ENTRENADO. El cerebro de Sting trabaja distinto al de quien no es músico. ARCHIVO LA GACETA
22 Noviembre 2009 Seguir en 

La creatividad musical es un don que puede tener múltiples causas y explicaciones. Depende, especialmente de cómo cada cerebro convierte la información que recibe.
Después de trabajar durante tres décadas en el asunto, y de haber publicado sus estudios en libros convertidos en best sellers, el investigador Daniel Levitin, convocó al músico inglés Sting, considerado un virtuoso intérprete y un creativo compositor. El experimento quedó registrado en un documental que produjo National Geographic.
Sting, enfundado en una bata rosa, se somete a una resonancia, magnética durante 45 minutos, mientras participa en sesiones de preguntas y respuestas, y otros ejercicios, entre los que incluye componer una canción en el momento o escuchar obras de diversos autores de distintos estilos.
El ex líder de The Police, aunque se sometió a las rigurosas pruebas, pidió no saber los resultados. "La inspiración no debería tener explicación científica", aseguró. Levitin llegó a la conclusión de que Sting construye música siguiendo el mismo proceso mental que sigue un arquitecto o constructor cuando diseñan un edificio.
Pero lo que más le llamó la atención a Levitin fue la actividad que registró en un área del cerebro conocida como el caudado, que se asocia con la demás áreas que planifican el movimiento corporal en respuesta a las emociones. Según dijo el investigador, pudieron verificar que cuando se piensa en la música, aún cuando se la está creando, el cerebro va proyectando las formas en las que se movería siguiendo el ritmo. Eso explicaría el problema de muchos para coordinar movimientos corporales o para poder bailar, que va mucho más allá de un simple problema motriz. Involucra la apreciación musical y estímulos sonoros.
La imaginación visual de Sting siempre está activa. "Imagino música más a menudo de lo que la escucho", dijo, y eso se comprobó en los resultados al detectarse mayor actividad en la corteza visual del cerebro, con lo que se confirma que piensa en la música en términos de espacio. "Cuando escucho la música que me encanta, como la de Bach, oigo arquitectura de verdad, me imagino edificios, cúpulas y torres crecientes" agregó el cantante.
En el cuerpo calloso, que conecta el hemisferio derecho con el izquierdo, se encontró mucha actividad también, por lo que se concluyó que envía información de un lado a otro constantemente, cosa que sorprendió a Levitin pues dijo nunca antes haberlo detectado en otro experimento.
Concluyeron que el cerebro de Sting no es como el de todo el mundo y esto se debe a la práctica y disciplina con la que se ha dedicado a su profesión. Los demás músicos amateurs y no músicos, utilizan el hemisferio derecho para componer el tono y melodía y el izquierdo para la lengua. Pero cuanto mejor músico se es, mejor se relacionan los dos hemisferios.
Después de trabajar durante tres décadas en el asunto, y de haber publicado sus estudios en libros convertidos en best sellers, el investigador Daniel Levitin, convocó al músico inglés Sting, considerado un virtuoso intérprete y un creativo compositor. El experimento quedó registrado en un documental que produjo National Geographic.
Sting, enfundado en una bata rosa, se somete a una resonancia, magnética durante 45 minutos, mientras participa en sesiones de preguntas y respuestas, y otros ejercicios, entre los que incluye componer una canción en el momento o escuchar obras de diversos autores de distintos estilos.
El ex líder de The Police, aunque se sometió a las rigurosas pruebas, pidió no saber los resultados. "La inspiración no debería tener explicación científica", aseguró. Levitin llegó a la conclusión de que Sting construye música siguiendo el mismo proceso mental que sigue un arquitecto o constructor cuando diseñan un edificio.
Pero lo que más le llamó la atención a Levitin fue la actividad que registró en un área del cerebro conocida como el caudado, que se asocia con la demás áreas que planifican el movimiento corporal en respuesta a las emociones. Según dijo el investigador, pudieron verificar que cuando se piensa en la música, aún cuando se la está creando, el cerebro va proyectando las formas en las que se movería siguiendo el ritmo. Eso explicaría el problema de muchos para coordinar movimientos corporales o para poder bailar, que va mucho más allá de un simple problema motriz. Involucra la apreciación musical y estímulos sonoros.
La imaginación visual de Sting siempre está activa. "Imagino música más a menudo de lo que la escucho", dijo, y eso se comprobó en los resultados al detectarse mayor actividad en la corteza visual del cerebro, con lo que se confirma que piensa en la música en términos de espacio. "Cuando escucho la música que me encanta, como la de Bach, oigo arquitectura de verdad, me imagino edificios, cúpulas y torres crecientes" agregó el cantante.
En el cuerpo calloso, que conecta el hemisferio derecho con el izquierdo, se encontró mucha actividad también, por lo que se concluyó que envía información de un lado a otro constantemente, cosa que sorprendió a Levitin pues dijo nunca antes haberlo detectado en otro experimento.
Concluyeron que el cerebro de Sting no es como el de todo el mundo y esto se debe a la práctica y disciplina con la que se ha dedicado a su profesión. Los demás músicos amateurs y no músicos, utilizan el hemisferio derecho para componer el tono y melodía y el izquierdo para la lengua. Pero cuanto mejor músico se es, mejor se relacionan los dos hemisferios.
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