24 Agosto 2009 Seguir en 
A menudo se suele afirmar que la desorientación de una buena parte de la juventud actual se debe a la falta de referentes donde los jóvenes puedan reflejarse y aprender. Lo cierto es que los tiempos han cambiado. Los maestros, aquellas figuras que se destacaron por su obra, su pensamiento, su sabiduría y que marcaron el rumbo de varias generaciones de argentinos, fueron desplazados por los ídolos que impone la sociedad de consumo y que corren paralelos con la moda.
Esta tendencia que las últimas décadas se ve reflejada en la caída del respeto y de la autoridad que imponía el maestro de escuela. Su palabra era incuestionable, tanto para los alumnos como para los padres. Antes cuando los hijos regresaban a la casa con aplazos eran reprendidos, mientras que en la actualidad, son muy comunes los casos en que van a pedirles explicaciones a ellos sobre el deficitario rendimiento de sus vástagos, llegando incluso a agredirlos. Los principios éticos de la sociedad van desapareciendo o se han modificado peligrosamente. Esta mutación se debe, por cierto, a diversas causas culturales, sociales, económicas. Algunas corrientes de la pedagogía y de la psicología de los últimos lustros han cuestionado los rasgos considerados autoritarios de la educación del pasado y han abogado por una mayor comprensión en el abordaje de los fracasos escolares de los niños, adolescentes y jóvenes. Esta realidad, en la cual los padres parecieran que deben rogarles a sus hijos para que estudien o realicen determinadas actividades, también ha sido generada por la ausencia de los progenitores en el hogar, como consecuencia de que ambos deben trabajar para poder redondear en la mayoría de los casos un salario digno.
En este complejo panorama al que asistimos cotidianamente, nuestros maestros tucumanos van desapareciendo. En sólo tres semanas, partieron al silencio la profesora de Filosofía, María Eugenia Valentié (29/7), la poetisa María Elvira Juárez (14/8) y el periodista y escritor Julio Ardiles Gray (19/8). Baste decir que "Génie" Valentié fue una formadora de varias generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Se especializó en Metafísica y en Filosofía de las Religiones, y en el estudio de los mitos. "El Familiar es un mito nuestro, cuyo contexto es el catolicismo popular y la Revolución Industrial... La televisión crea mitos que duran poco, que son efímeros. Pero no los llamaría mitos. Un mito es una figura que permanece en los tiempos bajo distintos paradigmas", solía decir. Sus valiosos ensayos sobreviven dispersos en alguna hemeroteca.
María Elvira Juárez fue una de las poetisas más destacadas que dio Tucumán. La Sociedad Argentina de Escritores de Buenos Aires le otorgó en 1948 el Premio Nacional de Poesía. Su nombre ha sido incluido en XIII Edición del Diccionario de Biografías Internacional, Cambridge. En 1985 recibió la Faja de Honor de la SADE de Buenos Aires y en 1994 obtuvo el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía. Su obra es casi desconocida para sus comprovincianos.
Julio Ardiles Gray fue un hacedor. Participó en el acto fundacional del instituto Tucumán, primera cooperativa de enseñanza del país. Diseñó el Consejo Provincial de Difusión Cultural, de donde surgió el Setiembre Musical Tucumano. Fue el organizador de la Escuela de Teatro de la UNT. Su producción literaria que abarcó todos los géneros ha quedado desperdigada en el tiempo.
Sería más que positivo si la Universidad o la Provincia -o ambas en conjunto- editaran, por lo menos, una antología con la producción de cada uno de estos maestros y que se enseñaran en las escuelas y colegios, lo cual sería más importante aún. El mejor homenaje que podemos rendirles, es mantenerlos vivos a través de su obra.
Esta tendencia que las últimas décadas se ve reflejada en la caída del respeto y de la autoridad que imponía el maestro de escuela. Su palabra era incuestionable, tanto para los alumnos como para los padres. Antes cuando los hijos regresaban a la casa con aplazos eran reprendidos, mientras que en la actualidad, son muy comunes los casos en que van a pedirles explicaciones a ellos sobre el deficitario rendimiento de sus vástagos, llegando incluso a agredirlos. Los principios éticos de la sociedad van desapareciendo o se han modificado peligrosamente. Esta mutación se debe, por cierto, a diversas causas culturales, sociales, económicas. Algunas corrientes de la pedagogía y de la psicología de los últimos lustros han cuestionado los rasgos considerados autoritarios de la educación del pasado y han abogado por una mayor comprensión en el abordaje de los fracasos escolares de los niños, adolescentes y jóvenes. Esta realidad, en la cual los padres parecieran que deben rogarles a sus hijos para que estudien o realicen determinadas actividades, también ha sido generada por la ausencia de los progenitores en el hogar, como consecuencia de que ambos deben trabajar para poder redondear en la mayoría de los casos un salario digno.
En este complejo panorama al que asistimos cotidianamente, nuestros maestros tucumanos van desapareciendo. En sólo tres semanas, partieron al silencio la profesora de Filosofía, María Eugenia Valentié (29/7), la poetisa María Elvira Juárez (14/8) y el periodista y escritor Julio Ardiles Gray (19/8). Baste decir que "Génie" Valentié fue una formadora de varias generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Se especializó en Metafísica y en Filosofía de las Religiones, y en el estudio de los mitos. "El Familiar es un mito nuestro, cuyo contexto es el catolicismo popular y la Revolución Industrial... La televisión crea mitos que duran poco, que son efímeros. Pero no los llamaría mitos. Un mito es una figura que permanece en los tiempos bajo distintos paradigmas", solía decir. Sus valiosos ensayos sobreviven dispersos en alguna hemeroteca.
María Elvira Juárez fue una de las poetisas más destacadas que dio Tucumán. La Sociedad Argentina de Escritores de Buenos Aires le otorgó en 1948 el Premio Nacional de Poesía. Su nombre ha sido incluido en XIII Edición del Diccionario de Biografías Internacional, Cambridge. En 1985 recibió la Faja de Honor de la SADE de Buenos Aires y en 1994 obtuvo el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía. Su obra es casi desconocida para sus comprovincianos.
Julio Ardiles Gray fue un hacedor. Participó en el acto fundacional del instituto Tucumán, primera cooperativa de enseñanza del país. Diseñó el Consejo Provincial de Difusión Cultural, de donde surgió el Setiembre Musical Tucumano. Fue el organizador de la Escuela de Teatro de la UNT. Su producción literaria que abarcó todos los géneros ha quedado desperdigada en el tiempo.
Sería más que positivo si la Universidad o la Provincia -o ambas en conjunto- editaran, por lo menos, una antología con la producción de cada uno de estos maestros y que se enseñaran en las escuelas y colegios, lo cual sería más importante aún. El mejor homenaje que podemos rendirles, es mantenerlos vivos a través de su obra.







