La vida de los familiares de personas perdidas se convierte en un infierno
Si bien la mayoría de los casos denunciados son resueltos por la Policía, hay otros emblemáticos sin final feliz. Los allegados a las víctimas realizan cosas inimaginables para dar con alguna pista que los lleve hasta el ser querido.
23 Noviembre 2009 Seguir en 
Parece que se hubieran desvanecido. Días completos de rastrillajes desesperados no dan resultados; los familiares saben que cada segundo es clave y no ahorran esfuerzos en las inacabables búsquedas, desesperados por conseguir un dato, una pista o un indicio que les permita recuperar su ser querido.
Aunque la gran mayoría de las denuncias por desaparición de persona realizadas en la provincia son esclarecidas, aún hay casos en los que el paradero de la víctima es un misterio. "Es horrible. Toda mi familia está viviendo momentos muy duros, pero tenemos la esperanza de que mi viejo va a aparecer. Jamás vamos a desistir; necesitamos saber cómo termina esta historia", dijo Fabricio Martínez, hijo de Moisés Martínez, el visitador médico de 62 años que fue visto por última vez el 13 de octubre de 2008 en San Pedro de Colalao.
En lo que va del año, especialistas de la sección Seguridad Personal de la Dirección de Investigaciones y de la División Trata de la Persona trabajaron, en total, más de 250 causas por desaparición. "Afortunadamente, las casi 100 denuncias que recibimos nosotros terminaron con resultado positivo. Pero hay casos de años anteriores que son muy complejos, en los que parece que la tierra se tragó a la persona", afirmó el comisario Víctor Barraza. El jefe de Seguridad Personal aclaró que las primeras horas de búsqueda son clave. "La familia debe hacer la denuncia de inmediato. Hay que aclarar que no hace falta esperar 24 horas para que comience la búsqueda; eso es un mito que debe ser desterrado", indicó.
Desde el crimen de Paulina Lebbos, la estudiante que fue secuestrada el 26 de febrero en el Abasto y fue hallada asesinada 15 días después en Tapia, los investigadores cambiaron su forma de trabajar. "Hoy tenemos un protocolo de trabajo que nos permite resolver muchos casos rápidamente. Cuando se recibe la denuncia, se aporta una descripción detallada de la fisonomía de la víctima y se les da conocimiento a todas las dependencias policiales de la provincia", indicó Barraza. Luego, remarcó, los investigadores entrevistan a familiares, amigos y vecinos de la persona desaparecida para obtener datos que permitan saber si se retiró voluntariamente, si fue secuestrada o si se extravió. "Cuando obtenemos esta información, la remitimos a Gendarmería y al Ministerio de Justicia de la Nación. Si surgen datos, comenzamos con los rastrillajes, que a veces pueden durar semanas enteras. Nuestra misión es encontrar a la persona", afirmó.
Nadie sabe nada de Manuel Trujillo, de 55 años, desde el 2 de febrero de 2007, cuando viajaba en colectivo desde Ohuanta, Lules, hacia la capital. Desde entonces, su familia hizo cosas inimaginables para encontrarlo. "Mis hermanos y yo no dejamos lugar sin recorrer. Si tengo un día libre, trato de conseguir un auto y me voy adonde sea. El problema es que no aparece ni tenemos idea de dónde pueda estar", dijo María Esther Trujillo, hermana de la víctima. La mujer, el año pasado, caminó sobre brasas calientes en la Noche de San Juan, un ritual tradicional que se lleva a cabo en junio. "Hice esa promesa sin dudarlo; nadie que no atraviese esta situación se imagina lo que es vivir de esta forma. Mi papá se murió sin saber qué pasó con su hijo. Yo le ruego a Dios que no me pase lo mismo", añadió. La mujer, pese a que ya pasaron tres años de la desaparición de su hermano, dijo que no pierde las esperanzas de que esté con vida. "Varias veces encontraron cadáveres en distintas partes de Tucumán y compararon los ADN. Siempre dio negativo. Así que, mientras tanto, yo voy a seguir teniendo fe", dijo.
