"Cuando me avisaron que mi nieta había fallecido, sentí que un puñal me entraba en el corazón". José Virgilio Lugones está consternado. La indignación y el dolor se entremezclan en los rostros de los familiares de Luciana, la nena de siete años que fue estrangulada el martes a la mañana. La casa de Acheral donde vivía la niña parece vacía, a pesar de que los hijos acompañan a José. Ellos buscan pero no encuentran explicaciones de lo sucedido y apuntan sus dardos contra la pareja de Oscar Rubén Lugones, el padre de la niña.
"Nunca se llevó bien con Lucianita. El maltrato era cotidiano", afirmó Elvira Cristina Lugones, tía de la nena. Oscar convivía desde hacía dos años con Mónica Solange Pereyra, de 19 años. Luciana es hija de una pareja anterior. "En esta casa vivimos mi hijo menor y yo. En la pieza de adelante dormían Oscar y Luciana, y desde hace dos años, la pareja de mi hijo", contó Lugones a LA GACETA. "A Luciana la crió mi esposa hasta que ella falleció. Luego le ayudamos nosotros a Oscar. A esta chica nunca le interesó la nena", expresó el abuelo.

El martes a la mañana, según relató la familia, Lugones se levantó y antes de partir rumbo a su trabajo, a las 7.15, le dio un beso a su hija, que ya estaba despierta. El hombre trabaja a tres kilómetros de Acheral, en una finca donde se cosechan arándanos. "Le dijo a la nena que a la tarde iban a comprar el regalo para Reyes, porque no habían tenido tiempo. Oscar había discutido con Mónica la noche anterior porque él quería regalarle una pileta, pero ella se negaba. No quería a la nena", comentó Claudia Brandán, una de las primas de la víctima.

Lugones volvió apresuradamente a su casa cuando le avisaron que su hija no se despertaba. "Lo llamó el padre de Mónica por iniciativa propia. Ella no le envió ningún mensaje", aseguró Claudia. "Yo la dejé bien; no entiendo nada de esto", advirtió el hombre cuando fueron a detenerlo. Al llegar a casa, Lugones y Pereyra subieron a Luciana al auto de una tía de la niña y se dirigieron al Hospital de Monteros. Pero cuando los médicos la revisaron, ella ya había fallecido.
"Notamos que Mónica se quedó tranquila cuando un policía le dijo que la nena había fallecido por muerte natural", dijo Juan Alberto Lugones, tío de Luciana. A los minutos se hizo presente el médico de Policía, Camilo López Vinet, quien constató que la criatura tenía hematomas en el cuello y para certificar las razones del deceso ordenó que se hiciera una autopsia.
"Mónica les avisó a sus padres que la nena no se despertaba. Yo me enteré por un hermano de ella y vine corriendo a la casa. Cuando llegué, observé que tenía unas marcas en el cuello", comentó Aída Lugones, la tía de Luciana que ayudó a trasladarla al hospital. Cuando se confirmó que había sido asesinada, la fiscala Cecilia Tasquer, del Centro Judicial Concepción, ordenó la aprehensión de la pareja. Personal de la Regional Oeste fue hasta la casa de la familia, donde estaban velando a la pequeña. Los oficiales arrestaron a Oscar Lugones y a Mónica Pereyra y secuestraron sábanas, cabellos y la ropa de la niña, para que fueran sometidos a pericias. Los médicos incluso opinaron que la pequeña había intentado defenderse ya que presentaba algunas marcas en los brazos, que habrían sido producidas cuando intentaba sacarse de encima a la persona que finalmente la estranguló. "Oscar nunca le hizo faltar nada. Vivía para ella", comentó Elvira. "Nosotros le decíamos constantemente que esa mujer no era para él, pero no nos hizo caso. Mire cómo terminó todo", dijo Carlos Brandán, cuñado de Lugones.
El padre fue interrogado ayer a las 20 por la fiscala Tasquer y dijo que no tenía nada que ver con lo sucedido, y que estaba destrozado por la muerte de su hija. Pereyra solicitó una prórroga por no contar con abogado defensor propio y declarará hoy a las 10. Si no presenta un letrado, será asistida por un defensor oficial. Luego, se analizará la situación procesal de cada uno.







