28 Agosto 2009 Seguir en 
Se sabe desde hace ya tiempo que el agua es hoy más que nunca un don preciado y mucho más lo será en el futuro. En 2002, en la ciudad sudafricana de Johannesburgo, en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, se hizo un llamado urgente para hacer frente al problema de la falta de agua en el mundo. De acuerdo con el informe las Naciones Unidas, una de cada cinco personas en el mundo no tenía en ese entonces acceso agua potable mientras que alrededor de 2.400 millones carecen de condiciones adecuadas de salubridad. El Banco Mundial señaló, en esa oportunidad, que en el año 2025, 48 países que tendrían en su conjunto una población de 1.400 millones, experimentarían graves problemas por la escasez de agua, mucho más que los 29 países con una población de 436 millones de personas, calculados en 1995.
En el informe de la ONU de marzo de 2006, se señalaba que la calidad del agua estaba disminuyendo en muchas regiones del mundo. Las cifras mostraban que se estaba deteriorando rápidamente la diversidad de los ecosistemas y las especies vegetales y animales de agua dulce, con frecuencia a un ritmo más acelerado que en el caso de los ecosistemas terrestres y marinos. El informe destacaba que, para funcionar como es debido, el ciclo hidrológico del que depende nuestra vida necesita un medio ambiente saludable. Se indicaba que en muchos lugares del mundo se despilfarraba un porcentaje colosal de agua -entre 30 % y 40 %, según algunas estimaciones-, debido a escapes de tuberías, pérdidas en canalizaciones y empalmes ilegales.
La falta de agua ha hecho crisis en Tafí Viejo, cuyos pobladores tienen el servicio apenas unas cinco horas por día. Esta situación lleva ya varias semanas. La situación, por cierto, no es nueva. Todos los años, la ciudad ferroviaria padece este inconveniente que ahora ha encontrado su máxima expresión. El contrasentido es que mientras no hay agua corriente hay pérdidas en varios sectores de la ciudad, como consecuencia de un sistema de cañerías obsoleto. Uno de los técnicos de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) explicó el problema se debe a que no llueve y a que las napas subterráneas están casi secas, por lo tanto los más de 30 pozos que tiene la ciudad se encuentran en las mismas condiciones. Se indicó la obra de la SAT consistirá en un programa de secado de calles, que incluye la colocación de válvulas. Estas permitirán regular el paso del agua en aquellas zonas donde la presión hace explotar las cañerías. El lunes, directivos del organismo dijeron que en tres semanas se solucionarán los problemas porque culminarán los trabajos de instalación de válvulas, lo que aumentaría en un 50 % el rendimiento del servicio. Se dijo también que la inversión en obras superaría los $ 9 millones.
En varios sectores de San Miguel de Tucumán, la situación no es diferente. En el origen del problema, se puede mencionar la falta de inversión en obras de infraestructura, la alta morosidad de los usuarios, la construcción constante de barrios y edificios sin que haya contemplado antes la ampliación de la red o se haya estudiado si estos nuevos conglomerados no sufrirán en el futuro inmediato la falta de presión del agua o su escasez.
Creemos, por un lado, que es importante desarrollar en el ciudadano una conciencia ambiental: si son pocos los que pagan el servicio, este tendrá dificultades para sostenerse. Por otro, el Estado tiene que darles prioridad a las obras de envergadura que tienen que ver con servicios básicos para una comunidad. Sin agua no se puede vivir. Tucumán es una de las provincias que mayor cantidad de ríos tiene, sin embargo, a una buena parte de ellos se los contamina diariamente. ¿Hace falta perder lo que se posee para entonces valorarlo?
En el informe de la ONU de marzo de 2006, se señalaba que la calidad del agua estaba disminuyendo en muchas regiones del mundo. Las cifras mostraban que se estaba deteriorando rápidamente la diversidad de los ecosistemas y las especies vegetales y animales de agua dulce, con frecuencia a un ritmo más acelerado que en el caso de los ecosistemas terrestres y marinos. El informe destacaba que, para funcionar como es debido, el ciclo hidrológico del que depende nuestra vida necesita un medio ambiente saludable. Se indicaba que en muchos lugares del mundo se despilfarraba un porcentaje colosal de agua -entre 30 % y 40 %, según algunas estimaciones-, debido a escapes de tuberías, pérdidas en canalizaciones y empalmes ilegales.
La falta de agua ha hecho crisis en Tafí Viejo, cuyos pobladores tienen el servicio apenas unas cinco horas por día. Esta situación lleva ya varias semanas. La situación, por cierto, no es nueva. Todos los años, la ciudad ferroviaria padece este inconveniente que ahora ha encontrado su máxima expresión. El contrasentido es que mientras no hay agua corriente hay pérdidas en varios sectores de la ciudad, como consecuencia de un sistema de cañerías obsoleto. Uno de los técnicos de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) explicó el problema se debe a que no llueve y a que las napas subterráneas están casi secas, por lo tanto los más de 30 pozos que tiene la ciudad se encuentran en las mismas condiciones. Se indicó la obra de la SAT consistirá en un programa de secado de calles, que incluye la colocación de válvulas. Estas permitirán regular el paso del agua en aquellas zonas donde la presión hace explotar las cañerías. El lunes, directivos del organismo dijeron que en tres semanas se solucionarán los problemas porque culminarán los trabajos de instalación de válvulas, lo que aumentaría en un 50 % el rendimiento del servicio. Se dijo también que la inversión en obras superaría los $ 9 millones.
En varios sectores de San Miguel de Tucumán, la situación no es diferente. En el origen del problema, se puede mencionar la falta de inversión en obras de infraestructura, la alta morosidad de los usuarios, la construcción constante de barrios y edificios sin que haya contemplado antes la ampliación de la red o se haya estudiado si estos nuevos conglomerados no sufrirán en el futuro inmediato la falta de presión del agua o su escasez.
Creemos, por un lado, que es importante desarrollar en el ciudadano una conciencia ambiental: si son pocos los que pagan el servicio, este tendrá dificultades para sostenerse. Por otro, el Estado tiene que darles prioridad a las obras de envergadura que tienen que ver con servicios básicos para una comunidad. Sin agua no se puede vivir. Tucumán es una de las provincias que mayor cantidad de ríos tiene, sin embargo, a una buena parte de ellos se los contamina diariamente. ¿Hace falta perder lo que se posee para entonces valorarlo?