"Cuando trabajamos en un caso de estas características, el testimonio de los familiares es vital. Son ellos quienes más conocen al menor que desapareció", afirmó el comisario Julio Fernández, quien dirige junto al comisario Pablo Barrionuevo la División Trata de Personas de la Policía.
Uno de los casos paradigmáticos de desaparición de persona en Tucumán es el de Dulio Nahuel Fernández, el niño de tres años que fue visto por última vez el 1 de enero de 1996 en la zona de El Timbó. Esa tarde, el pequeño (que hoy tendría 16 años) y sus padres, Mario Fernández y Clara Peralta, fueron a pasear al río. De repente, Nahuel se desvaneció. Desde entonces, se tejieron decenas de hipótesis que jamás fueron confirmadas; la más fuerte es que el niño fue secuestrado. El caso incluso acaparó la atención de la red internacional Missing Children (niños perdidos, en inglés), en cuyo sitio web aparecen los datos del pequeño.
Sin resolución
Pese a que durante 2009 no se registró un caso complejo de desaparición, los investigadores aún tienen varios por resolver.
Algunos de ellos son el de José Ignacio González, el empleado de la Secretaría de Educación que fue visto por última vez en 2007; el de Carlos Alberto Montes de Oca, de 35 años, quien se escapó del Hospital Obarrio en 2008 y sufre problemas mentales; y el de Ramón Arias, el anciano que es buscado desesperadamente por su familia.
"Ya pasó más de un año, pero no vamos a descansar hasta saber qué pasó con mi papá. Hoy ni siquiera sabemos cómo sería su aspecto, pero lo buscaremos hasta encontrarlo. Toda nuestra vida va a ser así", dijo consternado Fabricio Martínez.
La insistencia puede dar buenos frutos
"Siempre se debe insistir con las búsquedas. Hay varios casos en los que una persona estuvo desaparecida durante tres años y luego fue hallada en otra provincia. Por eso, la difusión es importantísima, al igual que la labor de la Policía y de la Justicia", dijo Manuel Lozano, director de la Red Solidaria, en diálogo telefónico con LA GACETA desde Buenos Aires.
Aunque la gran mayoría de las denuncias por desaparición de persona realizadas en la provincia son esclarecidas, aún hay casos en los que el paradero de la víctima es un misterio. "Es horrible. Toda mi familia está viviendo momentos muy duros, pero tenemos la esperanza de que mi viejo va a aparecer. Jamás vamos a desistir; necesitamos saber cómo termina esta historia", dijo Fabricio Martínez, hijo de Moisés Martínez, el visitador médico de 62 años que fue visto por última vez el 13 de octubre de 2008 en San Pedro de Colalao.
En lo que va del año, especialistas de la sección Seguridad Personal de la Dirección de Investigaciones y de la División Trata de la Persona trabajaron, en total, más de 250 causas por desaparición. "Afortunadamente, las casi 100 denuncias que recibimos nosotros terminaron con resultado positivo. Pero hay casos de años anteriores que son muy complejos, en los que parece que la tierra se tragó a la persona", afirmó el comisario Víctor Barraza. El jefe de Seguridad Personal aclaró que las primeras horas de búsqueda son clave. "La familia debe hacer la denuncia de inmediato. Hay que aclarar que no hace falta esperar 24 horas para que comience la búsqueda; eso es un mito que debe ser desterrado", indicó.
