Contenido de la democracia
Su valor está en la virtud de los hombres, decía Terán. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.
14 Noviembre 2009 Seguir en 
En uno de sus "Discursos a los argentinos", titulado "La escuela laica", de 1933, Juan B. Terán (1880-1938) hacía apreciaciones sobre la democracia, que conviene rescatar. Expresaba de entrada que "no participo del desabrimiento en boga por la democracia".
Afirmaba que las faltas que se imputan a la democracia "no le son propias", como que "incurrirá en ellas cualquier otro régimen político". Lo que ocurre es otra cosa. "La requisitoria que truena en su contra, proviene de la idea de que la forma de gobierno debe ser una fuente espontánea de felicidad social". En ese sentido, "somos como los pacientes que creen que, ingiriendo las cápsulas recomendadas por los prospectos, recobramos la salud y nos mantenemos ágiles, en constante euforia, aunque sigamos bebiendo y trasnochando".
En su concepto, "la democracia admite una traducción del mandato esencial de Cristo, del amor por el prójimo, y da ocasión para la caridad espiritual y material por la que ese amor ha de ser juzgado". Ocurre que "se llama democracia, por ahí", a algo que "es cosa bien distinta: o un criterio bárbaro de cantidad, o una artimaña de hábiles, o un odio que quiere hacerse pasar por amor".
Pensaba Terán que "la democracia, como las demás fórmulas políticas, sólo vale en función de su contenido: es decir, de la virtud de los hombres". Terminaba el párrafo con una cita de Montesquieu: "No hay democracia que valga cuando no existe la virtud. Por lo que hizo Roma desarmada, podemos juzgar lo que hubiera hecho en la plenitud de su fuerza, si hubiera conservado su virtud".
Afirmaba que las faltas que se imputan a la democracia "no le son propias", como que "incurrirá en ellas cualquier otro régimen político". Lo que ocurre es otra cosa. "La requisitoria que truena en su contra, proviene de la idea de que la forma de gobierno debe ser una fuente espontánea de felicidad social". En ese sentido, "somos como los pacientes que creen que, ingiriendo las cápsulas recomendadas por los prospectos, recobramos la salud y nos mantenemos ágiles, en constante euforia, aunque sigamos bebiendo y trasnochando".
En su concepto, "la democracia admite una traducción del mandato esencial de Cristo, del amor por el prójimo, y da ocasión para la caridad espiritual y material por la que ese amor ha de ser juzgado". Ocurre que "se llama democracia, por ahí", a algo que "es cosa bien distinta: o un criterio bárbaro de cantidad, o una artimaña de hábiles, o un odio que quiere hacerse pasar por amor".
Pensaba Terán que "la democracia, como las demás fórmulas políticas, sólo vale en función de su contenido: es decir, de la virtud de los hombres". Terminaba el párrafo con una cita de Montesquieu: "No hay democracia que valga cuando no existe la virtud. Por lo que hizo Roma desarmada, podemos juzgar lo que hubiera hecho en la plenitud de su fuerza, si hubiera conservado su virtud".







