Tradicionalmente, en los partidos políticos tucumanos primó el personalismo. Dos claros ejemplos lo constituyen Antonio Bussi en Fuerza Republicana y Julio Miranda en el Partido Justicialista. Los partidos, en definitiva, son los árboles de los que se esperan frutos para toda la sociedad. Pero el escenario actual, previo a un año plagado de elecciones, marca que las raíces no son tan fuertes; las ramas terminan por desprenderse y, así, se emancipan peleando espacios gravitantes en la vida institucional.
En el PJ, el debate se asienta en la fortaleza que tengan los padrinos en los comicios nacionales. Miranda y sus acólitos creen que Néstor Kirchner les asegurará paz social y una política de dádivas millonarias, traducida en ayuda financiera y en obras públicas, para terminar decorosamente la actual administración. Pero el gobernador choca frente a los menemistas, que cada vez son más, que aún no saben cómo pelearle al titular del PE el bastón de mando partidario. Piensan que, después del 27 de abril, Miranda se debilitará rotundamente si es que Carlos Menem se impone en las elecciones y en primera vuelta. Esos efectos llegarían, además, al candidato oficial a gobernador, el ex radical José Alperovich.
Miranda aparece cada vez más en público al lado de Kirchner, mientras que el vicegobernador Sisto Terán se constituye en uno de los principales oradores de los mítines menemistas. Algunos estiman que Terán eligió luchar por una banca legislativa para tener la posibilidad de, en el futuro, ser parte del gabinete del riojano.
Distintas vertientes
La historia dice que FR se nutrió de dirigentes de distintas vertientes. Si bien FR se mantiene como una alternativa antagónica con el justicialismo provincial (no con Menem), no causa sorpresa que en su cuadro dirigencial se produzcan deserciones constantes, precisamente por el ramillete de ideologías que aglutinó en sus casi 15 años de trayectoria y por el personalismo que le impuso el general retirado a FR. En la UCR no se advierte una clara estrategia para afrontar los comicios nacionales ni los provinciales. Los radicales cargan sobre sus espaldas el triste paso de Fernando de la Rúa en la presidencia de la Nación.
La nueva movida
Esteban Jerez conjuga el descontento contra los partidos tradicionales porque es una figura politizada, pero no política. Es decir, representa el sentimiento generalizado de la sociedad, pero en su foja de servicio no posee militancia partidaria conocida. Esa es una forma de representativad que fue aprovechada por algunos encumbrados dirigentes con la conformación de los frentes electorales. También dio la oportunidad a que entidades intermedias traten de volcarse a la política argumentando la desnaturalización de los partidos que no canalizaron las necesidades de la población. Ese sería la estructura en la que se asentaría la candidatura del fiscal anticorrupción a gobernador. Jerez, sin embargo, habría puesto un condicionante para dar el gran salto: que su compañero de fórmula no haya sido investigado por la Justicia. Eso también alcanzaría a referentes que tengan "padrinazgos" con aquellos que están siendo indagados.
La catarata de críticas entrecruzadas entre los dirigentes tucumanos vaticinan que las elecciones de este año se convertirán en una dura guerra electoral. Nadie garantiza que la arena elegida sea lo netamente institucional. Lo malo sería que la disputa por los cargos termine en el terreno personal. "Golpes bajos", como les gusta decir a los dirigentes políticos. El 29 de junio, con el voto ciudadano, se sabrá si es que los árboles seguirán de pie, o si las ramas terminarán por florecer y germinará una nueva semilla en el derruido Jardín de la República.







