Alumnos de jardín descubren un bosque en plena ciudad

Chicos de escuelas públicas se acercaron a la naturaleza con mirada de investigadores. Bajo la guía de estudiantes de Ciencias Naturales, 200 niños desarrollaron diversas actividades con el foco en la fauna y la flora que pueblan el Lillo. Con Educación.

MAS CERCA. Provistos de lupas, los chicos se acercaron a la naturaleza. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
MAS CERCA. Provistos de lupas, los chicos se acercaron a la naturaleza. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
14 Noviembre 2009
La película que cuenta la historia de un árbol llamado Pipo que desapareció junto con el bosque y con todos los animalitos que vivían allí por la acción del hombre, fue la excusa para despertar en los niños de jardín de infantes la necesidad de cuidar la naturaleza.
Unos 200 niños de 5 años, de distintas escuelas públicas, participaron ayer en numerosas actividades a cielo abierto en los jardines del Instituto Miguel Lillo. Fue su primer contacto con científicos e investigadores, que les prepararon diferentes propuestas educativas por medio de juegos, películas, marionetas gigantes y experimentos con plantas, verduras y frutas.
Prismáticos y lupa en mano, observaron las aves y los insectos que viven en el jardín del Lillo. En los stands, o mirando la copa de los árboles, los niños se familiarizaron con las aves que se encuentran en el territorio tucumano. También plantaron un lapacho amarillo al que bautizaron Pipo, como el árbol protagonista de la película. Unos 40 estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales se ofrecieron como voluntarios para acompañar a los niños en los recorridos de los jardines del Lillo.
La directora del Jardín Botánico de la Fundación Miguel Lillo,  María Elena Cristóbal, explicó a LA GACETA que la propuesta se realiza desde hace dos años junto con el Ministerio de Educación de la provincia y la Dirección de Nivel Inicial. La idea, dijo, es que los investigadores puedan transmitirles experiencias a los maestros del nivel Inicial, para que a su vez estos las apliquen en las salitas de jardín.
 "Yo estoy pintando un flamenco, ahí está parado", dijo Nicole, de la Escuela Campo de las Carreras, señalando un ejemplar original momificado que servía de modelo.  "Yo no lo conocía, pero sí nos contaron cuentos de flamencos", agregó  Lucas. En otro sector del parque, rodeado de especies autóctonas, niños de la Escuela Griet, estaban casi hipnotizados ante nidos de distintos pájaros. Una investigadora les enseñaba dónde ponían sus huevos los colibríes. "Tenemos libros, juguetes, computadoras y nos falta mucho más. Pero lo más importante es un niño y un maestro en la escuela. Y el maestro trabajando con los otros colegas", concluyó Patricia de Tauber, responsable del Nivel Inicial en el Ministerio de Educación.

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