaciones entre el martes y ayer. Algunas de ellas, en rigor, no sorprendieron porque se venían gestando en un ambiente de reserva que, sin embargo, dejaba resquicios como para que se filtraran detalles.
Ese modo de operar no es novedoso en el mundo de la política porque permite mantener expectante a la opinión pública y a las fuerzas hostiles. La renuncia de Esteban Jerez a la Fiscalía Anticorrupción para incorporarse al pelotón de candidatos a gobernador genera un reacomodamiento de piezas.
El elenco opositor al mirandismo se dispersaba hasta ahora en dos opciones: Ricardo Bussi-Roberto Lix Klett (FR) y Osvaldo Cirnigliaro (Frente Anticorrupción). El candidato a vicegobernador de este es una incógnita, al igual que el de Jerez. De esta manera, la oferta antigubernamental se diversifica más.
Los mirandistas operan para ensanchar el esquema de alianzas extrapartidarias que apoye al binomio José Alperovich-Fernando Juri, con el paraguas del Frente Fundacional (FF) que se usó en 1999 y en 2001.
Existen, sin embargo, algunos indicios que hacen suponer que el cuadro no es inmutable. La elección presidencial convocada para dentro de 17 días es un hito a tener en cuenta, ya que el peronismo aporta tres de los principales competidores a la sucesión de Eduardo Duhalde (Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá).
El efecto cascada del pronunciamiento electoral del 27 podría sentirse con mayor intensidad en el binomio del FF. La repercusión de ese hecho afectaría en menor medida a Jerez y a Cirnigliaro, quienes encarnan proyectos que aparecen despegados de los avatares de la política nacional.
A Jerez, de todos modos, no le será fácil insertarse en la vida política. Su entrada en la liza quitará automáticamente espacios a los otros actores de la oposición. De estos se espera que lo castiguen, tal vez, con más ferocidad que al oficialista Alperovich.
Los embates resultarán ineficaces si se articula una coalición sólida que dé credibilidad al lanzamiento de un debutante en la política como es Jerez. Este arranca con cero de desgaste en ese ámbito extremadamente competitivo, por lo que se intensificarán las acciones enderezadas a erosionarlo.
Como parte de las reubicaciones de dirigentes, uno de los más tenaces enemigos de Jerez terminó en la alianza oficialista del Frente Fundacional. Jorge Lobo Aragón ató su destino político a la fórmula Alperovich-Juri, al buscar su elección como intendente de Yerba Buena. De la mano de Julio Miranda había llegado a la intervención de esa ciudad el 20 de mayo de 2000, tras su pelea con Raúl Topa. Los dos venían de romper amarras con Fuerza Republicana.
Y en los últimos meses no se había cansado de declarar que podía llegar a un arreglo con el PJ o con el bussismo por la intendencia de esta capital.En FR descontaban que Lobo Aragón acabaría replegándose sobre Yerba Buena si el ex gobernador Antonio Bussi se postulaba para esa función en San Miguel de Tucumán. "No se atreverá a enfrentar a Bussi", afirmaban cerca del diputado Ricardo Bussi. La profecía fue finalmente certera.
El partido provincial que fundó Lobo Aragón (Voluntad Objetiva de Servicio) entró en una crisis de difícil salida, como consecuencia de la investigación penal que emprendió la Justicia Electoral Nacional.
La encerrona era, pues, política y jurídica. El único atajo que tenía para salir del paso era acordar con el mirandismo. La vuelta de Lobo Aragón al pago crea otro escenario en el peronismo de la capital.
10 Abril 2003 Seguir en 
Por Carlos Abrehu







