Hasta la familia de "Garrón" lo quiere ver preso

El padre, el primo y otros miembros de su entorno brindaron información clave a la Policía para que pudieran localizar al sospechoso.

RECLAMO. Hace dos semanas, el esposo y dos de los hijos de Silvia Castillo, junto a otros familiares y amigos de la víctima, pidieron justicia frente a Tribunales. LA GACETA / JOSE NUNO
RECLAMO. Hace dos semanas, el esposo y dos de los hijos de Silvia Castillo, junto a otros familiares y amigos de la víctima, pidieron justicia frente a Tribunales. LA GACETA / JOSE NUNO
17 Enero 2010
Su sola presencia los incomoda. Temen lo que en la guerra se llama daño colateral. O sea que, a raíz de lo que hizo él, terminen perjudicados ellos. Por eso dejaron de lado las lealtades familiares y se transformaron en fuente de información para los investigadores. El círculo más íntimo de Sebastián "Garrón" Romero lo quiere ver tras las rejas lo antes posible para que comience a pagar por lo que, según la versión de la Policía, hizo en la madrugada del 13 de diciembre cuando Silvia Castillo de Roselló fue asesinada frente a su casa del barrio Ciudad Parque.
"Te tenés que entregar, dejate de joder, mirá la c... que te mandaste". Los gritos se escuchaban hasta la calle. El padre de "Garrón", irritado, trataba de hacer entrar en razón a su hijo. Fueron varios los vecinos que lo escucharon. Pero Sebastián Romero contestó con una sentencia: "la única forma en la que voy a volver a la cárcel es con los pies para adelante". Luego salió rápidamente a la calle, pistola en manos, e hizo varios disparos contra la casa de una vecina. "Vos me buchoneaste, vieja de m..., te voy a reventar", gritaba mientras apretaba el gatillo. Su desesperación lo llevó a cometer un error ya que si bien los policías ya lo buscaban por el asesinato de Castillo de Roselló, aún no contaban con pruebas concretas. Los casquillos de los proyectiles que dejó desperdigados en la calle fueron recolectados por personal de Policía Científica y luego comparados con los que habían quedado frente a la casa de los Roselló: habían sido expulsados por la misma arma.
A Silvia Castillo la mataron cuando, junto con su marido, llegaba a su vivienda del pasaje Bascary al 4.100. Cuando su marido Claudio Roselló y su hija mayor, de 15 años, estaban abriendo el portón, se acercó un joven de pelo largo, que esgrimía un arma. La mujer, aterrorizada, comenzó a gritar. Su marido, entonces, volvió corriendo al vehículo, un Citröen, y comenzó a maniobrar para tratar de amedrentar al asaltante que, comenzó a disparar contra el vehículo mientras se acercaba caminando a su socio que, en la esquina, lo esperaba en una moto. Este hombre, que tenía puesto un casco blanco, también hizo disparos. Una bala dio en el antebrazo derecho de Castillo de Roselló (que tenía a uno de sus hijos dormido en su regazo) y otro en la cabeza. La mujer murió mientras los homicidas huían.
El miércoles en Salta fue detenido el presunto socio de Romero, Matías Jesús "El Negro" o "El Gordo" González. Ambos hombres habían intentado robarle la cartera a Sandra Díaz Tolaba, quien acababa de retirar $ 35.000 de un banco. A pesar de que varios hombres intentaron atraparlo, Romero consiguió escapar. Desde entonces más de 400 policías lo buscan en esa provincia, y otros tantos en Tucumán.
Cuando el viernes LA GACETA publicó la foto de González, Roselló dijo que había posibilidades de que fuera el mismo hombre que había intentado asaltarlos hace medio año. La duda persiste y por eso el mismo Roselló le pidió al fiscal Carlos Sale que no descarte la posibilidad de que su familia, y su esposa más precisamente, hayan sido víctimas de una venganza, teniendo en cuenta que él mismo había puesto en fuga al ladrón cuando pretendió atacarlos frente a su casa en agosto.

"Está loco"
Los investigadores, comandados por los comisarios Hugo Cabezas, Miguel Gómez, Humberto Ruezgas y Raúl Ferreira necesitaban más pruebas contra los imputados. Y allí volvió a aparecer la inestimable colaboración de un primo hermano de "Garrón". En un principio se creyó que "Checho" era el que acompañaba a Romero cuando mataron a Castillo de Roselló. Incluso se allanó su casa en barrio Oeste II. En principio "Checho" estaba desaparecido, hasta que decidió presentarse. Y para sorpresa de los investigadores, accedió a hacer una declaración en sede policial en la que no sólo se desvinculó del mortal ataque, sino que además dio pistas para facilitar la búsqueda de su primo. "Yo no quiero saber más nada con él. Yo me dedico a otra cosa ahora y no quiero quedar pegado. ’Garrón’ está loco, vive dado vuelta (drogado) y por eso se mandó esta c...", les dijo al muchacho a los policías. "Lo están ayudando otros tipos, y se mandó para el norte. Ahí lo tienen que buscar", dijo. "Checho" no se equivocaba.
En Salta afirmaban que si Romero seguía allí, debía estar en la zona de la costanera donde, según los policías, hay muchos "aguantaderos". Los policías, desde que se perpetró el crimen, secuestraron gran cantidad de celulares de allegados que les permitieron buscar datos acerca de dónde se podía esconder el presunto homicida. Incluso sobre los movimientos que realizó desde 2005, cuando huyó del penal de Villa Urquiza, aprovechando un permiso extramuros que le había concedido la Justicia.
Dicen que Romero llamó a varios de esos teléfonos para pedir ayuda. Sabe que cada vez tiene menos campo de acción y por eso recurre a sus familiares. No sabe que muchos de ellos en realidad lo que quieren es que vuelva a la cárcel y, si es posible, que no salga nunca más.

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