Los jóvenes y el voto

La falta de compromiso y de participación ha crecido a niveles alarmantes.

10 Abril 2003
La apatía es la impasibilidad del ánimo, la dejadez, la indolencia, la falta de vigor o energía. Los antiguos griegos usaban esta palabra para expresar la ausencia de pasión, de sentimiento, de emoción. Ese estado de desinterés por las desgracias sociales y económicas y por los problemas diarios que le acontecen a esta sociedad, se ha apoderado de la mayoría de los argentinos en los últimos años y se refleja en la ausencia de compromiso y de participación.
Las razones son diversas. Ese arte de lo posible, como criollamente se define a la política, ha sufrido un notable desprestigio y a menudo se asocia a la mayoría de quienes la practican con la corrupción. Los motivos sobran. Basta recordar los centenares de casos de supuestos sobornos y latrocinios en las altas esferas del poder que nunca dieron a luz en el seno de la Justicia para justificar quizás esta apatía. Pero la palabra política también significa actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. De manera que la política no es propiedad de quienes nos representan sino de cada ciudadano.
Un reciente relevamiento realizado por nuestro diario mostró que, a escasos días para las elecciones en las que se elegirán Presidente de la Nación y legisladores nacionales, existe un alarmante desinterés entre los jóvenes tucumanos por los comicios y un desconocimiento -en algunos casos- de quiénes son los candidatos, así como de sus propuestas.
La ausencia de horizontes laborales y de un futuro decente en un país y en una provincia, donde llegan a lugares de decisión no los más capaces ni los mejor preparados, sino los más hábiles y pícaros políticamente; una sociedad donde no se premia el esfuerzo y en la cual un puntero político puede llegar a ser concejal, legislador u ocupar otros cargos más encumbrados, no son buenos ejemplos para que los jóvenes se involucren en la vida pública ni para evitar que deseen cada vez con mayor fuerza irse de un país que no les brinda oportunidades para vivir con dignidad.
Precisamente, por esas razones es importante que la juventud tome conciencia de la importancia de que su voto puede contribuir a cambiar el rumbo de una nación que navega a la deriva, mucho más si se tiene en cuenta que el 27 de abril sufragará por primera vez en el país más de un millón de jóvenes.
Más allá del interés de los partidos políticos por ganar adeptos, los jóvenes deben interesarse por informarse respecto de quiénes son los candidatos (tanto nacionales como locales), así como de sus propuestas; analizarlas y recordar o preguntar a los mayores cuáles de ellos -como aspirantes al poder en comicios anteriores- han incumplido sus promesas electorales. También deben considerar si los candidatos a legisladores nacionales por Tucumán poseen condiciones intelectuales y éticas, y que hayan demostrado anteriormente vocación de servicio.
El voto "bronca", como resultado de la desilusión, del descreimiento de la clase dirigente, expresado en las últimas elecciones, ha sido inútil porque no ha servido para cambiar el destino de los argentinos y ha beneficiado una vez más a quienes están atornillados al poder desde hace más de dos décadas.A través del voto inteligente, los jóvenes debutantes tienen la posibilidad de desterrar esta apatía que agobia sus sueños y deseos. Es una oportunidad para elegir una clase gobernante más argentina, más tucumana, que no permanezca ciega ni indolente ante los ojos del desencanto, de la frustración, de la impotencia, de la desesperanza de miles de jóvenes que aún no pueden encontrar un lugar digno bajo el sol en esta fecunda tierra.

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