La vergonzosa muerte de niños

La desnutrición posicionó a Tucumán en un sitial lamentable

08 Abril 2003
La miseria, la indiferencia y la muerte parecen haberse quedado a vivir por un buen tiempo en tierras tucumanas. A fines de noviembre pasado, las muertes de niños por desnutrición posicionaron a Tucumán en un sitial vergonzoso y las imágenes del dolor recorrieron una buena parte del mundo. De países europeos y de los Estados Unidos llegaron periodistas que, luego de recorrer las villas de emergencia y pueblos del interior, donde la miseria y la desocupación hacen estragos, se fueron sin entender muy bien por qué en una tierra privilegiada por la naturaleza la indigencia reina y la clase dirigente carece de vergüenza y de capacidad para dar soluciones a problemas básicos de una sociedad. Este cuadro despertó la solidaridad internacional y desde distintos puntos del planeta llegaron masivamente donaciones de insumos y de alimentos.
Fiel a esa manía argentina de echarle la culpa al otro de las desgracias que nos acontecen, el gobernador -como si él nada tuviera que ver- responsabilizó en esa oportunidad a un ex dictador que, hace poco más de tres décadas, decretó el cierre de once ingenios, empujando a miles de tucumanos a la miseria. Las muertes de los chicos, que comenzaron a sucederse en forma alarmante hasta llegar a 20, desnudaron la eterna falta de planes en materia de salud y mostraron nuevamente un sistema sanitario que hace agua por todos lados, y cuyo costado rescatable se debe al tesón de los médicos y paramédicos de hospitales y CAPS que apelan a su imaginación para contrarrestar la falta de un presupuesto digno y de insumos que el Estado debería proveer.
El Gobierno nacional, que también eludió la parte de responsabilidad que le compete, inició entonces un Operativo Rescate que se recostó una vez más en el asistencialismo, de acuerdo con los magros resultados logrados hasta el momento.
Acosado por el bochorno, el Poder Ejecutivo ordenó recién entonces al Siprosa que hiciera un relevamiento de desnutridos en la provincia. La cifra cosechada en el censo ascendió a 20.537 casos de menores de 14 años. Se verificó que en el Gran San Miguel de Tucumán había en febrero pasado 8.281 casos; en el sur de la provincia, 5.367; en el área este, que incluye la Banda del Río Salí, 4.097; y en la zona oeste, 2.792. Se detectaron 123 niños, menores de 6 años, con el cuadro más grave de desnutrición (grado tres), y 79 casos de chicos de hasta 14 años, con problemas neurológicos.
La esposa del presidente de la Nación, que comanda el Operativo Rescate, denunció que existen personas que coimean a otras a cambio de asignarles subsidios o planes sociales. Sin embargo, el Gobierno local fue muy poco lo que hizo para investigar estos casos y transparentar el manejo de estos fondos millonarios.
En cualquier sociedad que posea una clase dirigente sensible, capaz y que esté al servicio del pueblo, ya se habría hecho una convocatoria amplia a los especialistas para estudiar los problemas y diseñar una política sanitaria coherente y duradera en el tiempo, como ocurrió hace 32 años en Neuquén, cuando la pediatra y sanitarista tucumana Elsa Moreno, designada recientemente "Heroína de la Salud Pública de las Américas" por la Organización Mundial de la Salud, diseñó un plan que se mantiene a lo largo de las décadas y le permitió a esa provincia bajar los índices de mortalidad infantil.
El fallecimiento de un niño de 11 meses en Rumi Punco, departamento La Cocha, ha reactualizado el dolor y la vergüenza. Pero da la impresión de que la muerte de nuestros niños sigue sigue provocando la indiferencia nuestra clase política, preocupada en cómo atarse al poder en los próximos comicios. Tal vez el Operativo Rescate debería estar orientado a liberar a los tucumanos de la mayoría de sus representantes.

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