Hollywood perfecciona el viejo arte de contar cuentos por etapas

Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción LA GACETA.

PRECURSORA. Rocky instaló la moda de las secuelas en Hollywood. ARCHIVO LA GACETA
PRECURSORA. "Rocky" instaló la moda de las secuelas en Hollywood. ARCHIVO LA GACETA
08 Noviembre 2009
El viejo cine Gran Splendid, de Santiago del Estero, tenía una particularidad; la puerta de acceso para el público estaba ubicada en una de las paredes laterales de la sala, pero en la parte delantera, debajo del extremo inferior izquierdo de la pantalla. Por eso, cuando la doble cortina del acceso no se cerraba perfectamente, había sectores de la platea a los que llegaba claramente la impiadosa luminosidad de la siesta santiagueña. Pero poco nos importaba ese detalle: en ese ámbito, en los años cincuenta, disfrutábamos cada siete días de la proyección de las "series", aquellas películas (generalmente de aventuras o "de cowboys") que se exhibían en episodios de entre 10 y 25 minutos y que alargaban la tensión del relato porque obligaban a esperar semana tras semana la llegada del nuevo capítulo para conocer el desarrollo o el desenlace de la historia.
Con este remoto antecedente, en las últimas décadas la industria del cine ha popularizado las secuelas, las trilogías, las sagas y ha descubierto las "precuelas". Siempre orientados al florecimiento del negocio de la exhibición, los productores o bien definen de antemano un tema que permitirá desarrollar varias historias independientes entre sí con más o menos el mismo grupo de personajes, o bien descubren en un sorpresivo éxito de público un tema, argumento o personaje que permite intentar la prolongación del suceso a través de una segunda, tercera o cuarta entrega. Pasó con "Rocky", aquella buena película que hubiera gozado hoy de mejor memoria de no haber sido por las cinco infaustas secuelas que la sucedieron a lo largo de los años. Su creador e intérprete, Sylvester Stallone, se  convirtió en vigoroso cultor de este fenómeno, endilgándonos nada menos que cuatro aventuras del indestructible John Rambo.
Afortunadamente, hay contraejemplos interesantes: en 1972, Francis Ford Coppola tuvo que convencer a los escépticos productores de que una historia sobre mafiosos italianos en Nueva York podía ser rentable. Así se hizo "El padrino", y el éxito impresionante del filme condujo fatalmente a la realización de la segunda parte. En este caso, la secuela perfeccionó las virtudes de la primera parte; pero el cierre de la serie, 25 años después, no estuvo a la altura de la excelente segunda entrega. Otros ejemplos de este fenómeno son las incontables "Martes 13", "Halloween", "Jason" y demás muestras del género, en los que la trama argumental ya no tiene la menor importancia.
La excelente "El silencio de los inocentes" (1991) produjo una secuela ("Hannibal") diez años más tarde; pero lo más novedoso en este caso fue la "precuela" "Dragón rojo" que alumbró en 2002 y que pretendió volver atrás en el tiempo para mostrar las primeras "hazañas" del Dr. Lecter. Y, en 2007, quedó claro que la fórmula estaba agotada con el estreno de la muy floja "El origen del mal", en la que llegamos ya a la infancia de Lecter.
"Piratas del Caribe" repitió la fórmula tres veces con éxito y buenos productos, al igual que "Bourne" o "X Men"; "Duro de matar" o "Arma mortal" alternaron aciertos y resbalones; los "comics" han generado decenas de títulos con sus superhéroes y archivillanos; lo cierto es que los ejemplos abundan a la hora de hablar de los títulos que se multiplican a partir de un éxito inicial. Por lo general, las series mantienen a los protagonistas y a gran parte del elenco, pero también se dan casos en los que los cambios son totales: en la primera "Hulk", Eric Bana y Jennifer Connely encarnaron a la pareja central, y fueron reemplazados por Edward Norton y Liv Tyler en la segunda entrega. Y en las casi cinco décadas en las que se sucedieron los estrenos de la serie de James Bond, nada menos que seis actores tuvieron la responsabilidad de meterse en la piel del legendario 007.
Distinta es la situación con "Harry Potter"; la saga del aprendiz de mago fue concebida como tal desde el principio, ya que el punto de partida era también una serie de novelas; claro que el éxito que se ha prolongado a lo largo de seis títulos ha convencido a los productores a desdoblar en dos largometrajes a la que parece que será la culminación de la historia; los filmes tienen estreno anunciado para 2010 y 2011.
"El señor de los anillos" fue concebida como trilogía, al punto que el director Peter Jackson no se preocupó por cerrar dramáticamente la primera ni la segunda parte, ya que su historia fue siempre una unidad dividida en tres episodios. Con algunos matices, es lo que pasa en "Las crónicas de Narnia" y lo que iba a pasar con "La brújula dorada", pero en este último caso las expectativas de los productores no se vieron satisfechas, y la serie quedó limitada (al menos por ahora) a un solo título.
El hecho de insistir sobre fórmulas de probado éxito revela, para muchos analistas de la industria cinematográfica, que el ingenio y la creatividad de los guionistas a veces hace agua; a esa teoría abona el hecho de que el cine norteamericano a menudo apela a las "remakes"; estas versiones hollywoodenses a partir de viejos sucesos o de filmes que han sido exitosos en sus paises de origen tienen la ventaja de contar con un buen antecedente en la taquilla, pero también enfrentan el riesgo de quedar en deuda con el original. La lista de ejemplos sería demasiado larga y forzosamente incompleta, pero lo cierto es que en los últimos años, la filmografía oriental y la de origen latino han alimentado -con suerte diversa- a las principales productoras de Hollywood.
Todos sabemos que los relatos de los que más disfrutan los pequeños son aquellos que ya conocen y que han escuchado infinidad de veces. Tal vez ese sea el mecanismo que aumenta las posibilidades de éxito de las series y de las sagas. Porque, en alguna medida, cuando vamos al cine, no somos otra cosa que niños que esperan que les cuenten un cuento.

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