La integridad de un espíritu indomable
"El piano mudo". El pianista argentino Miguel Angel Estrella es detenido ilegalmente y torturado por militares uruguayos en la década de 1970, pero una fuerte presión de personalidades de la cultura de todo el mundo resulta decisiva para que el artista recupere su libertad. Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción LA GACETA.
17 Octubre 2009 Seguir en 
El director Zuhair Jury decidió armar este filme alrededor de una interesante estructura narrativa en la que los saltos en el tiempo son una constante; el hilo del relato está sustentado principalmente sobre la tensión dramática que se genera a partir de la detención del protagonista y de las torturas que sufre en una cárcel de Uruguay. Pero Jury renuncia expresamente a trazar linealmente la historia, y la va entregando a medida que sumerge al público en la pesadilla del artista sometido a un tormento inimaginable. Y se anima a introducir un momento de gran belleza (cuando el protagonista logra tocar en el teclado que tiene en su celda) que constituye sin dudas uno de los más logrados del filme. La intensidad de la anécdota que se narra y el hecho de que se trata de un suceso real de nuestra historia reciente potencian los aspectos dramáticos de la trama, y disimulan algunos recursos excesivamente discursivos a los que apela el realizador, sobre todo en los primeros minutos de la película.
Los aspectos técnicos están bien resueltos, y el hecho de que la mayor parte de las locaciones se hayan elegido en nuestra provincia le agrega, para el público local, un interés extra a la producción. Del mismo modo, el trabajo de los actores tucumanos (con mención especial a la impecable tarea de Daniela Villalba) demuestra una vez más que la industria del cine nacional tiene en la provincia un ámbito más que propicio.
Miguel Angel Estrella aparece al final, para brindar su testimonio y darle un remate biográfico al filme; Sebastián Blanco Leis es el actor encargado de personificar al pianista en su juventud, y aprovecha inteligentemente las posibilidades expresivas que le brinda el personaje dramáticamente mejor desarrollado del filme; hay otros que están pintados con demasiada obviedad, y que por ese mismo motivo resultan menos creíbles; ese esquematismo condiciona a los actores y los lleva, en algunos casos, a composiciones un tanto envaradas. Y en ciertos momentos, los diálogos resultan excesivamente directos, en desmedro de recursos cinematográficos más genuinos. Con todo, la película apunta a rescatar la fortaleza de un espíritu alentado por una fe inquebrantable y decidido a no ceder en sus convicciones. Y logra sobradamente ese objetivo.
Los aspectos técnicos están bien resueltos, y el hecho de que la mayor parte de las locaciones se hayan elegido en nuestra provincia le agrega, para el público local, un interés extra a la producción. Del mismo modo, el trabajo de los actores tucumanos (con mención especial a la impecable tarea de Daniela Villalba) demuestra una vez más que la industria del cine nacional tiene en la provincia un ámbito más que propicio.
Miguel Angel Estrella aparece al final, para brindar su testimonio y darle un remate biográfico al filme; Sebastián Blanco Leis es el actor encargado de personificar al pianista en su juventud, y aprovecha inteligentemente las posibilidades expresivas que le brinda el personaje dramáticamente mejor desarrollado del filme; hay otros que están pintados con demasiada obviedad, y que por ese mismo motivo resultan menos creíbles; ese esquematismo condiciona a los actores y los lleva, en algunos casos, a composiciones un tanto envaradas. Y en ciertos momentos, los diálogos resultan excesivamente directos, en desmedro de recursos cinematográficos más genuinos. Con todo, la película apunta a rescatar la fortaleza de un espíritu alentado por una fe inquebrantable y decidido a no ceder en sus convicciones. Y logra sobradamente ese objetivo.







