MENDOZA.- Cuando han transcurrido ya cinco días de la Fiesta Nacional del Teatro, más de 6.000 personas han asistido a las distintas puestas que, día a día, se ofrecen en distintos escenarios de esta provincia.
El sábado los teatristas de todo el país y el público mendocino pudieron asistir a dos trabajos imponentes por su calidad, ambos de dramaturgos argentinos. Como valor agregado debe precisarse que no fueron de elencos de la Ciudad de Buenos Aires, sino del interior: de Neuquén y de Mendoza.
"La noche devora a sus hijos", de Daniel Veronese, una puesta del grupo "Después de todo", de Neuquén, fue una realización que no exhibió fisuras. En la obra una mujer dialoga con su memoria, en una excelente interpretación de Maite Aranzábal. El diálogo parte de un monólogo mientras que en una pequeña pantalla se proyectan determinadas imágenes, con las cuales se establece un verdadero diálogo. El texto de Veronese y la puesta del grupo "Después de todo" resaltan el hecho dramático y confirman que el teatro es un actor y su acción, y que el hombre es un centro de reflexión permanente.
"La edad de la ciruela", de los mendocinos "Sobretodo", también fue un refresco para los amantes del teatro. Sobre el texto del autor Arístides Vargas, dos actores trabajan sobre el transcurso del tiempo y sus efectos en una familia tradicional. La sencillez de la puesta revela algo muchas veces apuntado: para el teatro no son imprescindibles grandes escenografías ni audaces coreografías. Bastan un buen texto y un par de excelentes actores.
Finalmente, no faltó la risa del público para los salteños de "Divorciadas, evangélicas y vegetarianas", que llenaron la sala Bustelo, la más grande de esta ciudad. (Enviado especial Jorge Figueroa)
El sábado los teatristas de todo el país y el público mendocino pudieron asistir a dos trabajos imponentes por su calidad, ambos de dramaturgos argentinos. Como valor agregado debe precisarse que no fueron de elencos de la Ciudad de Buenos Aires, sino del interior: de Neuquén y de Mendoza.
"La noche devora a sus hijos", de Daniel Veronese, una puesta del grupo "Después de todo", de Neuquén, fue una realización que no exhibió fisuras. En la obra una mujer dialoga con su memoria, en una excelente interpretación de Maite Aranzábal. El diálogo parte de un monólogo mientras que en una pequeña pantalla se proyectan determinadas imágenes, con las cuales se establece un verdadero diálogo. El texto de Veronese y la puesta del grupo "Después de todo" resaltan el hecho dramático y confirman que el teatro es un actor y su acción, y que el hombre es un centro de reflexión permanente.
"La edad de la ciruela", de los mendocinos "Sobretodo", también fue un refresco para los amantes del teatro. Sobre el texto del autor Arístides Vargas, dos actores trabajan sobre el transcurso del tiempo y sus efectos en una familia tradicional. La sencillez de la puesta revela algo muchas veces apuntado: para el teatro no son imprescindibles grandes escenografías ni audaces coreografías. Bastan un buen texto y un par de excelentes actores.
Finalmente, no faltó la risa del público para los salteños de "Divorciadas, evangélicas y vegetarianas", que llenaron la sala Bustelo, la más grande de esta ciudad. (Enviado especial Jorge Figueroa)







