16 Enero 2010 Seguir en 
SANTIAGO DE CHILE.- El quinto proceso electoral tras su retorno a la democracia en 1990 se desarrolla en momentos en que los países más ricos del orbe formalizaron el ingreso de Chile al club de las naciones desarrolladas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
El futuro mandatario asumirá la conducción de un país que dejó de ser una de las economías más pobres de América Latina, que alcanzó un desempleo del 30% en la década de 1980, para transformarse en la más rica de la región en términos de ingreso per cápita, según el FMI. No obstante, la gran deuda del modelo libremercadista y de control inflacionario impulsado en Chile es la equidad. De hecho, esa será la gran demanda que enfrentará el nuevo Ejecutivo. En cifras, el 4% más rico, unas 480.000 personas, acapara el 25% de las riquezas, según datos oficiales.
Brecha crítica
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha criticado en varias ocasiones esta característica de una nación que apunta a ser una potencia en América Latina.
La desigualdad económica se manifiesta tan profunda que el 20% de la población más rica recibe un sueldo que supera en más de 13 veces el ingreso del 20% del sector más pobre. No sólo la Cepal reparó en la mala distribución de los ingresos.
La misma OCDE advirtió a Chile sobre esta situación, a la vez que reparó en la relación de la desigualdad económica con los problemas laborales.
Efecto colateral
El futuro presidente deberá lidiar con un panorama donde la flexibilidad laboral y la precarización del trabajo y del salario provocaron que durante los gobiernos de la Concertación los asalariados sin contrato aumentaran de un 14 a un 17%, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La inequidad, o exclusión, también está reflejada en la participación política. Desde 1990 a la fecha sólo se inscribieron 500.000 nuevos votantes en los registros electorales; de ellos, 250.000 lo hicieron para esta elección, la más incierta en 40 años.
El Chile que recibe las elecciones es además un país con retos de desarrollo tecnológico y de desafíos en sus relaciones limítrofes, en especial con Bolivia y el Perú. Con ambos países, la relación es históricamente compleja, aunque en los últimos años empeoró con Perú, que reclamó ante la Corte de La Haya unos 35.000 kilómetros cuadrados de mar sobre los que Chile ejerce soberanía.
Así, quien asuma en marzo deberá ver cómo administra la nueva riqueza, en especial los ahorros fiscales por más de U$S20.000 millones, el doble del PIB de Bolivia. Pero también deberá mirar con qué gobiernos busca alianzas en la región, asumiendo que Chile se alejó diplomáticamente de América Latina los últimos años. (DPA)
El futuro mandatario asumirá la conducción de un país que dejó de ser una de las economías más pobres de América Latina, que alcanzó un desempleo del 30% en la década de 1980, para transformarse en la más rica de la región en términos de ingreso per cápita, según el FMI. No obstante, la gran deuda del modelo libremercadista y de control inflacionario impulsado en Chile es la equidad. De hecho, esa será la gran demanda que enfrentará el nuevo Ejecutivo. En cifras, el 4% más rico, unas 480.000 personas, acapara el 25% de las riquezas, según datos oficiales.
Brecha crítica
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha criticado en varias ocasiones esta característica de una nación que apunta a ser una potencia en América Latina.
La desigualdad económica se manifiesta tan profunda que el 20% de la población más rica recibe un sueldo que supera en más de 13 veces el ingreso del 20% del sector más pobre. No sólo la Cepal reparó en la mala distribución de los ingresos.
La misma OCDE advirtió a Chile sobre esta situación, a la vez que reparó en la relación de la desigualdad económica con los problemas laborales.
Efecto colateral
El futuro presidente deberá lidiar con un panorama donde la flexibilidad laboral y la precarización del trabajo y del salario provocaron que durante los gobiernos de la Concertación los asalariados sin contrato aumentaran de un 14 a un 17%, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La inequidad, o exclusión, también está reflejada en la participación política. Desde 1990 a la fecha sólo se inscribieron 500.000 nuevos votantes en los registros electorales; de ellos, 250.000 lo hicieron para esta elección, la más incierta en 40 años.
El Chile que recibe las elecciones es además un país con retos de desarrollo tecnológico y de desafíos en sus relaciones limítrofes, en especial con Bolivia y el Perú. Con ambos países, la relación es históricamente compleja, aunque en los últimos años empeoró con Perú, que reclamó ante la Corte de La Haya unos 35.000 kilómetros cuadrados de mar sobre los que Chile ejerce soberanía.
Así, quien asuma en marzo deberá ver cómo administra la nueva riqueza, en especial los ahorros fiscales por más de U$S20.000 millones, el doble del PIB de Bolivia. Pero también deberá mirar con qué gobiernos busca alianzas en la región, asumiendo que Chile se alejó diplomáticamente de América Latina los últimos años. (DPA)







