No se debe desperdiciar el talento

Punto de vista. Por María Belén Sosa - Periodista.

07 Febrero 2010
El cielo tucumano vio nacer a muchísimos valores de la cultura popular. Pero sobre todo vio a músicos. A un tucumano, en un asado afuera de las fronteras, se lo distingue porque sabe tocar y cantar zambas, vidalas, gatos, chacareras, cuecas, carnavalitos, chayas y bagualas. Porque Tucumán está atravesado por todos esos ritmos, los conoce, sabe crear sobre ellos e interpretarlos. Sin embargo, el ámbito folclore parece no darse cuenta.
Parece impensable que en esta ciudad no exista un espacio en donde puedan confluir todos los folcloristas tucumanos, en donde las mezquindades queden afuera y se construya en pos de la música popular. Pero lo más impensable es que los artistas tampoco lo busquen.
La desunión de este ámbito no es una novedad. Y no hay culpables externos en el asunto. No vale la pena culpar a funcionarios, ni a productores ni a las comisiones organizadoras de festivales si los artistas no quieren pelear por el espacio de sus compañeros.
El folclore, tanto como el rock y el tango, son géneros que se sostuvieron gracias a la mística: eso de "reflejar a través del arte la voz del pueblo". La música popular no puede existir si el artista popular no piensa su arte en términos de aportes.
El año pasado, el folclore perdió muchos referentes: Suma Paz, Sixto Palavecino, Eduardo Lagos, Patricio Jiménez, Mercedes Sosa, por nombrar sólo algunos. ¿Qué quedó de ellos sino el aporte a la música popular? Estos artistas fueron un eslabón en la construcción de un folclore que hoy es reconocido y valorado por todo el mundo. Dejaron su vida convencidos de que la música folclórica era una herramienta de libertad para el pueblo. Estará siendo entonces la hora de que los artistas se miren a los ojos y se pregunten si quieren sacarse en serio el folclore que tienen dentro y compartirlo, para trazar un camino de unión y compromiso real con sus raíces. Si no, los artistas tucumanos estarán condenados a permanecer siempre fuera, y el talento, así como las oportunidades no debe desperdiciarse. La Pachamama será la primera en reclamarlo.

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