02 Diciembre 2009 Seguir en 
El año pasado, a partir del pedido de una de las cámaras penales, el laboratorio de esta secretaría examinó muestras de orina de un grupo determinado de personas privadas de su libertad. Así, se detectó que el 65% de ellas había consumido drogas recientemente. Tras esto, comenzamos a trabajar científicamente en la cuestión, pues el gobernador, José Alperovich, me manifestó su preocupación. Así, vimos estadísticas en el mundo occidental y notamos que hay cárceles en las que un 50% de la población consume, lo cual es un índice bajo comparado con otras, en las que se detecta hasta un 93%. Luego de recorrer distintas penitenciarías de Europa pudimos recabar una serie de propuestas que expusimos hoy.
La primera es que el delito de drogas corresponde al ámbito federal. Por ello, acá sería positivo contar con prisiones federales, como sucede con otras provincias. Pero esa es una cuestión que debe resolver la Nación. Otra cosa a tener en cuenta es cómo influye la prisión en la adicción del reo. Para saber eso, se debe hacer un análisis previo al ingreso de la persona. Así, podremos determinar si comenzó a consumir antes o después y si los niveles bajaron, se mantuvieron o subieron. Quienes están privados de la libertad son mucho más vulnerables.
También proponemos que aquellos internos que quieran rehabilitarse firmen un acuerdo en el que acepten someterse a requisas sorpresa. La idea es que el propio preso diga "no quiero la droga".
La primera es que el delito de drogas corresponde al ámbito federal. Por ello, acá sería positivo contar con prisiones federales, como sucede con otras provincias. Pero esa es una cuestión que debe resolver la Nación. Otra cosa a tener en cuenta es cómo influye la prisión en la adicción del reo. Para saber eso, se debe hacer un análisis previo al ingreso de la persona. Así, podremos determinar si comenzó a consumir antes o después y si los niveles bajaron, se mantuvieron o subieron. Quienes están privados de la libertad son mucho más vulnerables.
También proponemos que aquellos internos que quieran rehabilitarse firmen un acuerdo en el que acepten someterse a requisas sorpresa. La idea es que el propio preso diga "no quiero la droga".







