NUEVA YORK.- Posee un rostro anguloso dotado de enorme mirada verde, nariz dominante y labios trazados con tiralíneas a los que resulta casi imposible arrancar una sonrisa. Esta razón ha convertido a Adrien Brody en candidato ideal para personajes densos, tormentosos y complejos.
Lo lleva haciendo desde hace una década con títulos como "El rey de la colina" (Steven Soderbergh), "El verano de Sam" (Spike Lee) o "Pan y rosas" (Ken Loach). Su participación en "La delgada línea roja" (Terrence Malick), fue una experiencia traumática. Brody filmó seis meses, y su personaje era uno de los protagonistas. Sin explicación alguna, el actor comprobó durante el estreno del filme que su trabajo había desaparecido casi por completo en la mesa de montaje. Pero de su boca no salió una queja.
Adrien Brody fue criado en un ambiente artístico. Su padre, Elliot, es ahora un maestro retirado, pero su madre, Sylvia Plachy, mantiene la reputación de una de las mejores fotoperiodistas estadounidenses. Criado en el barrio judío de Queens, Adrien casi siempre la acompañaba durante sus salidas de trabajo para el periódico "The Village voice". A los seis años, la escoltó en una entrevista con el gurú de los psicotrópicos, Timothy Leary.
Brody se convirtió en actor gracias a su madre, que lo envió a estudiar los sábados a la Academia Americana de Arte Dramático en Nueva York. Tras sus comienzos en teatro, en el off-Broadway, consiguió un papel en una serie de televisión. El compromiso de sus padres con la profesión que ha elegido su hijo es tan grande, que su padre se tomó un año sabático para acompañarlo durante su primera estancia en Los Ángeles. En 1993, Soderbergh le dio un papel secundario en "El rey de la colina" y lo demás ya es historia conocida.
La práctica del surf en Hawaii y una alimentación abundante están devolviendo la masa muscular perdida para el rodaje de "El pianista". Pronto se lo verá como un ventrílocuo en la comedia "Dummy", de Greg Pritikin. Sin embargo, Brody no tiene apuro en convertirse en una estrella. A su pesar, sabe que ya lo es.
La historia de cómo consiguió el papel que le valió el Oscar al mejor actor constituye un potencial guión cinematográfico. Roman Polanski puso un anuncio en un periódico británico que convocaba a jóvenes entre 25 y 35 años, de rasgos étnicos oscuros. No requería capacidad interpretativa alguna ni dotes pianísticas, pero sí carisma, vulnerabilidad y sensibilidad. Se presentaron 1.400 actores, pero Polanski no encontró a su pianista. Entonces reparó en el trabajo de Brody en "El verano de Sam". Le hizo una audición y lo contrató. "Miré a la cámara sin decir nada durante muchos minutos, no recuerdo cuántos. Si te fijas, la mitad final de la película es muda porque el personaje vive completamente aislado y en silencio. Quizá fue eso", dice Brody al recordar la prueba en cámara que le hizo el director. El papel fue suyo y la película cosechó una impresionante serie de premios, que incluyen la estatuilla dorada para el actor. (Especial)
Lo lleva haciendo desde hace una década con títulos como "El rey de la colina" (Steven Soderbergh), "El verano de Sam" (Spike Lee) o "Pan y rosas" (Ken Loach). Su participación en "La delgada línea roja" (Terrence Malick), fue una experiencia traumática. Brody filmó seis meses, y su personaje era uno de los protagonistas. Sin explicación alguna, el actor comprobó durante el estreno del filme que su trabajo había desaparecido casi por completo en la mesa de montaje. Pero de su boca no salió una queja.
Adrien Brody fue criado en un ambiente artístico. Su padre, Elliot, es ahora un maestro retirado, pero su madre, Sylvia Plachy, mantiene la reputación de una de las mejores fotoperiodistas estadounidenses. Criado en el barrio judío de Queens, Adrien casi siempre la acompañaba durante sus salidas de trabajo para el periódico "The Village voice". A los seis años, la escoltó en una entrevista con el gurú de los psicotrópicos, Timothy Leary.
Brody se convirtió en actor gracias a su madre, que lo envió a estudiar los sábados a la Academia Americana de Arte Dramático en Nueva York. Tras sus comienzos en teatro, en el off-Broadway, consiguió un papel en una serie de televisión. El compromiso de sus padres con la profesión que ha elegido su hijo es tan grande, que su padre se tomó un año sabático para acompañarlo durante su primera estancia en Los Ángeles. En 1993, Soderbergh le dio un papel secundario en "El rey de la colina" y lo demás ya es historia conocida.
La práctica del surf en Hawaii y una alimentación abundante están devolviendo la masa muscular perdida para el rodaje de "El pianista". Pronto se lo verá como un ventrílocuo en la comedia "Dummy", de Greg Pritikin. Sin embargo, Brody no tiene apuro en convertirse en una estrella. A su pesar, sabe que ya lo es.
La historia de cómo consiguió el papel que le valió el Oscar al mejor actor constituye un potencial guión cinematográfico. Roman Polanski puso un anuncio en un periódico británico que convocaba a jóvenes entre 25 y 35 años, de rasgos étnicos oscuros. No requería capacidad interpretativa alguna ni dotes pianísticas, pero sí carisma, vulnerabilidad y sensibilidad. Se presentaron 1.400 actores, pero Polanski no encontró a su pianista. Entonces reparó en el trabajo de Brody en "El verano de Sam". Le hizo una audición y lo contrató. "Miré a la cámara sin decir nada durante muchos minutos, no recuerdo cuántos. Si te fijas, la mitad final de la película es muda porque el personaje vive completamente aislado y en silencio. Quizá fue eso", dice Brody al recordar la prueba en cámara que le hizo el director. El papel fue suyo y la película cosechó una impresionante serie de premios, que incluyen la estatuilla dorada para el actor. (Especial)







