Las dos caras de la moneda vial

Los operativos de control de uso del casco en los motociclistas debutaron con perspectivas de éxito. Pero no disminuyen los accidentes. Por Roberto Delgado -Prosecretario de Redacción.

25 Agosto 2009

El operativo de control de uso de cascos debutó con saldo a favor. Pocos conductores sorprendidos y asustados, muchos conformes con que se cumpla la disposición que salva vidas y funcionarios de buen humor: "esto sirve", dijeron. Pero al mismo tiempo, otra realidad muestra el abismo que aún falta: cinco motociclistas, un peatón, un ciclista y un automovilista fallecieron en los últimos dos días en la capital y en las rutas 38 y 9, en distintos accidentes, mientras los responsables de Tránsito y de la Policía Vial estaban enfrascados en el programa pro casco.
Las dos caras de esta moneda que es el caos vial plantean en principio una conclusión inquietante: es muy posible que se reduzca notablemente el número de muertes en accidentes de motocicletas, y hasta el número de lesionados graves, pero hasta ahora nada garantiza que se vaya a disminuir la elevada cantidad de siniestros, precisamente porque estos operativos muy bien intencionados apuntan sólo a la superficie de un problema complejo y profundo.
Ya hace meses los mismos funcionarios de Tránsito municipal, de Transporte provincial, y los médicos que a diario deben enfrentar los dramas de los accidentados apuntaron bien al factor cultural. Mientras persista la falta de respeto a la ley y la convicción de que las normas están para que las cumplan los otros, poco puede hacerse -sostienen los funcionarios-. A este factor cultural también se refieren instituciones, como el Instituto de Seguridad Vial, que estudian las razones del siniestro vial latinoamericano desde una perspectiva más amplia e integradora. En su análisis el ISEV coincide con los funcionarios tucumanos en cuanto a la incultura de los usuarios. Estos encuentran justificación económica para no cumplir normas que protegen sus propias vidas.
Pero poco se habla de que la cuestión cultural también comprende a los funcionarios. Parece ilusorio pretender cambiar la sociedad si no se modifica la conducta del que tiene que aplicar las normas; o pretender orden vial si hay discoordinación en las tareas de los responsables de los controles (apenas se complementan en el caso del control de casco; y esto lo hacen porque es una orden directa del gobernador, José Alperovich).
Esa falta se ve en otros temas que no se suele vincular notoriamente con los accidentes, pero que tienen que ver. Una breve lista:
* La burocracia infernal para otorgar carnet de manejo en la Capital (contra la facilidad alarmante con que se entregan en otras circunscripciones).
* Las normas inquietantes que permiten que circulen los carros cañeros por las rutas (que ya causaron 10 muertes desde mayo).
* Las autorizaciones para que circulen autos rurales y colectivos limoneros desvencijados por las rutas y carros tirados por caballos por la ciudad (con la misma justificación que tienen los que usan motos: problemas económicos).
* La eterna autorización para que circulen taxis y ómnibus por fuera de las normas, tanto en la capital como en el interior.
Hay otras cosas. El ISEV, que advierte cómo aumentó la siniestralidad con las motos, comenta que en la cuestión del tránsito hay causas llamativas, como la deficiente o total carencia en muchas ciudades de políticas y sistemas de transporte público, frente a la necesidad creciente de una mayor movilidad de los integrantes de la sociedad (escuelas, comercios, centros de salud, esparcimiento).
En dos días comienza en Buenos Aires  el Primer Congreso Nacional de Educación Vial. El ministro de Educación, Alberto Sileoni, dijo que hay que poner énfasis en la escuela. Con ello transmite la sensación de que estuviéramos a foja cero y les quita responsabilidad a los funcionarios encargados de diseñar políticas integrales de seguridad vial. Que en eso están fallando.
Acaso, como decía Sarmiento, haya que educar al soberano y sacar ejemplos prácticos de estos operativos pro casco, y aplicarlos a todos los puntos conflictivos del caos vial. Si funciona en la parte, puede funcionar en el todo.

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