El folclore tucumano quiere superar la discordia
La unidad no es una virtud que abunde en nuestra provincia. Pero su ausencia suele ser particularmete visible entre los artistas, sobre todo, cuando representan a Tucumán fronteras afuera. Eso es lo que sucedió en la última edición del Festival de Cosquín, donde los folcloristas locales actuaron aisladamente y a veces, enfrentados.
07 Febrero 2010 Seguir en 
"Evidentemente algo está pasando para que a pesar de ser una de las provincias más ricas en materia artística, no podamos traspasar las fronteras de Tucumán", analiza la joven cantante Noelia Scalora.
Lo dice seriamente y con fuerza, a pesar de ser ella misma una de las excepciones. En el festival de Cosquín, por ejemplo, fue finalista de la competencia de espectáculos callejeros, en la que los tucumanos de Mity Myti lograron una mención especial.
"Hay que hacer un mea culpa, ya que gran parte de la responsabilidad puede ser de nosotros mismos; no supimos defender nuestro arte y nuestro trabajo porque no lo supimos respetar ni hacer respetar, porque no nos jugamos a salir de Tucumán y pasearlo por el país, como lo hicieron aquellos grandes artistas a costa de grandes sacrificios", señala Diego Molina, integrante de Taa Huayras.
Este grupo fue parte de la movida de 12 conjuntos y solistas que hicieron peñas durante 2009 y consiguieron apoyo del Ente Cultural para viajar nuevamente a Cosquín este año. En una conferencia de prensa, le mostraron al país lo que se está produciendo en nuestra provincia.
Diferencias
Molina, no obstante, carga también las tintas sobre la aparente ausencia de una política de fomento de la producción cultural y sobre los viejos referentes de nuestro folclore, que "no pasaron la posta".
El tucumano Coqui Sosa, que se instaló nuevamente en la provincia tras haber residido 28 años en Buenos Aires, considera que falta más apoyo para los artistas, además de unidad entre ellos. "Tucumán nunca tuvo un resguardo y una valoración enorme a nuestros artistas. Desde mi tía Mercedes Sosa, que tuvo que buscar su lugar en Mendoza, hasta los actuales artistas, siempre estuvo ese olvido y desmerecimiento por ser 'locales, de aquí'... los que vemos cotidianamente", explica.
Esta fue la tercera ocasión en que artistas tucumanos se organizan para asistir a Cosquín, y aunque el grupo fue transformándose por problemas internos, de alguna manera hay satisfacción porque se logró convertir en hábito este viaje, que a ellos les resulta muy provechoso por la difusión que logran allí.
Pero las diferencias entre los músicos parece atentar contra el objetivo final, que es mostrar la producción local en su conjunto.
Además de este grupo que se movió organizadamente -aunque allí cada conjunto aprovechó como pudo el hecho de estar en la meca del folclore- hubo alrededor de 15 artistas más que fueron de manera independiente, por su cuenta.
"Fuimos con un bolso chiquito, y al final nos pudimos quedar seis días. Tocamos en cinco peñas y se nos abrieron un montón de puertas", dice satisfecha María Cecilia Soledad Cabrera, cantante de Luces de Tucumán.
"Fue un arduo trabajo; comenzábamos a caminar a las 9 de la mañana y no parábamos hasta la medianoche en busca de espacios para tocar", cuenta la joven.
Scalora, en tanto, cree que el gran problema del folclore tucumano es la falta de unidad real entre los artistas. "La mayoría de nosotros la pelea solo... Los tucumanos, artistas o no, tenemos que aprender a apoyarnos unos a otros sin desmerecer a nadie, sin mezquindades ni recelos", dice.
"Estoy seguro de que hay artistas de sobra, y de los buenos, pero quizás lo positivo es generar un espacio de encuentro y debate, de promover leyes de protección o de estimulo a los artistas tucumanos, de abrir espacios nuevos", puntualiza Coqui.
Lo dice seriamente y con fuerza, a pesar de ser ella misma una de las excepciones. En el festival de Cosquín, por ejemplo, fue finalista de la competencia de espectáculos callejeros, en la que los tucumanos de Mity Myti lograron una mención especial.
"Hay que hacer un mea culpa, ya que gran parte de la responsabilidad puede ser de nosotros mismos; no supimos defender nuestro arte y nuestro trabajo porque no lo supimos respetar ni hacer respetar, porque no nos jugamos a salir de Tucumán y pasearlo por el país, como lo hicieron aquellos grandes artistas a costa de grandes sacrificios", señala Diego Molina, integrante de Taa Huayras.
Este grupo fue parte de la movida de 12 conjuntos y solistas que hicieron peñas durante 2009 y consiguieron apoyo del Ente Cultural para viajar nuevamente a Cosquín este año. En una conferencia de prensa, le mostraron al país lo que se está produciendo en nuestra provincia.
Diferencias
Molina, no obstante, carga también las tintas sobre la aparente ausencia de una política de fomento de la producción cultural y sobre los viejos referentes de nuestro folclore, que "no pasaron la posta".
El tucumano Coqui Sosa, que se instaló nuevamente en la provincia tras haber residido 28 años en Buenos Aires, considera que falta más apoyo para los artistas, además de unidad entre ellos. "Tucumán nunca tuvo un resguardo y una valoración enorme a nuestros artistas. Desde mi tía Mercedes Sosa, que tuvo que buscar su lugar en Mendoza, hasta los actuales artistas, siempre estuvo ese olvido y desmerecimiento por ser 'locales, de aquí'... los que vemos cotidianamente", explica.
Esta fue la tercera ocasión en que artistas tucumanos se organizan para asistir a Cosquín, y aunque el grupo fue transformándose por problemas internos, de alguna manera hay satisfacción porque se logró convertir en hábito este viaje, que a ellos les resulta muy provechoso por la difusión que logran allí.
Pero las diferencias entre los músicos parece atentar contra el objetivo final, que es mostrar la producción local en su conjunto.
Además de este grupo que se movió organizadamente -aunque allí cada conjunto aprovechó como pudo el hecho de estar en la meca del folclore- hubo alrededor de 15 artistas más que fueron de manera independiente, por su cuenta.
"Fuimos con un bolso chiquito, y al final nos pudimos quedar seis días. Tocamos en cinco peñas y se nos abrieron un montón de puertas", dice satisfecha María Cecilia Soledad Cabrera, cantante de Luces de Tucumán.
"Fue un arduo trabajo; comenzábamos a caminar a las 9 de la mañana y no parábamos hasta la medianoche en busca de espacios para tocar", cuenta la joven.
Scalora, en tanto, cree que el gran problema del folclore tucumano es la falta de unidad real entre los artistas. "La mayoría de nosotros la pelea solo... Los tucumanos, artistas o no, tenemos que aprender a apoyarnos unos a otros sin desmerecer a nadie, sin mezquindades ni recelos", dice.
"Estoy seguro de que hay artistas de sobra, y de los buenos, pero quizás lo positivo es generar un espacio de encuentro y debate, de promover leyes de protección o de estimulo a los artistas tucumanos, de abrir espacios nuevos", puntualiza Coqui.
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