Ejecutan de un tiro por la espalda a un policía en un camino de La Aguadita
Dos ladrones asaltaron un colectivo y golpearon al chofer, por lo que un agente de 24 años decidió intervenir. El muchacho regresaba a su casa luego de haber estado trabajando. Murió antes de llegar al hospital. Detienen a dos sospechosos.
10 Septiembre 2009 Seguir en 
"Alto policía". Fue lo último que Alejandro Ramón Gustavo Campisi dijo. El muchacho de 24 años, que trabajaba en la Patrulla Motorizada de Tafí Viejo intentaba evitar un asalto, pero uno de los delincuentes lo ejecutó por la espalda.
Campisi había ingresado en la Policía el cuatro de junio del año pasado. Hizo instrucción en la Patrulla Motorizada de la capital y luego pasó a la de Tafí Viejo. Le convenía, estaba un poco más cerca de la casa en la que vivía con sus padres en el Timbó Viejo. Ayer terminó de trabajar poco después de las 15. Rápidamente fue a tomar el colectivo BFB, de la empresa Coronel Suárez. Quería llegar lo antes posible a su casa. Una mujer, hasta el momento la única testigo directa, recordó que Campisi se sentó en el último de los asientos de uno. Tenía puesto el uniforme y llevaba la pistola reglamentaria en su funda, agarrada del cinto.
"Eramos unas 12 mujeres. Hombres iban sólo el chofer y este chico", indicó la testigo que, por razones de seguridad, imploró que no se pusiera su nombre. El ómnibus tomó por la ruta 305, hacia el norte.
En un mismo asiento
Al llegar a la rotonda de ingreso al barrio Soeme subieron dos jóvenes, de entre 18 y 20 años. Uno de tez oscura, con gorra color claro, y otro de tez blanca. Pagaron sus respectivos boletos y se sentaron casi en el medio, en los asientos de a dos. "Yo no le di mucha importancia. Unos kilómetros más adelante uno de ellos se paró y caminó hasta el fondo. Se sentó detrás del policía, en la última fila de asientos", recordó la mujer. Un minuto después el que había quedado en el asiento doble se paró y caminó resueltamente hasta el colectivero Rubén Antonio Carabajal. Cuando estuvo al lado, sacó un revólver que llevaba en el bolsillo, hizo dos tiros al techo y después se lo puso en la cabeza. "Ahí todas empezamos a gritar. Jamás me había pasado una cosa así. Yo estaba muerta de miedo", dijo la testigo. "No te hagás el loco y dobla por aquí", le dijo el ladrón al chofer, mostrándole un camino de tierra que conduce a La Aguadita. Fue en ese momento que Campisi se paró de su asiento, sacó su arma reglamentaria y, a pesar de que llevaba el uniforme, gritó lo que le habían enseñado durante la instrucción: "Alto, policía". Tal vez por los nervios, el muchacho se había olvidado de que había alguien detrás suyo. El ladrón no perdió tiempo. Se paró detrás del policía y aparentemente con el mango de un cuchillo le dio un brutal golpe en la cabeza. "Yo no podía mirar. Me había tapado la cabeza", dijo la pasajera. Campisi cayó sobre el piso del colectivo y soltó la pistola. Sangrando, intentó pararse, trastabilló y se tomó de uno de los asientos para incorporarse. El delincuente, que parecía ser el menor de los dos, no le dio tiempo: tomó la pistola del policía y le descerrajó un disparo en la espalda a quemarropa. "Los tipos estaban muy locos. El policía se desangraba y ellos tranquilamente nos exigían que les entreguemos la cartera", agregó la informante.
Lesionado
A 200 metros hacia el este de la ruta 305 le ordenaron a Carabajal que se detuviera. Antes de que descendieran uno de ellos le pegó un tremendo culatazo en la cabeza al chofer, que le provocó una seria herida.
Los ladrones luego corriendo hacia el sur, por el medio de una finca. Todas las pasajeras, consternadas, bajaron del colectivo. Carabajal, aún mal herido, hizo marcha atrás hasta la ruta y condujo hasta el Hospital Centro de Salud para que atendieran al agente. Campisi murió antes de llegar. Toda la espalda del uniforme azul había quedado empapada de sangre.
Cuando desde el hospital comunicaron lo que había sucedido, decenas de policías, al mando de los jefes de la fuerza, Hugo Sánchez y Nicolás Barrera, y de los comisarios Hugo Cabezas y Miguel Gómez, de Homicidios, Luis Ibáñez, de la Regional Norte, Luis Mansilla, Andrés Ocaranza y Miguel Sosa, de Patrulla Motorizada, Miguel Luna y Francisco Picón, de la Brigada Norte y Abel Monteros de la comisaría de El Colmenar salieron a buscar a los asesinos.
Ellos descubrieron que a 100 metros de donde le habían disparado a Campisi los ladrones habían dejado tiradas dos carteras, un manojo de llaves y algo de ropa, todo perteneciente alas víctimas. Se habían quedado únicamente con lo que les importaba, el dinero.
La testigo que habló con LA GACETA subió a otro colectivo para ir a su casa y, en el camino, vio a un joven parecido a uno de los homicidas. Rápidamente le avisó a la Policía. Los agentes comprobaron que el muchacho, que vive a unos dos kilómetros de donde se perpetró el ataque, acaba de bañarse. Más tarde arrestaron a otro sospechoso, que llevaba puesta una remera mangas largas. La ropa estaba manchada aparentemente con sangre. Ambos quedaron a disposición del fiscal IV de Instrucción, Carlos Sale.
Los policías, además, buscaban anoche a las otras pasajeras, para que pudieran dar más datos, pero algunas de ellas se negaron a colaborar.
