18 Octubre 2009 Seguir en 
BUENOS AIRES (Por nuestra enviada especial, Silvina Cena).- El mar de cabezas se estremece cuando las luces se apagan en el escenario principal del Personal Fest. Algunos se han aglutinado desde hace horas frente a ese rectángulo imponente; muchos han llegado hasta allí desde otras presentaciones, ebrios de música. Una envidiada minoría da la nota al perderse entre el gentío con sombreros muy largos, con forma de conos. Entre todos, suman 18.000. Alguien suelta un globo azul al aire y ese círculo hinchado de gas es suficiente para entretener a los fans durante los minutos que faltan. Ansiosa, la multitud clava la vista en los cuadrados tridimensionales que se alzan en el escenario, que luego servirán de pantalla, y entonces comienza el show.
La puesta en escena de los Pet Shop Boys, el viernes a la noche, fue el imperio de la geometría. La doble muralla de cubos montada detrás de Neil Tennant y Chris Lowe peleó con el dúo para llevarse el protagonismo del espectáculo con el que se cerró la primera noche del festival de música. Combinados de distintas formas, los cuadrados -que recibían todo tipo de proyecciones, desde coreografías pre grabadas hasta alusiones a tradicionales videoclips- montaron una escenografía diferente para cada canción y marcaron una esfera perfecta en la boca de sus seguidores, que saltaban asombrados.
El tsunami de líneas rectas sólo fue aplacado por la onda sonora que emergía de la garganta de Tennant. El vocalista inauguró el show cantando "Heart" -durante todo el tema usó un cubo en su cabeza, que le tapaba el rostro y a través del cual cantaba-, ataviado en un conjunto negro, el color que tiñó sus vestimentas durante los cinco cambios de ropa que realizó (fue muy aplaudido cuando salió de smoking, pero más aún cuando se paseó con capa y corona, para cantar "Viva la vida").
Comunicación
Los Pet Shop Boys se comunicaron con el público esencialmente mediante canciones. Lowe se movió de su cabina sólo para ejecutar una breve coreografía y Tennant esgrimió cada tanto un "muchas gracias" viciado por el acento británico. La gente se lo agradeció: había ido ahí para delirar con los viejos éxitos y aprobar las canciones de "Yes", el último disco. Perdieron la inhibición con "Love Etc", el cuarto tema, pero más se enloquecieron con el siguiente, "Building a wall", hasta estallar en éxtasis con "Always on my mind" y "New York City boy". Para cuando los acordes de "Jealousy" envolvieron la noche, el público se entregó a los efectos del pop. Cuando llegó "It?s a sin", muchos miraron al cielo y bendijeron al destino que los paró frente a ese escenario.
Esa fue justamente la canción con la que la dupla amagó con retirarse. "Somos los Pet Shop Boys", dijeron, como si el hormiguero frente a ellos necesitara ratificarlo, y se esfumaron entre los cubos 3D. No fue tan difícil convencerlos de que vuelvan. Al rato, Tennant dulcificó el aire con "Being boring" y definió su hipnosis con, esta vez sí, la última interpretación: "West end girls".
Si el dúo dijo chau, el estallido de millones de papelitos plateados que cayeron encima de la multitud impidió escucharlos. Arriba del escenario sólo quedaron los mentados cubos y la sensación del deseo satisfecho. En el banquete de las figuras geométricas, Pet Shop Boys confirmó que está sentado en uno de los escalones más altos de la pirámide del pop.
La puesta en escena de los Pet Shop Boys, el viernes a la noche, fue el imperio de la geometría. La doble muralla de cubos montada detrás de Neil Tennant y Chris Lowe peleó con el dúo para llevarse el protagonismo del espectáculo con el que se cerró la primera noche del festival de música. Combinados de distintas formas, los cuadrados -que recibían todo tipo de proyecciones, desde coreografías pre grabadas hasta alusiones a tradicionales videoclips- montaron una escenografía diferente para cada canción y marcaron una esfera perfecta en la boca de sus seguidores, que saltaban asombrados.
El tsunami de líneas rectas sólo fue aplacado por la onda sonora que emergía de la garganta de Tennant. El vocalista inauguró el show cantando "Heart" -durante todo el tema usó un cubo en su cabeza, que le tapaba el rostro y a través del cual cantaba-, ataviado en un conjunto negro, el color que tiñó sus vestimentas durante los cinco cambios de ropa que realizó (fue muy aplaudido cuando salió de smoking, pero más aún cuando se paseó con capa y corona, para cantar "Viva la vida").
Comunicación
Los Pet Shop Boys se comunicaron con el público esencialmente mediante canciones. Lowe se movió de su cabina sólo para ejecutar una breve coreografía y Tennant esgrimió cada tanto un "muchas gracias" viciado por el acento británico. La gente se lo agradeció: había ido ahí para delirar con los viejos éxitos y aprobar las canciones de "Yes", el último disco. Perdieron la inhibición con "Love Etc", el cuarto tema, pero más se enloquecieron con el siguiente, "Building a wall", hasta estallar en éxtasis con "Always on my mind" y "New York City boy". Para cuando los acordes de "Jealousy" envolvieron la noche, el público se entregó a los efectos del pop. Cuando llegó "It?s a sin", muchos miraron al cielo y bendijeron al destino que los paró frente a ese escenario.
Esa fue justamente la canción con la que la dupla amagó con retirarse. "Somos los Pet Shop Boys", dijeron, como si el hormiguero frente a ellos necesitara ratificarlo, y se esfumaron entre los cubos 3D. No fue tan difícil convencerlos de que vuelvan. Al rato, Tennant dulcificó el aire con "Being boring" y definió su hipnosis con, esta vez sí, la última interpretación: "West end girls".
Si el dúo dijo chau, el estallido de millones de papelitos plateados que cayeron encima de la multitud impidió escucharlos. Arriba del escenario sólo quedaron los mentados cubos y la sensación del deseo satisfecho. En el banquete de las figuras geométricas, Pet Shop Boys confirmó que está sentado en uno de los escalones más altos de la pirámide del pop.