Desde el crimen de Paulina Lebbos, la estudiante que fue secuestrada el 26 de febrero en el Abasto y fue hallada asesinada 15 días después en Tapia, los investigadores cambiaron su forma de trabajar. "Hoy tenemos un protocolo de trabajo que nos permite resolver muchos casos rápidamente. Cuando se recibe la denuncia, se aporta una descripción detallada de la fisonomía de la víctima y se les da conocimiento a todas las dependencias policiales de la provincia", indicó Barraza. Luego, remarcó, los investigadores entrevistan a familiares, amigos y vecinos de la persona desaparecida para obtener datos que permitan saber si se retiró voluntariamente, si fue secuestrada o si se extravió. "Cuando obtenemos esta información, la remitimos a Gendarmería y al Ministerio de Justicia de la Nación. Si surgen datos, comenzamos con los rastrillajes, que a veces pueden durar semanas enteras. Nuestra misión es encontrar a la persona", afirmó.
Nadie sabe nada de Manuel Trujillo, de 55 años, desde el 2 de febrero de 2007, cuando viajaba en colectivo desde Ohuanta, Lules, hacia la capital. Desde entonces, su familia hizo cosas inimaginables para encontrarlo. "Mis hermanos y yo no dejamos lugar sin recorrer. Si tengo un día libre, trato de conseguir un auto y me voy adonde sea. El problema es que no aparece ni tenemos idea de dónde pueda estar", dijo María Esther Trujillo, hermana de la víctima. La mujer, el año pasado, caminó sobre brasas calientes en la Noche de San Juan, un ritual tradicional que se lleva a cabo en junio. "Hice esa promesa sin dudarlo; nadie que no atraviese esta situación se imagina lo que es vivir de esta forma. Mi papá se murió sin saber qué pasó con su hijo. Yo le ruego a Dios que no me pase lo mismo", añadió. La mujer, pese a que ya pasaron tres años de la desaparición de su hermano, dijo que no pierde las esperanzas de que esté con vida. "Varias veces encontraron cadáveres en distintas partes de Tucumán y compararon los ADN. Siempre dio negativo. Así que, mientras tanto, yo voy a seguir teniendo fe", dijo.
"Cuando trabajamos en un caso de estas características, el testimonio de los familiares es vital. Son ellos quienes más conocen al menor que desapareció", afirmó el comisario Julio Fernández, quien dirige junto al comisario Pablo Barrionuevo la División Trata de Personas de la Policía.
Uno de los casos paradigmáticos de desaparición de persona en Tucumán es el de Dulio Nahuel Fernández, el niño de tres años que fue visto por última vez el 1 de enero de 1996 en la zona de El Timbó. Esa tarde, el pequeño (que hoy tendría 16 años) y sus padres, Mario Fernández y Clara Peralta, fueron a pasear al río. De repente, Nahuel se desvaneció. Desde entonces, se tejieron decenas de hipótesis que jamás fueron confirmadas; la más fuerte es que el niño fue secuestrado. El caso incluso acaparó la atención de la red internacional Missing Children (niños perdidos, en inglés), en cuyo sitio web aparecen los datos del pequeño.
Sin resolución
Pese a que durante 2009 no se registró un caso complejo de desaparición, los investigadores aún tienen varios por resolver.
Algunos de ellos son el de José Ignacio González, el empleado de la Secretaría de Educación que fue visto por última vez en 2007; el de Carlos Alberto Montes de Oca, de 35 años, quien se escapó del Hospital Obarrio en 2008 y sufre problemas mentales; y el de Ramón Arias, el anciano que es buscado desesperadamente por su familia.
"Ya pasó más de un año, pero no vamos a descansar hasta saber qué pasó con mi papá. Hoy ni siquiera sabemos cómo sería su aspecto, pero lo buscaremos hasta encontrarlo. Toda nuestra vida va a ser así", dijo consternado Fabricio Martínez.
La insistencia puede dar buenos frutos
"Siempre se debe insistir con las búsquedas. Hay varios casos en los que una persona estuvo desaparecida durante tres años y luego fue hallada en otra provincia. Por eso, la difusión es importantísima, al igual que la labor de la Policía y de la Justicia", dijo Manuel Lozano, director de la Red Solidaria, en diálogo telefónico con LA GACETA desde Buenos Aires.








