23 Agosto 2009 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El 22 de mayo de 1979 se jugó en el ya demolido estadio Wankford, en Berna (Suiza), un partido de fútbol por la Copa 75 Aniversario de la FIFA. Se trataba de la muy promocionada revancha de la Selección Campeona del Mundo frente a Holanda, su vencida en la final del Mundial 78, y esta se pudo ver en la Argentina por ATC, Canal 7. Gratis.
Cuando las cámaras de la televisión suiza se desplazaban a la izquierda de la pantalla, señora, sobre una de las cabeceras, quienes seguían las imágenes desde la Argentina podían observar cómo un efecto referido a lo derechos y humanos que eran los argentinos de entonces intentaba tapar lo que ocurría en las tribunas, donde trece cartelones con las letras de Videla asesino y un retrato del presidente de la Junta Militar subían y bajaban de modo alternativo, hasta que unos 50 rudos policías intentaron retirarlas y se llevaron la paliza de su vida con alguna que otra cadena revoleada al viento, sangre hirviente y la decisión de pancarta o muerte, dicen testigos, por parte de centenares de refugiados latinoamericanos.
Luego se sabría que los representantes de la embajada argentina, presentes en el estadio, habían dado un ultimátum a los organizadores: o se aniquilan las pancartas u obligan al equipo argentino a retirarse de la cancha, ha contado públicamente Sergio Ferrari, uno de los participantes de aquella jornada. El aburrido partido terminó 0 a 0 y la selección de la AFA ganó finalmente 8 a 7 en los penales, pero todo esto fue una anécdota después de las peripecias que debió afrontar la televisión argentina de entonces para tapar las imágenes. O secuestrarlas, como ha definido la Presidenta de la Nación estas cosas del fútbol por televisión.
En aquel nefasto partido, Julio Grondona hacía su debut internacional como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, ya que había sido ungido presidente un mes y medio antes, el 6 de abril. En aquellos tiempos, y durante toda la década del 80, el dirigente opinaba que la transmisión de fútbol en directo restaba espectadores a las canchas y sostenía que la tecnología de la televisión era un modo de incitar a la violencia, ya que alteraba los ánimos contra los jueces.
Pero como todo pasa, el mismo Grondona habló el otro día del periplo que, con su anuencia y firma, llevaron las transmisiones televisivas del canal oficial primero a los canales privados y más tarde al cable, con la limitación de la exclusividad de los goles hasta la medianoche del domingo y ahora nuevamente a la televisión pública, hoy adalid del fútbol para todos. Suerte que no dijo Proceso.
La historia viene a cuento para enmarcar uno de los hechos salientes de la semana que pasó, porque lo paradójico de toda la situación es que Grondona, quien llegó a la AFA con la venia de los militares, ahora se ha vuelto el ídolo de quienes hicieron de la defensa de los derechos humanos una bandera. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos, parece ser la frase predilecta del Gobierno, si se trata de barrer debajo de la alfombra estas cosas del pasado. En situaciones similares, a otros funcionarios les ha costado el puesto, aún en casos en que algún familiar directo hubiera sido tan colaboracionista como Grondona con aquella feroz dictadura.
Por todo esto y por el respeto a la memoria es que sonó doblemente desubicada la referencia que hizo Cristina Fernández de Kirchner acerca de los 30.000 desaparecidos (un modo de avalar a Hebe de Bonafini frente a Graciela Fernández Meijide), al comparar con tan poco tino, que hasta ella misma titubeó por la desmesura, el concepto secuestro con la imposibilidad de ver los goles por TV, hasta después de la emisión de Fútbol de Primera.
