El peligro de los menores al volante

27 Agosto 2009
La irresponsabilidad es con frecuencia la madre de muchas tragedias automovilísticas que podrían tal vez evitarse. El domingo, en la localidad bonaerense de 25 de Mayo, ubicada a 230 kilómetros de la Capital Federal, un adolescente de 17 años sacó sin permiso el auto de su madre para correr una picada, chocó contra un vehículo y provocó la muerte de dos niños. Como consecuencia de la violenta colisión, sufrieron heridas el propio adolescente, un menor que lo acompañaba, y tres ocupantes del otro rodado.
Una de las lesionadas es una mujer que estaba encinta que, como consecuencia de lo sucedido, perdió a su bebé. Otra niña que iba en el auto sufrió gravísimas lesiones y debió ser trasladada en helicóptero, en estado desesperante, al hospital Garrahan. Según la Policía, el auto piloteado por el menor circulaba a 140 kilómetros por hora.
El hecho conmocionó a una buena parte de los habitantes de 25 de Mayo que se constituyeron en la plaza principal para reclamar justicia. Los manifestantes pidieron un mayor control del tránsito y exigieron la urgente construcción de reductores de velocidad para evitar las picadas. Tras el accidente, la Policía acudió al lugar y le realizó al muchacho los peritajes de rigor, entre ellos el de dosaje alcohólico. "El accidente está claro, fue por exceso de velocidad; el joven corría e iba a más de 100 km/h; se nota por la frenada de más de 15 metros que quedó marcada en el asfalto", dijo el comisario. El policía informó que el joven no tiene antecedentes ni conflictos anteriores con la ley y es buen alumno. Está acusado de doble homicidio culposo y lesiones graves. Por orden de un fiscal, el adolescente, que presentó carnet de manejo, fue restituido a sus padres.
Estos episodios mortales dejan siempre secuelas dolorosas, en particular, en aquellos que han perdido a sus seres queridos. En Tucumán hubo casos similares, como el ocurrido el 21 de diciembre de 2006, cuando una abogada, de 57 años, y su hijo, de 25, murieron. Luego de superar con su vehículo la platabanda de la avenida Perón, fueron colisionados por el auto que conducía un joven de 18 años. Como consecuencia del impacto, la mujer falleció en el acto, y su hijo, tres días después. La pericia efectuada por Criminalística determinó que el auto del joven circulaba entre 70 y 80 km/h, mientras que el informe de un perito civil precisó que el vehículo marchaba a más de 140 km/h.
El 3 de febrero pasado, una pediatra, de 39 años, salió de su casa de Yerba Buena, rumbo a su trabajo, el Hospital de Niños. Al llegar a avenida Aconquija, su auto fue chocado en el lateral izquierdo por un vehículo en el que iban dos menores de 17 años. La profesional falleció casi en el acto. Los adolescentes fueron llevados al Centro de Salud, donde se negaron -haciendo uso de su derecho- a realizarse el dosaje alcohólico. Del interior del auto, aseguran fuentes policiales, se secuestró una botella de fernet. Jamás logró establecerse si el conductor, que está imputado de homicidio culposo, se hallaba ebrio. Entre las medidas tutelares que ordenó el juez de Menores contra el joven, figuran que no podrá conducir hasta los 21 años; deberá quedar al cuidado de su padre, en un country de Yerba Buena y cumplir tareas comunitarias en un hogar para discapacitados. En ambos casos, el dolor de los familiares de las víctimas mortales no ha tenido aún reparación por parte de la Justicia.
Se ha dicho muchas veces que si hubiese mayores limitaciones para obtener el carnet de manejo, si este se le otorgara a personas mayores de 21 tras pasar por exámenes rigurosos, si se enseñara desde la escuela primaria hasta la universidad instrucción cívica, si hubiera mayor comunicación en las familias y se reflexionara sobre la responsabilidad ciudadana, estas tragedias tal vez podrían evitarse. Es hora de hacer algo al respecto.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios