Un charco legendario

El complicado transitar por las calles céntricas de San Miguel de Tucumán.

09 Abril 2003
Podría pensarse que es alguna pequeña sucursal del lago San Miguel; tal vez una trampa para soñadores o para que, quienes van rumbo al Registro Civil a casarse, sufran un resbalón inesperado que les haga postergar la dicha.
Lo cierto es que en la acera sur de 24 de Septiembre al 800, a pocos metros de la calle Ayacucho, existe un charco legendario que ocupa el escaso ancho de la destruida vereda. Para poder atravesarlo hay dos opciones: intentar un salto -a veces con resultados desdichados- o descender a la calle por donde circula una gran cantidad de vehículos, con el riesgo de que los amables conductores tucumanos lo atropellen.
Casi al llegar a la esquina la acera se hace muy angosta, a causa de una obra en construcción de vieja data. El peatón entonces debe improvisarse de equilibrista de circo por el cordón. A la misma altura y por la vereda norte, la situación no cambia demasiado.
Por la antigüedad de este molesto charco ciudadano, en una zona de mucho movimiento en horario comercial, se deduce que los funcionarios municipales no son peatones y que están lejos de cumplir con su deber de castigar a los frentistas, de acuerdo con las ordenanzas en vigencia.

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