Electores o jueces

La historia favorece a la oposición.

02 Abril 2003
Por Juan Manuel Asis

Si la política pudiera reducirse a una ecuación matemática, a las próximas elecciones provinciales debería ganarla la oposición. La historia abona esa posibilidad. En Tucumán, el oficialismo de turno perdió en manos de las fuerzas opositoras en el 95 y en el 99. Primero el justicialismo (con Ramón Ortega a la cabeza) fue derrotado por el bussismo, y luego Fuerza Republicana perdió con el PJ. Quién no recuerda que los Bussi se acostaron ganadores y se despertaron con el ruido de los festejos ajenos. En esa línea -si los procesos electorales tuvieran alguna lógica- el mirandismo debería preparar los pañuelos del desconsuelo.
Pero hay otros datos a tener en cuenta. En esas dos fechas los tucumanos votaron a partidos provinciales no identificados con los que accedían al gobierno nacional. En el 95 ganó Antonio Bussi y Carlos Menem resultó reelecto en la Nación. En el 99 se impuso Julio Miranda y la República quedó en manos de la Alianza. Siempre a contramano, como cuando Fernando Riera obtuvo la gobernación en 1983. Entonces Raúl Alfonsín, con su discurso de que con la democracia se comía, se estudiaba y se educaba, le ganó al peronismo.

Navegando en contra
Atendiendo a estos dos hechos -las derrotas del oficialismo y las victorias de partidos provinciales de distinto signo a a los nacionales-, cabe especular con que la oposición tendría muchas chances de quedarse con el sillón de Lucas Córdoba el 29 de junio. Máxime si se sostiene que el próximo presidente de la Nación será un peronista. Si fuera así, entonces, el sucesor de Miranda no tendría que ser de sus filas, dado aquello de que Tucumán navega políticamente en sentido contrario a la Nación.
Claro que todo es pura especulación, alejada de los condimentos institucionales, políticos, sociales y económicos que influyen a la hora de las votaciones. Sólo para quienes recuerdan estos datos no pueden pasar inadvertidos.
Ahora bien, por un instante supongamos que los hechos históricos se repiten con alguna precisión matemática. Lo único que tendríamos que hacer es buscar entre los nombres de la oposición al oficialismo para determinar al posible nuevo gobernador de Tucumán. ¿Quiénes son los que, hoy por hoy, están en la vereda de enfrente del mirandismo? Veamos: Ricardo Maturana, José Ricardo Falú, Osvaldo Cirnigliaro, Olijela Rivas, Julio César Aráoz, José Ascárate, Ricardo Bussi. Y a estos hay que sumar a Esteban Jerez.
Lo único seguro es que para ganarle al oficialismo se tiene que conformar un frente electoral. De otra forma es imposible. Pero la experiencia enseña que una alianza sólo para desalojar al gobierno de turno no es suficiente; se necesitan planes y propuestas serias. Un discurso contra la corrupción no basta. Ya vimos lo que pasó con la Alianza. Un frente cívico a lo catamarqueño tampoco serviría, ya que los años demostraron que no consolidó el sistema ni eliminó a las mafias que están prestas a atentar contra las instituciones de la democracia.
En síntesis, no alcanzan un discurso ni un hombre emblemático, hacen falta propuestas e intenciones serias. ¿Lo que se observa como oposición está en condiciones de garantizar esos elementos a la sociedad? No. Ahora todos miran al fiscal anticorrupción. Muchos lo quieren a su lado; algunos para salvarse y otros para buscar nuevos aires.
En el oficialismo lo quieren como el candidato de la oposición, para darse el gusto de enfrentarlo en las urnas, ya que muchos no quisieron hacerlo en los estrados judiciales. De darse este hecho, la sociedad no votaría, terminaría dando un veredicto. No serían electores sino jueces que sentenciarían a culpables e inocentes. Las cartas parece que se echarán en ese sentido, en una nueva muestra de que en Tucumán las cosas siempre marchan por donde no debieran. Y sí, aquí no hay lógica.

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