¿Qué significa para los clubes de fútbol este nuevo orden anunciado por el jefe de la AFA de modo tan severo y grandilocuente? Nada más ni nada menos, que la posibilidad de blanquear situaciones y de poder chupar de la teta del Estado los recursos que les van a permitir cubrir a los dirigentes los innumerables pufos que han dejado en cada Institución. Como para no aplaudir: quién iba a decir que no. Esta bien claro que la inopinada contorsión de Grondona será un borrón y cuenta nueva para los clubes, ya que la AFA ha sumado a sus huestes a un socio que ha sabido ser al menos blando a la hora de cuidar los recursos públicos e históricamente permeable cuando recibe aprietes que lo dejan mal parado en cuestiones populares. Por lo tanto, no habría que descartar, dentro de cierto tiempo, un o me das tanto o te paro el fútbol, de parte de los dirigentes de ese momento, emplazando a éste u a otro gobierno.
En este sentido, y por sentirse en el rol de macho dominante, ha sido la AFA la que logró rescatar para ella el monopolio de la televisación del producto fútbol y, por lo que se ha visto, hay muy pocas intenciones de que las cosas cambien. En primer lugar, no se permitió que ingresen cámaras de canales privados a los partidos, con lo cual programas que vivían del clima, con vistas que no tomaban las que seguían el juego, han sido postergados. Tampoco está claro que pasará con la cobertura periodística de los vestuarios, ya que el nuevo monopolio prohibió hacer notas en Gimnasia-Godoy Cruz y las permitió en Independiente-Newell's. Ni mucho menos se sabe qué pasará con alguna regulación que podría aparecer sobre la emisión de los goles, ya que los canales de noticias los están pasando casi al instante de producirse. En medio de este clima de gran hipocresía, donde la mayoría sabía que es imposible transmitir fútbol gratis para todos o bien porque será pagado por los contribuyentes o bien porque el negocio del cable está muy extendido o porque la televisión por aire no llega a todos lados y además sabían qué otras cosas se estaban jugando en materia de intereses, se desarrolló el jueves pasado el acto en Ezeiza. En el mismo, Himno Nacional de por medio para dotar a la reunión de características de gesta, se aplaudió a rabiar y de pie, como ocurrió en el Congreso cuando se vitoreó el ominoso default de la deuda, la ruptura de un contrato entre dos privados, proceso que se sospecha pudo haber sido alentado por el Estado para comenzar a disciplinar al Grupo Clarín, dueño de parte de TSC. Ese objetivo mayor, en todo caso, pudo haberle azucarado a Cristina el sapo que debió tragar con el periplo grondoniano.
Hacia el final de sus discurso, la propia Presidenta llamó indirectamente a la acción a otros sectores de la sociedad tal vez con mayor responsabilidad institucional y popular que ustedes (sic), a los que conminó a tener valor para enfrentar determinadas cosas, en lo que puede interpretarse como un avance del envío al Congreso de cambios centrales a la Ley de Radiodifusión. Cristina y su marido están seguros que son los medios los que no transmiten a conciencia los logros del Gobierno.
En este aspecto y para justificar su necesario aggiornamiento, pero que a la vez permita mayor contralor del Estado sobre los contenidos, es permanente la referencia oficial a que esta ley es de tiempos de la dictadura y que por eso es necesario cambiarla, aunque se ignoran los ajustes que se le hicieron en la década del 90. Y en la misma línea expresada con la figura de Grondona, de tolerar a regañadientes aquello que sirve, se olvida adrede que el Código Aduanero que permite la aplicación de las retenciones y a estas como instrumento facilista de recaudación, también es del tiempo de la dictadura y que han sido prorrogadas como potestad del Ejecutivo, por un año más, esta misma semana.
En este caso, como en el del fútbol, el Gobierno ha logrado meter un par de goles a favor durante la semana, lo que le ha dado aire a Néstor Kirchner en las sombras, para seguir encolumnando a la tropa, bajo la mayor presión del Estado sobre los particulares, proceso que aún puede ser más profundo si se trata esta semana la Ley de Arrendamientos Rurales y si avanza en el Senado una trasnochada Ley de Alquileres. Es verdad que el Gobierno ha recibido también algunos goles en contra (cifras de mayor desocupación y pobreza, recrudecimiento de la inseguridad, pésima situación financiera de las provincias, sobre todo en Buenos Aires y en Santa Cruz), pero en todo caso ha sido por desajustes defensivos, antes que por mérito de los opositores.
