Los políticos leen la realidad según sus conveniencias. Esa tendencia es rota por los más sensatos, que no se dejan aprisionar por los consejos de los amigos del poder.
La seducción de los microclimas apaga el sentido crítico y genera una sensación de bienestar, pero aleja de la sociedad. La brecha se ahonda inexorablemente.
El discurso que leyó el gobernador Julio Miranda, en la tarde del martes, ante la Legislatura, es un buen ejemplo de la acomodación de los hechos a los intereses propios. Tras enumerar los factores que condicionaron su gestión desde el 29 de octubre de 1999 hasta ahora, afirmó muy suelto de cuerpo :"el balance resulta positivo".
La sociedad, sin embargo, no comparte ese diagnóstico optimista, muy propio de un año electoral. En efecto, una encuesta de la consultora Equis del investigador Artemio López, que circula por los medios políticos y gubernamentales, revela que el 86% de 1.815 entrevistados en Tucumán tiene una visión negativa de la administración mirandista.
Apenas el 5% la ve bien, mientras que el 7% juzga que es regular; sólo el 1% se abstuvo. Se relevaron las opiniones entre el 18 y el 22 de marzo pasado, con un nivel de confiabilidad del 95% y un margen de error de algo más del 2%.
El tiempo que separa a la encuesta que captó el malestar de los tucumanos del día del mensaje a los legisladores no es mucho -mediaron 19 jornadas-. No hubo tampoco sucesos significativos que pudieran alterar el humor colectivo de manera decisiva.
Por eso, es razonable suponer que las escalofriantes cifras de rechazo social se mantenían vigentes al momento que el gobernador confesaba su euforia por el deber cumplido en un contexto hostil. La aritmética no siempre sonríe a las ilusiones de los dirigentes partidarios. El desconocimiento de esa referencia objetiva puede echar por tierra con el proyecto político más aparatoso o aparentemente mejor planificado.
De todos modos, fue fugaz la recuperación del protagonismo por Miranda. Bastó, no obstante, para que el radical Rubén Chebaia comentara estupefacto que se sentía un legislador de otro Estado, tras escuchar la palabra oficial.
Empero, el futuro es el que despierta mayores aprensiones y expectativas entre la gente. Pese a ello, la elección presidencial del domingo 27 aún está lejos de haber echado raíces en la preocupación cívica.
El verdadero envión de los principales candidatos del peronismo a suceder a Eduardo Duhalde se experimentará desde la semana próxima. El sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá y el riojano Carlos Menem llegarán durante ese lapso. Néstor Kirchner es quien vino más veces durante este año, situación explicable porque era una figura relativamente conocida en la provincia.
La política doméstica se adapta a los condicionamientos que imponen la lucha por la presidencia de la Nación. Fuerza Republicana (FR) determinó que la prioridad del momento radica en la oferta electoral propia. Ricardo Bussi confía en que la primera línea de candidatos a intendentes del Gran San Miguel de Tucumán estará definida hasta el lunes.
El diputado se perfila como el más seguro postulante a la gobernación y su padre para la intendencia de esta ciudad. Dentro del bussismo se minimiza el impacto de la salida del senador Pablo Walter, pero también se intensificó la tarea de contención de eventuales seguidores de aquel.
En tiempo de descuento juega también el fiscal anticorrupción Esteban Jerez. Su ida del Poder Judicial es cuestión de muy pocos días.
03 Abril 2003 Seguir en 
Por Carlos Abrehu







