01 Marzo 2010 Seguir en 
CONCEPCION, Chile.- El peor terremoto de mi vida me despertó con el llanto de mi esposa y la perra muerta de miedo escondida debajo de las sabanas. Me levanté como pude, a los tumbos, mientras mi departamento en Santiago aun se remecía y sentí en el suelo algo espeso, como arena. Era el enduido que se había desprendido del techo.
Dejé a mi esposa en casa de unos amigos y partí en mi auto a Concepción, una de las ciudades más devastadas por el terremoto, sin saber si habría allí algo en pie porque el sismo la había dejado aislada. El panorama ya era desolador en Santiago, con puentes caídos, caminos cortados, incendios, camiones dentro de grietas y otros volcados. Tenía que ir manejando despacito y pasar entre grieta y grieta con la precisión de un cirujano. Vimos morir a la gente en el camino.
Al llegar a Concepción, había gente acampando junto a la ruta y otra que me ofrecía cualquier dinero por llevarlos a algún pueblo cercano a buscar a su familia. Otras deambulaban perdidas, como fantasmas, con sus niños pequeños en brazos y en un carrito frazadas o alimentos. Edificios en el piso, casas destruidas. En una estación de servicio tuve el acierto de comprar un paquete de manzanas. Es todo lo que tengo para comer. Es mi tesoro mas preciado.
Dejé a mi esposa en casa de unos amigos y partí en mi auto a Concepción, una de las ciudades más devastadas por el terremoto, sin saber si habría allí algo en pie porque el sismo la había dejado aislada. El panorama ya era desolador en Santiago, con puentes caídos, caminos cortados, incendios, camiones dentro de grietas y otros volcados. Tenía que ir manejando despacito y pasar entre grieta y grieta con la precisión de un cirujano. Vimos morir a la gente en el camino.
Al llegar a Concepción, había gente acampando junto a la ruta y otra que me ofrecía cualquier dinero por llevarlos a algún pueblo cercano a buscar a su familia. Otras deambulaban perdidas, como fantasmas, con sus niños pequeños en brazos y en un carrito frazadas o alimentos. Edificios en el piso, casas destruidas. En una estación de servicio tuve el acierto de comprar un paquete de manzanas. Es todo lo que tengo para comer. Es mi tesoro mas preciado.










