Masiva despedida del policía asesinado en La Aguadita

Cientos de uniformados asistieron al sepelio. El joven había intentado ayudar a un chofer al que dos ladrones asaltaban.

CONSTERNADOS. Al sepelio de Campisi asistieron cientos de sus compañeros de la Patrulla Motorizada. LA GACETA/OSVALDO RIPOLL
CONSTERNADOS. Al sepelio de Campisi asistieron cientos de sus compañeros de la Patrulla Motorizada. LA GACETA/OSVALDO RIPOLL
10 Septiembre 2009
El joven policía que ayer fue ejecutado de un tiro en la espalda durante un asalto a un colectivo fue sepultado hoy en medio de escenas de dolor y conmoción en el Timbó Viejo, en una despedida a la que concurrieron centenares de uniformados, entre ellos los de más alto rango. Por otro lado, trascendió que aún no declararon los dos únicos detenidos que hay por el caso.

Alejandro Ramón Gustavo Campisi tenía 24 años y se desempeñaba como agente de la Patrulla Motorizada de Tafí Viejo. Ayer, al terminar su trabajo, tomó un ómnibus de la empresa Coronel Suárez para trasladarse desde esa ciudad a la vivienda de su familia, en el Timbó. Viajaba, en realidad, hacia la muerte.

Al llegar a la rotonda de ingreso al barrio Soeme subieron dos jóvenes, de entre 18 y 20 años. Pagaron sus respectivos boletos y se sentaron casi en los asientos de a dos. "Unos kilómetros más adelante uno de ellos se paró y caminó hasta el fondo. Se sentó detrás del policía", recordó una testigo, que pidió que no se publicara su nombre.

Un minuto después, el que había quedado en el asiento doble se paró y caminó hasta el colectivero Rubén Antonio Carabajal. Cuando estuvo al lado, sacó un revólver, hizo dos tiros al techo y después se lo puso en la cabeza. "No te hagás el loco y dobla por aquí", le dijo al chofer, mostrándole un camino de tierra que conduce a La Aguadita.

Fue en ese momento que Campisi se paró de su asiento, sacó su arma reglamentaria y, a pesar de que llevaba el uniforme, gritó lo que le habían enseñado durante la instrucción: "¡Alto, policía!". El ladrón que se había ubicado detrás suyo no perdió tiempo y, aparentemente con el mango de un cuchillo, le dio un brutal golpe en la cabeza.

Campisi cayó sobre el piso y soltó la pistola. Sangrando, intentó pararse, trastabilló y se tomó de uno de los asientos para incorporarse. El delincuente no le dio tregua: tomó la pistola del policía y le descerrajó un disparo en la espalda a quemarropa.

A 200 metros hacia el este de la ruta 305 le ordenaron a Carabajal que se detuviera. Los ladrones corrieron hacia el sur, por el medio de una finca. El chofer, aún mal herido, hizo marcha atrás hasta la ruta y condujo hasta el Hospital Centro de Salud para que atendieran al agente. Sin embargo, Campisi murió antes de llegar.

La testigo que habló con LA GACETA subió a otro colectivo para ir a su casa y, en el camino, vio a un joven parecido a uno de los homicidas. Rápidamente le avisó a la Policía. Los agentes comprobaron que el muchacho, que vive a unos dos kilómetros de donde se perpetró el ataque, acababa de bañarse. Más tarde arrestaron a otro sospechoso cuya ropa estaba manchada aparentemente con sangre. Ambos quedaron a disposición del fiscal IV de Instrucción, Carlos Sale. LA GACETA ©

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