Es que la oposición se muestra desarticulada ante cada situación que tiene que encarar, pero no sólo por las pullas personales que se verifican a diario y que suman titulares vacíos de contenidos para una acción institucional concertada (Duhalde-Reutemann, Carrió-Cobos, Reutemann-Latorre, Carrió-Stolbizer o Felipe Solá contra el resto del mundo), sino porque por ahora no ha encontrado equipos que se atrevan a desarrollar un proceso que los encolumne detrás de algunas cuestiones centrales de discusión.
En voz baja, desde la Unión Cívica Radical (UCR) se admite que el apichonamiento tiene que ver con la falta de cierta grandeza de los dirigentes, pero emparientan la morosidad de modo principal con la lógica de los números en el Congreso, ya que creen que el oficialismo sabrá cómo mantener las lealtades sin dispersión hasta el 10 de diciembre, cuando cambiará la composición de ambas Cámaras. Hasta ahora, el kirchnerismo lo viene manejando sin tropiezos mayores y promete avanzar en todo lo que se proponga, ya que la oposición parece desmembrada.
Sin embargo, a fines de la semana que pasó queda para rescatar, como algo de avanzada, lo que se han atrevido a instrumentar en Córdoba, donde los justicialistas miembros del gobierno provincial y la oposición en su conjunto firmaron un documento con las cámaras empresarias de la provincia para llevar al Congreso nacional una agenda institucional, económica, política y social que los represente, comenzando por la recuperación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Respecto de este último punto, la oposición le dará una buena mano al ministro de Economía y Finanzas, Amado Boudou, quien ha puesto en marcha la hoja de ruta que le ha sugerido el economista Mario Blejer, que lleva a un acercamiento institucional con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque el propio funcionario nacional hace malabares cuando tiene que decir que eso no significa injerencia del organismo en cuestiones e política económica.
Esta misma semana llegará a Buenos Aires el chileno Nicolás Eyzaguirre, funcionario del FMI actualmente a cargo de la región y habitualmente crítico con la Argentina, y tendrá reuniones con funcionarios y con el sector privado. Entre todos buscarán el modo de maquillar el monitoreo del FMI, sin que se note. O mejor dicho, sin que Néstor Kirchner lo note.
Cuando las cámaras de la televisión suiza se desplazaban a la izquierda de la pantalla, señora, sobre una de las cabeceras, quienes seguían las imágenes desde la Argentina podían observar cómo un efecto referido a lo derechos y humanos que eran los argentinos de entonces intentaba tapar lo que ocurría en las tribunas, donde trece cartelones con las letras de Videla asesino y un retrato del presidente de la Junta Militar subían y bajaban de modo alternativo, hasta que unos 50 rudos policías intentaron retirarlas y se llevaron la paliza de su vida con alguna que otra cadena revoleada al viento, sangre hirviente y la decisión de pancarta o muerte, dicen testigos, por parte de centenares de refugiados latinoamericanos.
Luego se sabría que los representantes de la embajada argentina, presentes en el estadio, habían dado un ultimátum a los organizadores: o se aniquilan las pancartas u obligan al equipo argentino a retirarse de la cancha, ha contado públicamente Sergio Ferrari, uno de los participantes de aquella jornada. El aburrido partido terminó 0 a 0 y la selección de la AFA ganó finalmente 8 a 7 en los penales, pero todo esto fue una anécdota después de las peripecias que debió afrontar la televisión argentina de entonces para tapar las imágenes. O secuestrarlas, como ha definido la Presidenta de la Nación estas cosas del fútbol por televisión.
En aquel nefasto partido, Julio Grondona hacía su debut internacional como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, ya que había sido ungido presidente un mes y medio antes, el 6 de abril. En aquellos tiempos, y durante toda la década del 80, el dirigente opinaba que la transmisión de fútbol en directo restaba espectadores a las canchas y sostenía que la tecnología de la televisión era un modo de incitar a la violencia, ya que alteraba los ánimos contra los jueces.
