A los "magníficos" no los paran ni el calor ni la edad

Un grupo de maratonistas nonagenarios convocó a 50 abuelos a correr en la Plaza. Haciendo caso omiso a una temperatura infernal, los amigos, que ya pasan los 90, corrieron una posta de 100 metros.

EJEMPLOS. Los maratonistas Juan Pablo Juárez y Lucas Santillán acompañan a Lorenzo Escobar, en su proeza. LA GACETA/JOSE NUNO
EJEMPLOS. Los maratonistas Juan Pablo Juárez y Lucas Santillán acompañan a Lorenzo Escobar, en su proeza. LA GACETA/JOSE NUNO
01 Noviembre 2009
Ni el calor ni el cansancio detiene a "Los Cuatro Magníficos". Con asombrosa agilidad y sonriendo a los transeúntes que pasaban por la plaza Independencia, cuatro maratonistas tucumanos de entre 90 y 95 años, concretaron una prueba inédita a nivel mundial: corrieron una posta de 100 metros que, a su edad, los catapulta al libro de los récords. Pero no sólo eso, su mayor mérito fue convocar a más de 50 adultos mayores que, siguiendo su ejemplo, corrieron o caminaron, según las posibilidades de cada uno, haciendo gala de su excelente estado físico, pero, sobre todo, de su buen humor.
Los Magníficos son Efraín Wachs, de 91 años, Lorenzo Escobar, de 95; Manuel Rajas, de 95  y José Agüero, 90 años. Abrigados en una lluvia de aplausos, largaron a las 9.30 y corrieron ida y vuelta desde la esquina de San Martín y 25 de Mayo hasta 24 de Septiembre y 25 de Mayo. Wachs, Ciudadano Distinguido, como lo nombró hace poco la Municipalidad de la ciudad, hizo la punta en la carrera, llevando en lo alto una bandera argentina.
"Caminar es salud y correr es vivir" este es el lema que nos anima. "Queremos que la gente aprenda que con la actividad física se vive mejor, hasta el último día", predica Wachs sin mostrar rastros de cansancio. Su sonrisa permanente es el mejor ejemplo de que la gimnasia no sólo mejora el cuerpo sino que levanta el ánimo y acrecienta y optimismo.
"Cuando me enteré de que mi amigo Lorenzo Escobar estaba tan deprimido por la muerte de su hija (él ya era viudo), me fui a buscarlo a Monteros, donde vive. Lo convencí de que viniera a correr conmigo y, por suerte, me hizo caso. En seis meses se convirtió en atleta y ganó tres medallas de oro en el torneo Nacional de Atletas Veteranos que se hizo en La Pampa", cuenta su amigo Efraín. Todo lo que hice es en memoria de mi hija, a la que le dediqué todas mis medallas", reconoce Escobar, con emoción.

Un sueño cumplido
Para Wachs la hazaña del 4 x 100 metros es todo un sueño cumplido. "Sólo cinco países en el mundo cuentan con postas de atletas mayores de 80 años, pero ninguno tiene una con mayores de 90. Esto fue un hecho excepcional", dice abriendo los ojos como un niño. La idea surgió entre las mutuales Mejort (que preside Jaime Salamon) y Kineret de la que Wachs es su titular. Y se llevó a cabo ayer, en homenaje al mutualismo.
Manuel Rajas, que supo ser primer violín y miembro fundador de la Orquesta Sinfónica de la UNT ya no quiere tocar el violín. "Cuando uno tiene la costumbre de buscar la perfección, no le conviene insistir. El cuerpo ya no es el mismo", reconoce el hombre de los ojos cristalinos. Con sus 95 años y del brazo de María Elena García, su compañera de 73 años, disfruta de la vida todo lo que puede. Aunque ya no se anima a salir de noche, a los conciertos ("por la inseguridad", aclara), escucha música, su gran pasión, y sale a caminar por la plaza Urquiza. Y no es que todo le salga bien. El año pasado estuvo internado con un ACV y durante 15 días dependió de un andador para poder caminar. Ayer estaba corriendo en la plaza, pese al calor, demostrando que para vivir bien y no acumular años simplemente hay que salir a ejercitar los músculos en vez de quedarse en casa a ver televisión.
Hilda del Valle Rubio, de 75 años, también está en la plaza con sus amigas. "Caminar me cambió la vida. Yo estaba muy mal cuando falleció mi marido, hasta que descubrí lo que es compartir una actividad física junto con otras personas", confiesa. Junto a Edelmira Vernica, de 74, María Estela Llanos, de 77 y Berta Romano, de 66 años,  corrieron como cuatro quinceañeras. Edelmira cuenta que cuando falleció su esposo, el anteaño pasado, Hilda, que ya había pasado por lo mismo, se fue a su casa y la sacó de un brazo a correr. Ahora Edelmira se lo agradece con todo el corazón, incluyendo los tres by pass que le colocaron hace dos años.

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