BUENOS AIRES.- Conforme se acerca una fecha electoral decisiva, la cotización del dólar se está convirtiendo en un valioso barómetro de la realidad nacional. Mientras una visión economicista observa con pesimismo la baja del signo monetario referencial, desde el punto de vista político el hecho evidencia, si no optimismo, por lo menos confianza en que los resultados del comicio no romperán la barrera de la prudencia. Si no fuese así, no podría explicarse por qué los contratos a futuro en la pizarra cambiaria quedaron entre 2,98 y 3,01 para fin de abril al finalizar la jornada cambiaria del martes, es decir, tres días después de las urnas de primera vuelta. Para fines de mayo, después de la eventual segunda compulsa electoral, ese ascenso tan sólo fue de tres centavos. Entretanto, el movimiento de depósitos bancarios a plazo fijo está siguiendo su tendencia creciente, quedando a la espera de qué harán los ahorristas bloqueados en el corralón que opten por la liberación limitada que les ofrece el gobierno. Esas evidencias, más otras simultáneas alentadas por informes oficiales y privados positivos acerca de la recaudación tributaria y el incremento en las importaciones de insumos industriales, desalientan la fiebre generalizada del dólar que ataca ahora a los exportadores.
Moderación Otra realidad es la forma con que dichos resultados están contribuyendo a reducir los extremismos que algunos candidatos presidenciales habían planteado como orientaciones de sus eventuales gobiernos. El ministro Roberto Lavagna, beneficiario de esa gradual clarificación del horizonte, ha dicho que observa ahora en las propuestas de quienes están en mejores condiciones para cantar victoria, coincidencias de fondo que reducen las opciones y serenan la compulsa. Para los encuestadores más solicitados por medios y candidatos, esa sería la causa de la escasa diferencia de puntajes entre los más beneficiados que se advierten en los análisis de opinión. Tanto el dólar como la evolución de los depósitos a plazo se corresponden así -como resultado de ese instinto con que la opinión pública se desenvuelve- con el discurso más consecuente de los candidatos.
Si bien esta semana no habrá sesiones en el Congreso, se puede recoger en fuentes parlamentarias suficientes la cuasi certeza de que el proyecto de ley remitido por el Ejecutivo a Diputados, sobre compensación a los bancos por la apertura del corralón, no tendría tratamiento antes de la renovación legislativa de diciembre. Esa posibilidad ha comenzado a conmover a la banca y, seguramente, complicará para el futuro gobierno sus relaciones con el más importante sector financiero. En primer término porque la tardanza gravitaría sobre la adecuada movilización del crédito. El estilo nacional de ?tirar la pelota hacia adelante? parece hacer justicia a las razones del gobierno provisorio para dejar el problema a su sucesor. (De nuestra Sucursal)