Pero como todo pasa, el mismo Grondona habló el otro día del periplo que, con su anuencia y firma, llevaron las transmisiones televisivas del canal oficial primero a los canales privados y más tarde al cable, con la limitación de la exclusividad de los goles hasta la medianoche del domingo y ahora nuevamente a la televisión pública, hoy adalid del fútbol para todos. Suerte que no dijo Proceso.
La historia viene a cuento para enmarcar uno de los hechos salientes de la semana que pasó, porque lo paradójico de toda la situación es que Grondona, quien llegó a la AFA con la venia de los militares, ahora se ha vuelto el ídolo de quienes hicieron de la defensa de los derechos humanos una bandera. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos, parece ser la frase predilecta del Gobierno, si se trata de barrer debajo de la alfombra estas cosas del pasado. En situaciones similares, a otros funcionarios les ha costado el puesto, aún en casos en que algún familiar directo hubiera sido tan colaboracionista como Grondona con aquella feroz dictadura.
Por todo esto y por el respeto a la memoria es que sonó doblemente desubicada la referencia que hizo Cristina Fernández de Kirchner acerca de los 30.000 desaparecidos (un modo de avalar a Hebe de Bonafini frente a Graciela Fernández Meijide), al comparar con tan poco tino, que hasta ella misma titubeó por la desmesura, el concepto secuestro con la imposibilidad de ver los goles por TV, hasta después de la emisión de Fútbol de Primera.
¿Qué significa para los clubes de fútbol este nuevo orden anunciado por el jefe de la AFA de modo tan severo y grandilocuente? Nada más ni nada menos, que la posibilidad de blanquear situaciones y de poder chupar de la teta del Estado los recursos que les van a permitir cubrir a los dirigentes los innumerables pufos que han dejado en cada Institución. Como para no aplaudir: quién iba a decir que no. Esta bien claro que la inopinada contorsión de Grondona será un borrón y cuenta nueva para los clubes, ya que la AFA ha sumado a sus huestes a un socio que ha sabido ser al menos blando a la hora de cuidar los recursos públicos e históricamente permeable cuando recibe aprietes que lo dejan mal parado en cuestiones populares. Por lo tanto, no habría que descartar, dentro de cierto tiempo, un o me das tanto o te paro el fútbol, de parte de los dirigentes de ese momento, emplazando a éste u a otro gobierno.
En este sentido, y por sentirse en el rol de macho dominante, ha sido la AFA la que logró rescatar para ella el monopolio de la televisación del producto fútbol y, por lo que se ha visto, hay muy pocas intenciones de que las cosas cambien. En primer lugar, no se permitió que ingresen cámaras de canales privados a los partidos, con lo cual programas que vivían del clima, con vistas que no tomaban las que seguían el juego, han sido postergados. Tampoco está claro que pasará con la cobertura periodística de los vestuarios, ya que el nuevo monopolio prohibió hacer notas en Gimnasia-Godoy Cruz y las permitió en Independiente-Newell's. Ni mucho menos se sabe qué pasará con alguna regulación que podría aparecer sobre la emisión de los goles, ya que los canales de noticias los están pasando casi al instante de producirse. En medio de este clima de gran hipocresía, donde la mayoría sabía que es imposible transmitir fútbol gratis para todos o bien porque será pagado por los contribuyentes o bien porque el negocio del cable está muy extendido o porque la televisión por aire no llega a todos lados y además sabían qué otras cosas se estaban jugando en materia de intereses, se desarrolló el jueves pasado el acto en Ezeiza. En el mismo, Himno Nacional de por medio para dotar a la reunión de características de gesta, se aplaudió a rabiar y de pie, como ocurrió en el Congreso cuando se vitoreó el ominoso default de la deuda, la ruptura de un contrato entre dos privados, proceso que se sospecha pudo haber sido alentado por el Estado para comenzar a disciplinar al Grupo Clarín, dueño de parte de TSC. Ese objetivo mayor, en todo caso, pudo haberle azucarado a Cristina el sapo que debió tragar con el periplo grondoniano.
