El caos y la nada

La Ley de lemas, síntoma del gatopardismo.

07 Abril 2003
Por Alvaro José Aurane

La hipótesis es tan real que asusta. Si, por ejemplo, en Bella Vista se presentan 50 sublemas de concejales para los comicios del 29 de junio, como cada uno deberá tener 15 postulantes, habrá 750 candidatos a ediles en una ciudad donde votan 7.500 personas.
Desde el absurdo, puede decirse que si cada aspirante a una de las 10 bancas consigue 10 votos (una meta menos que básica) todos saldrán empatados. En los hechos, ganarán quienes tengan las familias más numerosas. Con el esquema planteado, va a haber concejales electos con 150 votos. La tragedia verdadera, aquí, radica en que la realidad supera esta ficción. Hoy, en Bella Vista, están organizándose y haciendo campaña 90 sublemas.
Uno de los mayores riesgos para una democracia es parecer una democracia y no serlo. Y la Ley de Lemas volverá a dejar en evidencia que el sistema de gobierno tucumano está enfermo de gatopardismo.
En los municipios, células básicas de las democracias, van a cambiar los nombres de las autoridades para que todo siga igual. Este sistema electoral en tela de juicio se encargó de que la "renovación" sea el desembarco de quienes no buscaban ser líderes sino que sólo buscaban trabajo. Concejales sin pasado para administrar ciudades que se quedaron sin futuro. En la volteada, los políticos y los vecinos que sí querían hacer política pagaron los platos rotos de quienes sólo pretendían hacer negocios. Con la Legislatura no fue distinto.
Con los sublemas de legisladores quedó en evidencia la mentira original de esta norma. Nació con la excusa de acabar el monopolio de las autoridades partidarias en el armado de la lista única. Todo aquel que fuera buen candidato, gracias a esta ley, tendría oportunidad de ser electo. Hoy, la Ley de Lemas es la garantía de que quien no cuente con la bendición de una estructura difícilmente se consagrará.
Como, además, sólo hay fiscales de mesa por lema, los comicios parecen condenados a ser el preludio de la sospecha. Para rematar, en la administración mirandista, "patria" parece que significa "bolsón".
Para el menesteroso es menester sobrevivir, pero aquí, para ningún gobernante fue prioritario gobernar. Las urnas dirán si la opinión pública, que en las encuestas condena a este gobierno con más de un 80% de imagen negativa, podrá más que la opinión del hambre, en la provincia donde el 70% de la población vive bajo la línea de pobreza.
Los sectores enfrentados al oficialismo, sin el paraguas de las administraciones estatales, llevan las de perder. Y el drama, justamente, es que fue la oposición la que hizo nacer a la Ley de Lemas en Tucumán. En la reforma constitucional de 1990, la UCR la pergeñó y FR la admitió para cargos legislativos.
La degradación fue sistemática. Los concejos deliberantes avalaron que los municipios terminaran endeudándose en más de $ 250 millones. Las composiciones legislativas no se opusieron a que la deuda pública provincial acaricie los $ 3.000 millones.
Contrariamente, la teoría postula que la sucesión generacional fortalece las democracias. Las primeras generaciones ponen el acento en las instituciones de la república; las segundas, en las políticas sociales; las terceras en las calidades de los dirigentes... En Tucumán, los dos tercios de la actual Legislatura están sospechados de haber recibido coimas del Gobierno para habilitar la reforma constitucional.
Los griegos, quienes designaron a lo que debiera ser el gobierno del pueblo con el nombre que hoy se conoce, usaban una misma palabra para referirse al caos y al vacío. Dicho de otro modo, cuando se acuñaba la palabra "democracia", el terror a la nada no era distinto del pavor al sin sentido.

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