El jefe de Policía se mostró consternado. "Hay una falta total de respeto por la vida. Mataron a un policía, pero podría haber sido cualquiera. Nosotros estamos expuestos, pero nadie puede creer que estos delincuentes actuaran con tanta sangre fría", se quejó Sánchez.
Campisi había ingresado en la Policía el cuatro de junio del año pasado. Hizo instrucción en la Patrulla Motorizada de la capital y luego pasó a la de Tafí Viejo. Le convenía, estaba un poco más cerca de la casa en la que vivía con sus padres en el Timbó Viejo. Ayer terminó de trabajar poco después de las 15. Rápidamente fue a tomar el colectivo BFB, de la empresa Coronel Suárez. Quería llegar lo antes posible a su casa. Una mujer, hasta el momento la única testigo directa, recordó que Campisi se sentó en el último de los asientos de uno. Tenía puesto el uniforme y llevaba la pistola reglamentaria en su funda, agarrada del cinto.
"Eramos unas 12 mujeres. Hombres iban sólo el chofer y este chico", indicó la testigo que, por razones de seguridad, imploró que no se pusiera su nombre. El ómnibus tomó por la ruta 305, hacia el norte.
En un mismo asiento
Al llegar a la rotonda de ingreso al barrio Soeme subieron dos jóvenes, de entre 18 y 20 años. Uno de tez oscura, con gorra color claro, y otro de tez blanca. Pagaron sus respectivos boletos y se sentaron casi en el medio, en los asientos de a dos. "Yo no le di mucha importancia. Unos kilómetros más adelante uno de ellos se paró y caminó hasta el fondo. Se sentó detrás del policía, en la última fila de asientos", recordó la mujer. Un minuto después el que había quedado en el asiento doble se paró y caminó resueltamente hasta el colectivero Rubén Antonio Carabajal. Cuando estuvo al lado, sacó un revólver que llevaba en el bolsillo, hizo dos tiros al techo y después se lo puso en la cabeza. "Ahí todas empezamos a gritar. Jamás me había pasado una cosa así. Yo estaba muerta de miedo", dijo la testigo. "No te hagás el loco y dobla por aquí", le dijo el ladrón al chofer, mostrándole un camino de tierra que conduce a La Aguadita. Fue en ese momento que Campisi se paró de su asiento, sacó su arma reglamentaria y, a pesar de que llevaba el uniforme, gritó lo que le habían enseñado durante la instrucción: "Alto, policía". Tal vez por los nervios, el muchacho se había olvidado de que había alguien detrás suyo. El ladrón no perdió tiempo. Se paró detrás del policía y aparentemente con el mango de un cuchillo le dio un brutal golpe en la cabeza. "Yo no podía mirar. Me había tapado la cabeza", dijo la pasajera. Campisi cayó sobre el piso del colectivo y soltó la pistola. Sangrando, intentó pararse, trastabilló y se tomó de uno de los asientos para incorporarse. El delincuente, que parecía ser el menor de los dos, no le dio tiempo: tomó la pistola del policía y le descerrajó un disparo en la espalda a quemarropa. "Los tipos estaban muy locos. El policía se desangraba y ellos tranquilamente nos exigían que les entreguemos la cartera", agregó la informante.
Lesionado
A 200 metros hacia el este de la ruta 305 le ordenaron a Carabajal que se detuviera. Antes de que descendieran uno de ellos le pegó un tremendo culatazo en la cabeza al chofer, que le provocó una seria herida.
Los ladrones luego corriendo hacia el sur, por el medio de una finca. Todas las pasajeras, consternadas, bajaron del colectivo. Carabajal, aún mal herido, hizo marcha atrás hasta la ruta y condujo hasta el Hospital Centro de Salud para que atendieran al agente. Campisi murió antes de llegar. Toda la espalda del uniforme azul había quedado empapada de sangre.
Cuando desde el hospital comunicaron lo que había sucedido, decenas de policías, al mando de los jefes de la fuerza, Hugo Sánchez y Nicolás Barrera, y de los comisarios Hugo Cabezas y Miguel Gómez, de Homicidios, Luis Ibáñez, de la Regional Norte, Luis Mansilla, Andrés Ocaranza y Miguel Sosa, de Patrulla Motorizada, Miguel Luna y Francisco Picón, de la Brigada Norte y Abel Monteros de la comisaría de El Colmenar salieron a buscar a los asesinos.
Ellos descubrieron que a 100 metros de donde le habían disparado a Campisi los ladrones habían dejado tiradas dos carteras, un manojo de llaves y algo de ropa, todo perteneciente alas víctimas. Se habían quedado únicamente con lo que les importaba, el dinero.
La testigo que habló con LA GACETA subió a otro colectivo para ir a su casa y, en el camino, vio a un joven parecido a uno de los homicidas. Rápidamente le avisó a la Policía. Los agentes comprobaron que el muchacho, que vive a unos dos kilómetros de donde se perpetró el ataque, acaba de bañarse. Más tarde arrestaron a otro sospechoso, que llevaba puesta una remera mangas largas. La ropa estaba manchada aparentemente con sangre. Ambos quedaron a disposición del fiscal IV de Instrucción, Carlos Sale.
Los policías, además, buscaban anoche a las otras pasajeras, para que pudieran dar más datos, pero algunas de ellas se negaron a colaborar.
El jefe de Policía se mostró consternado. "Hay una falta total de respeto por la vida. Mataron a un policía, pero podría haber sido cualquiera. Nosotros estamos expuestos, pero nadie puede creer que estos delincuentes actuaran con tanta sangre fría", se quejó Sánchez.








