07 Abril 2003 Seguir en 
Las dos ochavas del norte de la intersección Laprida y San Juan carecen de veredas desde tiempo inmemorial. Como frentistas, en una de ellas se encuentra inconcluso desde hace años el edificio que se construía, y en la otra hay un baldío. Además, sobre Laprida, en la acera del este, esa ausencia de vereda se prolonga hasta casi la mitad de cuadra; porque no puede llamarse acera a una superficie de cemento llena de agujeros e irregularidades, que conspira contra el paso seguro del transeúnte.
Hemos consignado estas enojosas situaciones en varias oportunidades, y también suelen mentarlas con frecuencia las cartas de lectores. Por ello mismo, llama poderosamente la atención que la autoridad municipal no intervenga, constriñendo a los propietarios frentistas a cumplir la elemental obligación de mantener regularizado el sector de vía pública que les compete.
Es necesario repetir, una vez más, que las aceras defectuosas no constituyen en absoluto un tema menor. Para el peatón, representan el riesgo de una caída, que a las personas mayores les puede significar, lisa y llanamente, una fractura con consecuencias mortales a breve plazo.
Hemos consignado estas enojosas situaciones en varias oportunidades, y también suelen mentarlas con frecuencia las cartas de lectores. Por ello mismo, llama poderosamente la atención que la autoridad municipal no intervenga, constriñendo a los propietarios frentistas a cumplir la elemental obligación de mantener regularizado el sector de vía pública que les compete.
Es necesario repetir, una vez más, que las aceras defectuosas no constituyen en absoluto un tema menor. Para el peatón, representan el riesgo de una caída, que a las personas mayores les puede significar, lisa y llanamente, una fractura con consecuencias mortales a breve plazo.