Hacia el final de sus discurso, la propia Presidenta llamó indirectamente a la acción a otros sectores de la sociedad tal vez con mayor responsabilidad institucional y popular que ustedes (sic), a los que conminó a tener valor para enfrentar determinadas cosas, en lo que puede interpretarse como un avance del envío al Congreso de cambios centrales a la Ley de Radiodifusión. Cristina y su marido están seguros que son los medios los que no transmiten a conciencia los logros del Gobierno.
En este aspecto y para justificar su necesario aggiornamiento, pero que a la vez permita mayor contralor del Estado sobre los contenidos, es permanente la referencia oficial a que esta ley es de tiempos de la dictadura y que por eso es necesario cambiarla, aunque se ignoran los ajustes que se le hicieron en la década del 90. Y en la misma línea expresada con la figura de Grondona, de tolerar a regañadientes aquello que sirve, se olvida adrede que el Código Aduanero que permite la aplicación de las retenciones y a estas como instrumento facilista de recaudación, también es del tiempo de la dictadura y que han sido prorrogadas como potestad del Ejecutivo, por un año más, esta misma semana.
En este caso, como en el del fútbol, el Gobierno ha logrado meter un par de goles a favor durante la semana, lo que le ha dado aire a Néstor Kirchner en las sombras, para seguir encolumnando a la tropa, bajo la mayor presión del Estado sobre los particulares, proceso que aún puede ser más profundo si se trata esta semana la Ley de Arrendamientos Rurales y si avanza en el Senado una trasnochada Ley de Alquileres. Es verdad que el Gobierno ha recibido también algunos goles en contra (cifras de mayor desocupación y pobreza, recrudecimiento de la inseguridad, pésima situación financiera de las provincias, sobre todo en Buenos Aires y en Santa Cruz), pero en todo caso ha sido por desajustes defensivos, antes que por mérito de los opositores.
Es que la oposición se muestra desarticulada ante cada situación que tiene que encarar, pero no sólo por las pullas personales que se verifican a diario y que suman titulares vacíos de contenidos para una acción institucional concertada (Duhalde-Reutemann, Carrió-Cobos, Reutemann-Latorre, Carrió-Stolbizer o Felipe Solá contra el resto del mundo), sino porque por ahora no ha encontrado equipos que se atrevan a desarrollar un proceso que los encolumne detrás de algunas cuestiones centrales de discusión.
En voz baja, desde la Unión Cívica Radical (UCR) se admite que el apichonamiento tiene que ver con la falta de cierta grandeza de los dirigentes, pero emparientan la morosidad de modo principal con la lógica de los números en el Congreso, ya que creen que el oficialismo sabrá cómo mantener las lealtades sin dispersión hasta el 10 de diciembre, cuando cambiará la composición de ambas Cámaras. Hasta ahora, el kirchnerismo lo viene manejando sin tropiezos mayores y promete avanzar en todo lo que se proponga, ya que la oposición parece desmembrada.
Sin embargo, a fines de la semana que pasó queda para rescatar, como algo de avanzada, lo que se han atrevido a instrumentar en Córdoba, donde los justicialistas miembros del gobierno provincial y la oposición en su conjunto firmaron un documento con las cámaras empresarias de la provincia para llevar al Congreso nacional una agenda institucional, económica, política y social que los represente, comenzando por la recuperación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Respecto de este último punto, la oposición le dará una buena mano al ministro de Economía y Finanzas, Amado Boudou, quien ha puesto en marcha la hoja de ruta que le ha sugerido el economista Mario Blejer, que lleva a un acercamiento institucional con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque el propio funcionario nacional hace malabares cuando tiene que decir que eso no significa injerencia del organismo en cuestiones e política económica.
Esta misma semana llegará a Buenos Aires el chileno Nicolás Eyzaguirre, funcionario del FMI actualmente a cargo de la región y habitualmente crítico con la Argentina, y tendrá reuniones con funcionarios y con el sector privado. Entre todos buscarán el modo de maquillar el monitoreo del FMI, sin que se note. O mejor dicho, sin que Néstor Kirchner lo note.







