A los 84 años, lucha contra la discriminación a discapacitados

Rafael Kohanoff impulsa la fabricación en escuelas de sillas de rueda y otros dispositivos. El empresario y directivo del INTI dice que hay que actuar para movilizar al mercado y al Estado a favor de sectores excluidos.

EN EL SALON BLANCO. Antes de firmar el convenio, Rafael Kohanoff, junto a la legisladora Beatriz Avila. LA GACETA / FRANCO VERA
EN EL SALON BLANCO. Antes de firmar el convenio, Rafael Kohanoff, junto a la legisladora Beatriz Avila. LA GACETA / FRANCO VERA
21 Octubre 2009
Su mirada, casi transparente, refleja un profundo sentido social. Cuando habla de solidaridad, antepone los términos amor y pasión. A los 84 años, el ingeniero Rafael Kohanoff muestra una sorprendente capacidad emprendedora. Se emociona al hablar sobre los discapacitados, sector al que considera el más excluido y discriminado del país. "Hay mucha conversación sobre el tema, pero no hay acciones concretas; a la hora de la verdad la gente prefiere mirar otra vidriera", dispara el experto, a cargo del Centro de Tecnología para la Discapacidad del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).
Las palabras relacionadas con el mercado se cuelan durante la entrevista. Es que su larga vida estuvo muy vinculada a la industria. Kohanoff abrió una decena de empresas y se insertó en la economía tanto desde el ámbito público como privado. En los últimos tiempos, dice, descubrió algunas cuestiones que los números son incapaces de explicar. "Siempre se creyó que si a la industria le iba bien, la bonanza se volcaría a la gente. Luego descubrí que no era tan cierto. Evidentemente el sistema capitalista se basa en el mercado y este se concentra en lo que conviene a los negocios. Entonces, hay muchos sectores que quedan totalmente marginados", sostiene Kohanoff, que desde hace dos años integra la galería de "Mayores Notables", por resolución de la Cámara de Diputados de la Nación.
El funcionario del INTI afirma que la población discapacitada no es discriminada únicamente por la sociedad, sino también por el sector productivo. "A nadie le interesa producir para pobres y discapacitados", afirma, y en seguida aclara que sus expresiones no deben motivar enojos. "Es una realidad", sostiene. Las autoridades del INTI decidieron que era hora de que el organismo no sólo se dedicara a proveer tecnología y asesoramiento a las empresas, sino que también debía hacer un aporte social. Así desarrolló un programa para que los alumnos de las escuelas técnicas fabriquen dispositivos para discapacitados motrices cuyas necesidades básicas están insatisfechas.
"Cuando una madre me cuenta que su hijo pudo caminar, después de estar nueve años postrado, gracias a un dispositivo que fabricaron en una escuela técnica, se me parte el alma", relata.  
"¿Actualmente, funciona o no la responsabilidad social empresaria?", se le consultó. "Soy empresario, y debo confesar que el sistema capitalista empuja a competir, no a cooperar; a ganarle al otro como sea. Es un mundo muy perverso, que hace a la gente egoísta y particularista. Se ven muchas incoherencias: por un lado, se dice que no se pueden destruir los recursos naturales, pero por otro el mercado exige aumentar la producción", resalta.
Kohanoff opina que la responsabilidad social empresaria no debe quedar librada a la voluntad del empresario, sino que debería estar acompañada de políticas de Estado claras. "El Gobierno hace cosas, pero no mueve el amperímetro", dice empleando términos de la ingeniería para poner de relieve que no se notan mejoras sociales.
También le preocupan los adultos mayores. "Cuando alguien mira a un viejo, ve la muerte. En consecuencia, los mayores quedan aislados y excluidos de la sociedad", describe, y concluye que hace falta un desarrollo solidario profundo para ayudar a los abuelos.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios